Buena Onda

El "cuerpo" del delito

Fue anoche. Me pasé de bacanal, olvidé un par de cosas y fui víctima de las circunstancias

Una de las primeras señales de que se está empezando a abusar del licor es cuando empiezas a olvidar cosas. Lo primero que olvidas es que mañana tenés trabajo o examen.
Digamos que se te pasa o hacés como que se te olvidó. Bueno, no es que lo olvidés, sino que te relajás y dejás que pasen las cosas. Que te agarren bendecido en esas rachas. A mí me pasó anoche, y hoy en la mañana mi novia vino furiosa a mi casa botándome la puerta:
“¿Y quién era esa turra?” -- me preguntó totalmente descontrolada.
“¿Cuál turra? De qué me estás hablando” --dije yo, todavía.
“Con la que salís en la foto en Bacanalnica!”
“¿Qué? ¿En foto salgo yo?” -- dije, pero entonces, empecé a recordar.
Fue anoche. Me pasé de bacanal, olvidé un par de cosas y fui víctima de las circunstancias. Fui a una fiesta de barra libre con la ‘marimba’. En la fiesta estábamos tomándonos unas cervezas medio heladas, medio tibias, y notamos que un grupo de muchachas nos estaba viendo.

¡Se olvidó la novia!
Como lentos no somos, les metimos plática, y entre copas fuimos a bailar a lo Tego Caldé en la disco: “Dale mamí mueve mueve, y pon la cara como que algo te duele…” Como les decía, la cerveza hace que uno olvide cosas, pero no es como que olvide que tenía novia, sino que me distraje un minuto nada más y la estaba pasando bien. Nadie me bombearía, creía yo.
Seguimos en la bailadora y nos pusimos un poquito inquietos. Ella bailándome cerca, y yo bailándole más cerca, con las luces bajitas, el bailoteo bien pegaditos; ella a mí y yo a ella, pero no es que estuviera siendo infiel, sólo estaba pasándola bien. Además, nadie se daría cuenta. Nos fuimos a la mesa, pedimos un cuarto de ron con soda y empezamos a platicar. En eso pasó un fotógrafo y nos preguntó: “¿Una foto para Bacanalnica?” ¡FLASH! Quedó linda la foto. Hasta posamos un par de fotos más, todita la evidencia en fotografía.
Al día siguiente que subieron las fotos en línea sólo veo que me vienen a golpear la puerta. Abro, y ahí estaba mi novia. Luego de la recordadita que me pegó (más o menos equivalente a que te den con una paila en la nuca con mucho odio), ella insistió en entrar a la casa, cosa que no le impedí, pero de haberme despertado sobrio no habría olvidado otro detallito.

Hasta se me olvidó preguntar su nombre
En mi cuarto estaba todavía durmiendo la muchacha que conocí anoche. Mi novia seguía en la sala pegándome gritos porque había hecho lo que había hecho, preguntándome quién era esa mujer, por qué la habría traicionado; decía que era un ingrato que me aprovechaba de su amor y cariño. El drama duró toda la mañana, y con la suerte que no sé de dónde saqué, a mi novia no se le ocurrió ir a mi cuarto.
Cuando estuve seguro que mi novia ya se había ido lo suficientemente lejos, desperté a mi cómplice de crimen, le pedí gentilmente que partiera, y en el nerviosismo de haber sido agarrado casi in-fraganti, hasta olvidé preguntarle cómo se llamaba.