Buena Onda

Entre pleitos y reconciliaciones

Tanto las amistades como las enemistades no siempre son duraderas, y mucho de esto tiene que ver con las afinidades e intereses del momento

Hoy vamos a tocar un tema del que pocos se han salvado: las riñas del colegio con “x” persona transformadas en una buena amistad, y lo contrario: una larga amistad de colegio desvanecida durante la transición a la universidad.
Del odio al amor
La etapa del colegio está caracterizada por mucha inmadurez de parte nuestra, por lo tanto es común que durante la secundaria nos hayamos retorcido la cara mutuamente con otras personas por ningún motivo en especial, simplemente porque sí.
Pero al llegar a la universidad todo cambia, nos volvemos más receptivos y el espíritu pleitisto se queda atrás. Por eso no es raro que de repente, al coincidir en la misma aula con aquella persona con la que nos hacíamos mala cara en el colegio, decidamos olvidar lo pasado, nos demos un chance para conocernos y sorprendentemente nos lleguemos a llevar súper bien.
En este caso las excusas casi siempre son las mismas: “Es que te miraba como creída”, “Es que tu grupito se miraba demasiado nefasto”, o “Es que eras ‘bróder’ de aquel farsante”.
La otra cara de la moneda
Por otro lado, hay quienes fueron “dizque” súper amigos durante el “cole”, se mandaban papelitos a media clase profesándose el típico “T.Q.E.P.” o el trillado “Friends forever”, salían juntos a todas partes y se quedaban a dormir uno en la casa del otro. Pero al terminar la secundaria cada uno agarró su rumbo, hicieron borrón y cuenta nueva y al reencontrarse tiempo después en la universidad se ven con indiferencia, como si nunca se hubieran conocido.
Las razones en este caso principalmente son: “Es que ella cambió”, “Se volvió creída”, “Me dijeron que habló mal de mí”, o simplemente se dieron cuenta que aquella amistad sólo era pasajera.
“Ni fu ni fa”
Aunque las situaciones descritas anteriormente son muy reales, hay quienes no se dejan llevar tanto por las emociones y mantienen sus relaciones amistosas siempre tan intactas como si los años no hubieran pasado por ellas y por ende nada se hubiera alterado. ¡Felicidades a los que están de ese lado de la raya!
Del mismo modo hay quienes nunca olvidan una riña con alguien jamás en la vida, o peor aún, nunca superan una tonta mala cara que les hicieron. ¡Lo sentimos por los que se sientan identificados!
Así que tanto amistades como enemistades no siempre son duraderas, y mucho de esto tiene que ver con las afinidades e intereses del momento, que determinan el acercamiento o alejamiento de las personas.
Opinión
“A majes a las que les he caído mal cuando estábamos en el colegio después les he caído bien y nos hemos vuelto yuntas. Una de ellas se llama Giselle”.
Alejandrina Delgadillo, 22 años.
“Cuando estaba en V año del colegio entró una muchacha llamada Jessica Zamora y como se las lanzaba de la inteligente me caía mal. Ahora que estamos en la universidad a veces me la encuentro en el bus y no la volteo a ver, me sigue cayendo mal”.
Leonel Garay, 20 años.
“Soy demasiado pacífica, nunca he tenido ninguna pelea con nadie”.
Amelia Sáenz, 21 años.
“La que era mi mejor amiga y yo estudiamos juntas desde chiquitas pero tuvimos un problema y, pues, hasta la vez y no nos volvimos a hablar”.
Darling Padilla, 19 años.
“A mí nunca me ha pasado, nunca he perdido ninguna amistad”.
Xilonem Rugama, 19 años.
xxxxxx
Modelos: Hassell Muñiz y Flor Rojas, estudiantes de la UCA.