Buena Onda

Viviendo solo

La verdad es que uno se arrecha porque le vivan diciendo la verdad en la cara, así que corrido, o por tu cuenta, buscás donde meterte

Te acordás de esos domingos en que te levantabas a las cuatro de la tarde, todavía de goma por el bacanal de la noche anterior, ibas a tu refri, sacabas la comida, la calentabas en el microonda y te sentabas en la sala a ver juegos de fútbol en la TV.
El mundo era perfecto, había comida preparada para vos, alguien pagaba la luz, el agua y el teléfono; te prestaban el carro cuando querías, bellos tiempos aquellos en que todavía vivías con tus papás. Todo estaba bien, hasta que te fuiste a vivir solo.
La primera razón para irte es que te hayan corrido de tu casa por insoportable borra… perdón, bacanalero; que ya no te aguantaban que llegaras a las cinco de la mañana todos los días, que demasiado caro salís, que nada hacés.
La verdad es que uno se arrecha porque le vivan diciendo la verdad en la cara así que, corrido o por tu cuenta, buscás donde meterte. Llamás a tus “broderes” de fiesta de toda la vida, les hablás de tu nuevo plan y se rifan, y es ahí que te caen las vainas.
Las primeras semanas
Hacés las maletas con toda tu ropa, tus chereques, tu celular, tus zapatos y alguna que otra foto. Cuando te vas ves que todas tus cosas caben rapidito en dos maletas. “Tuani, me está saliendo liviana la mudada”. Ahí vas a empezar tu vida de “soltero codiciado” con casa nueva, cuarto nuevo, tus propias llaves, bacanal cuando querrás, tus “broderes”, todo tuani.
Las primeras semanas son relax, te la pasás viendo tele todo el día, te vas tarde pa’ la universidad, pasás “roleado”, comiendo a lo descosido. Pero poco a poco esos trastes en la cocina empiezan a acumularse, y ojala que estuvieran sucios de comida que haces en la casa.
La ‘refri’ (una usada que les regaló el tío de uno de tus compañeros) está tapizada de volantes y papelitos de restaurantes de comida china, pollo en moto, pizzas, o cualquier chivería que lleven a domicilio. La ropa sucia se empieza a acumular en una esquina de tu cuarto, hasta que de pronto cobra vida esa mole de ropa y se empieza a regar como desorden por toda la casa.
Nada es como se espera
El colmo del aburrimiento, viendo tele se te va la luz, pero no por racionamiento, sino por falta de pago. Te levantás arrecho a “put..ar” a todo el mundo, porque no se pagó la luz, pero es que nadie se había dado cuenta del recibo tirado debajo de la puerta hace dos meses.
La broma de la reconexión no te sale barata, y esos ahorros súper-exorbitantes de 100 dólares que tenías desaparecieron en tres patadas de ahogado. Te das cuenta que tu pegue no es tan diaca como pensabas y que la plata no te da. La gasolina está carísima, la luz aumenta de precio cada día y no podés seguir pidiendo comida de la calle.
Un rastro de conciencia aparece y decís: “iremos al mercado a realizar las compras”. Lo chistoso es que en tu vida habías realizado compras, y no distinguís un pipían de un apio, mucho menos prepararlos; y en la rebusca hasta mazo te dan vendiéndote la docena de limones a 15 pesos.
Ya mal que bien se preparan algo de comida malhecha en la casa. Te falta lo de la ropa. Por recomendación de la tía de la vecina que conoce a alguien allá en Matiguás, te llevan a la sobrina de la esposa del vecino de la otra cuadra para que les haga la limpieza y les lave la ropa.
Cuando parecía que mejoraba
“Por fin esto está empezando a parecer casa” – pensás, pero nadie se puso de acuerdo para echarle un ojo a la muchacha. Al tercer día ella deja de llegar y cuando van a ver la ropa lavada se dan cuento que les había bateado home-run dentro de la misma casa y casi los dejan a pie con la ropa.
Como ya es mucho el desorden se arma el pleito de compañeros de casa. El uno le dice al otro que nunca lava el baño, otro reclama que sólo él pasa lavando los platos que todos los demás ensucian, nadie ha llamado a la dueña de la casa para que arregle esas goteras, sólo porque pensaban que alguien más lo haría.
Lo peor es que la ropa sucia (la que no fue robada) todavía estaba en la esquina, y por el tiempo que tenía tirada ya hasta hablaban entre sí las piezas. “Yo tengo cuatro meses volado aquí”, dijo un par de calzoncillos. “Yo tres meses, y voy para largo, porque me faltan dos botones y mentira que estos sepan zurcir”, reclamó una camisa. “Pues yo llevo tres semanas y estoy súper cómodo”, interrumpió un condón, usado, tirado al otro lado del cuarto.
Al borde que la casa empiece a ser devorada por la ropa sucia, cucarachas y algunos ladrones que se dieron cuenta que en esa casa sólo chavalos despistados habitan, lo mejor que Buena Onda (el suplemento más bacanalero) recomienda es que los que viven juntos se sienten, hagan las paces y ordenen la casa.
Vivir solos no sólo te da el derecho inalienable de tener bacanales todos los días, te da el deber de poner en orden tu vida, tu casa y tus cosas.
Repártanse las tareas de la casa, decidan quién debe lavar los platos, quién debe barrer, quién debe buscar a la dueña de la casa para las reparaciones, y siempre tengan en mente la idea de que si uno no hizo algo, no hay razón para no hacerla uno mismo.
Modelo: Joseph Palacios