Buena Onda

Exploradores del cañón de Somoto

Héctor Zamora, colaborador turístico de Buena Onda, y un grupo de amigos se disfrazaron de mochileros y agarraron “pa’l” norte de Nicaragua a explorar nuevas formas de bacanal

buenaonda@bacanalnica.com

Ésta es la crónica del viaje al cañón de Somoto al estilo Buena Onda. Cualquier viaje de este tipo tiene dos opciones: ir en su propio carro o ir en bus, el cual podés abordar en el Mercado de Mayoreo.
En la terminal podés comenzar la aventura en el bus expreso que sale a las 7:15 de la mañana, en un viaje que dura tres horas y media; y de dos a tres horas en vehículo particular.
Si el plan incluye estadía, llegando a Somoto se debe buscar hospedaje. Un cuarto doble anda por los 20 dólares por noche. Éste incluye baño privado, TV x cable y abanico, aunque el clima de la zona es suficientemente fresco como para no necesitar aire acondicionado.
Adentrándote a la zona
Algo que podés aprovechar es que algunos hospedajes de la zona tienen servicio de transporte a la zona del cañón, así que preguntá por cuánto te hacen la gira de ida y vuelta. Según cotizamos, por seis personas el costo anda entre los 200 y 300 córdobas.
Ya preparados, el viaje hacia el cañón empieza ahora. Se sigue por la carretera hacia El Guasaule por aproximadamente 15 kilómetros, hasta llegar al desvío por camino de tierra hacia el cañón, el cual se debe seguir por siete minutos, hasta llegar a un portón de madera.
Hasta ahí podés entrar en vehículo sólo si es un 4x4 y te gusta maltratarlo. Sin embargo, es más recomendable seguir a pie. De ser así, te vas a mojar los pies, ya que debés cruzar el lecho de un río, para luego caminar por media hora (¡Ufff!, qué bacanal), hasta llegar a las casetas donde rentan las canoas. Éstas son las únicas maneras de entrar al cañón. Subirse a la canoa tiene un costo de 10 pesitos por persona. “A ver… soltando la lana”.
Al otro lado
Al llegar al otro lado, ahoooora toca contratar guías locales. Aunque podés avanzar por tu propia cuenta, debés saber que no hay “aceras turísticas”. Para llegar hay que tirarse al agua y nadar o irse remolcado en neumáticos. ¡Epa!, que me siento Indiana Jones.
Pero no te preocupés tanto, pues entre poza y poza pasás por partes secas para tomarte tu fotito con la lengua de fuera.
Toma de 30 a 45 minutos para llegar a la poza más honda donde darte un chapuzón. Dicen que tiene 17 metros de profundidad, pero no me animé a comprobarlo. A su alrededor los farallones, o paredes del cañón, superan los 100 metros de altura.
Al fin llegaste a este impresionante y espectacular paisaje natural; podés disfrutar del momento, comer tu “sanguchito” de mortadela, tomar tus fotitos si acaso no le cayó agua a la digital, lanzarte tu gaseosita y si se puede… otras aguas espirituosas, pero todo con calma, pues acordate que tenés que regresar por el mismo caminito o dar la gran vuelta por vereda. Así que seguí los consejos de los guías y “tampoco seas chancho”… nada de tirar basura. Recogela en tu mochila.
¿Qué llevar?
Veteranos de la aventura, éste es un viaje relativamente ligero. Lo necesario y esencial es llevar zapatos deportivos para la caminata, chinelas y/o zapatos para cambiar y si lo desean toalla con el traje de baño. Indispensable el agua embotellada, tu gorrita o sombrero que te salve del sol. El clima es fresco, pero el sol no perdona, así que podés llevar tu bronceador.
El área es rocosa, así que no debés salir de intrépido estilo Tarzán o creerte Superman o La Mujer Maravilla. Acordate que ahí no entran las ambulancias y si te quedás esperando helicóptero… más probable es que te llevés la cantimplora de Montoya y le saqués cerveza.
¿Y este cañón de dónde salio?
Desde hace 13 millones de años ese cañón ha estado ahí. No se ha movido ni un milímetro. Así que no creás que es nuevo porque lo hicieron público en 2004. Desde entonces es turístico, pero los habitantes de la zona lo disfrutaban desde que tienen memoria.