Buena Onda

Con mi chavala al concierto

Llegan al lugar del concierto, para variar, tarde, porque se ella se pasó arreglando, fue al salón y todo…

“Amor, ¿verdad que me vas a invitar al concierto?” Cuando uno escucha esa frasecita ya sabe que no es una pregunta, ni una petición, es una orden. Viene al país la banda favorita de tu chavala y no tenés ni cómo zafarte.
Hay quienes optan por quejarse: “Y qué les ves a esos majes, sólo letras cursis tienen”. “Vos dejame, que yo no te digo nada cuando me llevás a escuchar esas bandas de peludos” (creo que se refiere a los conciertos de rock a los que la he llevado).
“Sí amor, pero es que a esos conciertos sólo gente chambrín va”, le decís vos apelando a un poquito de clasismo. “¿Conque yo soy chambrina por ir a ese concierto?”, dice ella, y con un ligero cambio de tono en la voz que te hace saber que es mejor quedarte callado y acompañarla.
“Amor, ¿ya compraste las tickets?”, pasás escuchando toda la semana. “Sí amor, ya voy”, pero mentira, estás palmado y pagar dos entradas VIP le cuerea. Haciendo recolacha y prestándole a tu mamá (y sólo porque a la suegra le cae bien tu novia) apiñás los riales para las entradas.
Esa misma noche del concierto un “broder” tuyo te invita a su despedida de soltero, pero le cantás ‘foul’, ya compraste las entradas y tenés que desquitarlas. Además que a tu novia no le van a gustar las cosas que suelen pasar en las despedidas de soltero.
La noche del concierto
Llegan al lugar del concierto, para variar, tarde, porque se ella se pasó arreglando, fue al salón y todo. Encontrar parqueo es casi imposible, por lo que tenés que dejar el carro parqueado “allaaaaaaaá” donde un CPF que te va a sangrar 20 pesos al regresar por tu carro. Es eso o que te ponche las llantas, según el CPF.
La banda telonera nica ya pasó, y a pesar de haber pasado una hora desde el inicio del concierto, todavía hay filas para entrar. Te hacen el odioso cateo como si uno fuera preso o cualquier cosa, hasta finalmente entrar al famoso VIP. Mientras empieza la banda principal, la que tu chavala quiere ver, buscan un par de cervezas, las cuales te venden caras y calientes.
Buscan un buen lugar para ver el concierto, se bajan las luces, sale la neblina, empiezan los instrumentos a sonar, y con un as de luz se señala el lugar donde aparecerá el vocalista. Éste aparece, levanta las manos como si fuera Jesucristo, y grita: “¿Cómo está Nicaragua?” La gente se emociona y la valla que separaba el área VIP de la Preferencial desaparece por la masa de gente que en el relajo aprovecha para saltársela o botarla.
Durante la próxima hora quedás atrapado en el tumulto mal coreando las canciones y agarrándote a tu chavala para no perderla de tu lado.
Resignado
Conforme van pasando las canciones ya hasta te deja de caer mal la banda y medio tarareás los coros. Escuchás una estrofa bonita por aquí o por allá, y te das cuenta de que aunque sean letras cursis es bonito cantarlas con tu chavala.
El concierto acaba, quizás no fue el mejor de tu vida, pero tampoco fue tan malo. Ya es noche, están cansados, pero todo vale la pena cuando escuchás que ella te dice: “Amor, ¿me puedo quedar en tu casa hoy?”