Buena Onda

¿Fanatismo u obsesión?


Doren Roa

Muchos optan por vestirse igual a su ídolo, usan el mismo vocabulario, gestos, costumbres y demás. Se aprenden de memoria sus canciones, parlamentos de las películas filmadas en caso de ser actores o actrices; se la pasan horas pegados a la computadora descargando lo más último de su quehacer artístico, hasta que las neuronas se desconectan y quedás en blanco. Guardan entre sus tesoros todos los discos, DVD’s, posters, gafetes, fotos de revistas, entre otras cosas. ¿Esto es fanatismo u obsesión? ¿Qué opinás?
Nos dirigimos hacia la oficina de una especialista en psicología para que nos sacara al burro en cuanto a esto. Dinorah Medrano se tomó un poco de su valioso tiempo para explicarnos la diferencia entre ambos términos. “Un fanático es la persona que sigue una idea, un pensamiento, a una persona. Se puede ser fanático de muchas cosas: estilo de vida, forma de vestir, pensar… es diferente a la obsesión”, explicó.
Conocimos a un fan de Héroes del Silencio. Él se llama Adalid Antonio Flores, economista. Este chavalo se “palma” por dicha banda española. “Los escuché en una radio por primera vez en 1995. La primera canción que escuché fue ‘Entre dos tierras’ y desde entonces quedé enganchado a su música, lo que hizo que me convirtiera en fan de los Héroes”, confesó el amigo. “Ser fanático de algo no es malo, lo malo es obsesionarte”, aseguró la doctora.
Pero al otro lado del espacio estaba Jordan Castillo, de 19 años, a quien le llegamos a interrumpir una sesión emotiva con una rola de la cantante afroamericana Beyoncé. Nos acercamos a él, se sacó los audífonos que van conectados a su celular y le preguntamos: ¿hasta qué punto te gusta la música de esa morena? “Por ella me muero, soy capaz de cualquier cosa por un beso de esa mujer… Mirá cómo ando mi celular”, nos dijo mostrando su portátil; y sí, pudimos confirmar que anda su memoria cargada con su música y sus fotos. Definitivamente está obsesionado, ¿verdad? Encima que la camiseta que portaba traía una foto de... adivinen quién.

Cuando el fan se transforma
“Cuando sos fanático te permitís escuchar otras ideas pero no necesariamente vas a cambiar”, señala Medrano. “En cambio”, añadió, “una persona obsesionada cierra todas las ventanas y no le podés decir algo porque la única verdad es la que él (ella) tiene”, afirma.
Castillo nos confesó que está obsesionado por Beyoncé, y además que le cae remal el marido, Jay-Z. “Ese %&%&$ me cae mal, lo odio. No sé por qué esa mujer con esa increíble voz, talento y hermosura, se fue a fijar en un tipo así”, resintió enojado y hasta colorado de arrecho. Hay bróderes que me dicen que me paso de la raya hablando así de Beyoncé, pero a mí me vale lo que ellos digan… cada loco con su tema y a mí me gusta y se acabó”, remató furioso.
A esto, Adalid refiere su posición y lo mucho que disfruta de la posibilidad de escuchar otras ideas. “Fue su música de hechizo que me transportaba a dimensiones recónditas de mi subconsciente. Cada nota musical propiciaba una conexión con mis más escondidos sentimientos. Era la primera que vez que una banda ‘decía algo’ en sus letras”, manifestó adornadamente al describir su pasión por Héroes del Silencio.
Aunque no es el caso de Adalid, pero sí el de Jordan, “muchos jóvenes están propicios a meterse en un mundo de obsesiones por las propias características de la adolescencia”, subraya la psicóloga. “Ellos están en ese proceso de búsqueda de identidad, acciones, patrones, personajes a quien seguir por la carencia que tiene en su entorno; y es más fácil buscar los parámetros desde afuera”, asegura.
Los jóvenes se obsesionan con prácticas como el tatuaje, aretes, piercing, “y aunque vos les digás que no es correcto, no hay manera que podás modificar esa forma de pensar y de ver”, menciona.
En el caso de los fans, estos igualmente siguen patrones aunque no todos son negativos. Adalid, por ejemplo, aprendió a tocar la guitarra en 1999 para aprenderse la rola que más le gustó: “La herida”. “Una canción muy significativa para mí”, recordó y compartió con BUENA ONDA.
Y como todo buen fan, tiene un póster de la banda en su cuarto, “y por supuesto tengo la colección completa de discos de los Héroes y luego de Búnbury (vocalista de la banda) como solista”, asegura entusiasmado y sacando pecho.
En el caso de los obsesionados, Jordan es un ejemplo y él mismo lo afirma. “Estoy obsesionado con esa mujer, su música es lo máximo… ¡No hay nada mejor!”, aseguró. “Todos los días sueño con ella y hasta a veces creo que la veo en algún lugar”, comentó alucinado.
La psicóloga señaló --preocupada-- que los muchachos que más se obsesionan son quienes no tienen padres presentes afectivamente. “Los pueden tener presentes físicamente, pero no son un referente, un modelo a quien seguir en su entorno, que sea importante o tenga un valor para él”, manifestó.
Lo que influye
Muchos chavalos son influenciados por lo que hace, viste, dice o piensa su ídolo más admirado, aunque en ocasiones esta influencia no es tan mala como se cree. Adalid dice ser escritor de poesía. “Creo que mis primeros pasos en la literatura estuvieron fuertemente marcados por la lírica de HDS. En lo personal, sus canciones marcaron etapas significativas de mi vida, como el primer amor y desamor”, asegura.
En el caso de Jordan, él dice que ha sido conquistado --por no decir influenciado-- por los rasgos físicos y artísticos de Beyoncé, pues cuando se fija en una mujer o escucha a otra cantando, “no me gusta para nada”, asegura, “si no se parece a mi morena con la voz de ángel”.
Entra en escena la psicóloga Medrano afirmando que los muchachos que son influenciados de alguna manera, “corren el peligro de perder su propia identidad, no sabés quién sos, ni adónde vas ni qué querés por un lado y por otro. Si la persona que siguen tiene conductas inadecuadas, él va a asumirlas con las consecuencias que trae para sí mismo: si se drogan, si fuman o toman alcohol, entre otras cosas. Lo más peligroso es que su vida corre peligro en el peor de los casos”, manifestó, “porque generalmente pueden asumir prácticas que son autodestructivas y se ponen en riesgo”.
“Todas las obsesiones son negativas”, aseguró la doctora Medrano al terminar la entrevista, quien sin duda nos sacó al burro respecto a la gran diferencia que los términos que abordamos traen consigo.
Modelo:
William López Solórzano, de la Agencia Imperio’s Managment, del señor Maxwell West.
Teléfono:
894 5591.
Locación:
Radio Universidad.
Fuente:
Dinorah Medrano, psicóloga.
Foto:
Alejandro Sánchez/END