Buena Onda

Mi primo el “metalero”

Recuerdo a un primo mío, flaquito, cabezón, inteligente en las clases, tirando a nerdo, pero tranquilo, hasta ahora

Muchas cosas en la vida se aprenden con los amigos. Se aprenden nuevas maneras de vestir, se conocen nuevos bares, nuevas maneras de escuchar música; y sobre todo, se aprende que la gente cambia.
Recuerdo a un primo mío, flaquito, cabezón, inteligente en las clases, tirando a nerdo, pero tranquilo. Nunca lo vi en una disco, mucho menos bailando. De vez en cuando aparecía en las fiestas de familia o quince años. Tomaba gaseosa con hielo, le gustaba el saco y la corbata, bien peinado a punta de gelatina, zapatos lustrados, y le daba pena que lo llegaran a molestar las primas mayores. Supongo que era tímido, cosas de él.
“Si yo fuera como mi primo”
Luego de terminar la secundaria me mudé y le perdí el rastro a mi primo. Yo soy de León y me vine a estudiar a Managua. Llegué a la universidad y aprendí del bacanal bueno (billar, cervezas, chavalas). También estudiaba. Me la pasaba en números rojos todo el año, y al final, con las últimas, y después de tercera reprogramación pasaba las clases. Yo me decía: “Si yo fuera como mi primo (no tan nerdo), pero si pusiera atención, seguro pasaría tranquilo”. Pasó pues.
Hace como dos semanas me fui al concierto de El Tri con unos majes de la cuadra. Esa música no me cuadra, pero igual fui por ir con el grupo. Como no me gusta estar mezclado entre tanta gente, me “jalé” a la parte de atrás, donde estaba más “vaciíto”. De pronto siento que alguien me guiña del hombro y ya lo iba a “catear”, pero me detengo al escuchar: “Entonces primo”.
Era un maje como cinco años menor que yo, camiseta negra de gallito pinto, pelo largo charraludo, jeans desteñidos, todo sudado, zapatos marca “Converse” enlodados, con mochila en la espalda, una botella plástica de ron en la mano y una patada a guaro que no era jugando.
“Ennotado”
Lo aparto un poco, le digo que se calme, “que qué fue la cosa”, le digo, y resulta que al verlo bien noto que era realmente mi primo, el mismo que antes bebía gaseosa con hielito y ni bailaba.
Estaba súper “ennotado” con la música, y de lo tímido ya ni se acordaba. A grito partido se cantaba “La raza me dice, que todo lo que hago..., que todo lo que hago..., que todo lo que hago está mal... y yo no sé por qué”, pero él juraba que estaba oyendo a Sepultura o a Slayer, aunque era Grupo Armado, con cabeceo metalero y todo incluido.
Se detuvo un minuto y me dijo que me quería, que yo era el primo que más quería, el que más “legal” le jugó siempre. Lo solté, y siguió pegando brincos, de pronto medio armó su “mosh” con su gente, rebanando, pegando gritos, bebiendo... hasta que cayó al suelo.
Ahora sí la encavamos. Corrí a comprarle una bolsa de agua helada, se la pasé dejando y sus amigos se lo llevaron a bajarle el licor y componerlo un poco, lo que se pudiera.
La foto
Allí se hubiera quedado toda la noche si no hubiera sido por un fotógrafo que pasó. El fotógrafo se acercó y dijo: “Una foto para Bacanalnica”. Todo el grupo se levantó, incluido mi primo, se echaron la melena para adelante, pusieron las manos en forma de símbolos metaleros y gritaron como si fueran a escucharse en las fotos sus gritos.
Ya con eso todos estuvieron tranquilos y lograron regresar sanos y salvos a sus respectivas casas.