Buena Onda

Mi novia de Internet

Yo decía que vivía en Miami y que medía 1.90m de alto, morenazo y todo, cuando en realidad soy de Bello Horizonte y mido 1.59m

buenaonda@bacanalnica.com
Me acuerdo de la primera vez que usé Internet hace algunos años. Estaba todavía en secundaria y me avisaron que un tío había instalado una conexión a Internet por vía telefónica. Yo me quedé con los ojos cuadrados de escuchar que alguien de la familia ya tenía Internet, era como si estuviéramos en otro planeta, cosas del futuro o cuentos así.
Una tarde que salí temprano de clases le pedí permiso de poder navegar en la red. En un papelito apunté los sitios Web más ‘tuanis’ que yo pensaba podía visitar en 15 minutos. No se podía más tiempo, porque en ese entonces cobraban la conexión como servicio telefónico y lo más que hice fue entrar en a NBA.com para bajar fotos de Michael Jordan, pero se me quedó pegada la máquina en la portada. Esos fueron mis primeros 15 minutos en la red.
Con novia brasileña
El enchile no se me quitó y ahí me quedó la curiosidad. Ya mayorcito entré a estudiar ingeniería y conocí un programita de chat que se llamaba MIRC, pero eso era un mero enredo, todo venía en texto y no podía meter caritas. Ya luego conocí el Yahoo Messenger y el MSN y ahí me aquieté un rato, aunque de vez en cuando entraba a Elchat.com para travesear y dizque fachentear que tenía una novia cibernética en Brasil.
Pero como que a uno le da cosita decir quien es en la red, por lo que yo decía que vivía en Miami y que medía 1.90m de alto, morenazo y todo, cuando en realidad soy de Bello Horizonte y mido 1.59m. Al final del tiempo me di cuenta que mi ‘novia’ brasileña también era nica y que vivía en León.
Conforme pasó el tiempo cambié a los sitios Web en que me metía a conocer gente. Finalmente di con los foros de Bacanalnica.com y me la pasé ‘diaca’ ahí, porque me enteraba de conciertos, de fiestas, de fotos de noche, de reuniones de Internet y todo eso.
Lo malo es cuando uno entra confiado a esos sitios Web y lo hacen pasar malas letras. Una chavala, Karen, que conocí en ese foro, me empezó a mandar mensajitos a mi celular para que fuéramos al cine y la pasáramos tuani. Yo me dejé ir, pero a la larga hasta plantado quedé. Eso me pasa por andar regalando mi número de celular sin corroborar a quien se lo doy. Para evitarme pasar pena me guardo la historia y no se la cuento a nadie.
A los días me encontré con unos “broderes” en un cafetín de la universidad. Hablando de varias cosas a unos de los majes se le sale una pregunta hacia mí: “Ve, ¿y al final fuiste con la Karen al cine o no?”. Los otros compañeros se quedan callados como si la pregunta que se acababa de hacer hubiera sido una gran regada, y medio entre reírse y disimular que nada pasaba todos hicieron silencio, lo cual delataba aún más la pregunta.
El que preguntó se dio cuenta que la había regado y trató de no verme directamente, pero sin poder disimular una risa nerviosa. Los quedé viendo y les dije “¿Y ustedes cómo saben de Karen?”
Entre los cinco majes se habían tomado el tiempo de crear un personaje de Internet sólo para andarme siguiendo los pasos, y hasta tenían un chip de celular con un número asignado para mandarme mensajitos, y como casi nunca lo usaban entonces jamás me contestaba ‘ella’ las llamadas. Lo que es andar ganas de “jod*$%&r” a la gente.