Buena Onda

“Lápices, libros, cuadernos y... el cel”

Quienes dejamos las aulas del colegio hace más de una década no nos atrevíamos siquiera a soñar con llevar entre nuestros artículos escolares un teléfono celular, hoy no sólo cuenta entre los principales útiles de los chicos, sino que cada año lo cambian por el de última generación, pero ¿para qué llevar un celular a clases?

Edith Pineda

Moda, lujo, diversión, capricho o necesidad, ¿por qué niños y jóvenes son tan dependientes del celular? ¿Por qué los padres ceden a esa demanda?
Quienes dejamos las aulas del colegio hace más de una década no nos atrevíamos siquiera a soñar con llevar entre nuestros artículos escolares un teléfono celular. Su elevado valor y la visión de nuestros padres sobre su uso, lo convertían en un objeto totalmente inalcanzable e incluso innecesario para que un chavalo de 12 años lo cargara en su mochila.
Pero desde que los celulares dejaron de ser fabricados únicamente para comunicarnos, y les añadieron otras funciones, ingresaron a las listas de los objetos de deseo de niños y jóvenes.

Estudiantes, un enorme mercado
Las mismas compañías de telefonía móvil han descubierto en ese grupo un potencial mercado, al punto que en nuestro país ya ofertan “planes” a los cuales pueden aplicar jovencitos desde los 16 años de edad.
Obviamente los planes tienen ciertas restricciones y medidas de control, no obstante, para los jóvenes lo importante es tener su “cel” y así no sentirse fuera de moda.
Marcela Ramírez, de 16 años y quien cursa el cuarto año de secundaria en el colegio Bautista de Masaya, cuenta que desde hace tres años recibió como obsequio un teléfono móvil. Relata que su padre no puso mucha objeción cuando se lo solicitó, “fue fácil realmente”.
¿Para qué lo utiliza? “Principalmente para estar al tanto de lo que está pasando con mis amigos, para saber qué están haciendo, y cosas así”, responde con mucha seriedad.

Uso restringido, pero necesario
La mayoría de sus compañeras de escuela llevan entre sus útiles escolares un “cel”, y aunque las normas del colegio no les permiten usarlo durante las horas de estudio, aprovechan el receso.
Según Marcela, ella y sus amigos prefieren comunicarse vía mensajes de texto, “pocas veces hablamos”, refiere.
Otra jovencita que ha caído en las redes del celular es Mariana Pérez, también de 16 años. Relata que deseaba tener uno, su deseo se materializó hace un año cuando su hermana mayor se lo compró como regalo de cumpleaños.
“Lo quería principalmente por necesidad, porque a veces me llamaban a la casa y tal vez andaba en el colegio, también cuando me enfermaba era urgente tener cómo comunicarme”, justifica.
Fuera de las emergencias, Mariana utiliza su celular para comunicarse con sus amigos. Su mamá es quien se encarga de regalarle las tarjetas de tres, cinco o diez dólares.
Ella también prefiere utilizar la mensajería de texto. “Yo chateo, es mejor, porque sale más barato”, manifiesta esta jovencita que está a punto de iniciar su tercer año de secundaria en el colegio capitalino Sagrado Corazón de Jesús.