Buena Onda

Me creen ‘hacker’

Ese sentimiento de ‘hacker’ agarró fuerza por sí mismo, y en la universidad se convirtió en bendición y maldición al mismo tiempo

buenaonda@bacanalnica.com

Tengo 5 cuentas de correo electrónico, tengo mi cuenta de Messenger, abrí un HI5 que luego cambié por un MySpace, foreo en Bacanalnica.com, pero estoy a años luz de ser un ‘hacker’.
Lo más cercano que he estado en mi vida de ser un ‘hacker’ fue cuando ‘alquilé’ en el Mercado Oriental una copia pirata de Hackers (en la que sale mi novia Angeline Jolie, sólo que ella no lo sabe). Pero de alguna manera la gente cree que lo soy. Sé mis cuantas cosas, pero nada del otro mundo.
Mi tío
Para muestra un detalle. La otra vez un tío se compró un DVD Player para poder ver sus películas, pero no sabía ‘configurarlo’. Me llama y me pide que le haga el “boladazo” de verle el DVD Player. Me dejo ir, lo conecto a la TV, llevo una película mía para probarlo y balazo estaba todo en orden. Para mi tío eso era prueba suficiente de que yo era el ‘hacker’ de la familia.
A las semanas el tío me vuelve a llamar. Esta vez me quería enseñar su nueva computadora. Llego y nos tuvimos que esperar un ratito a que desocuparan la máquina, pues la tía estaba jugando solitario. En lo que queda libre la máquina nos sentamos y me dice. “¿Te gusta? Fijate que quiero que me pongás tuani la máquina”. “¿Ajá? ¿Y qué quiere hacerle?”, le pregunté.
“Pues mirá. Mi hija el otro año entra a la universidad y quiere estudiar arquitectura. Quería saber si vos me le podías conseguir el programa de AUTOCARRO y enseñarle como usarlo” – me dijo.
“¿Autocarro? ¿No querrá decir Autocad?”
“Ese de arquitectura, vos sabés cual.”
“Ah ya. ¿Nada más eso? ¿No quiere que le consiga la impresora de planos de un solo?”
“No hombre, con la impresora de cinta que tenemos vamos sobre, imprimimos en parte los planos y los armamos con ‘masking tape’ ”
Era obvio que yo no manejaba Autocad por lo que ni siquiera lo busque pirateado en algún pabellón de la UNI. Pero el tío no dejó de recordarme cada ves que podía que le buscara su ‘Autocarro’, y de paso el ‘Office’, el antivirus, el programa para hacer tarjetas (nunca le entendí si se refería a Powerpoint o a Photoshop), aparte de las 18 veces que reformateó por accidente el disco duro.
Ese sentimiento de ‘hacker’ agarró fuerza por sí mismo, y en la universidad se convirtió en bendición y maldición al mismo tiempo. Los grupos de clases en que yo participaba casi a propósito me dejaban poquito trabajo (que era bueno), porque al final el que tenía que hacer los levantados de texto (algo muy malo), manejar el powerpoint en las presentaciones, resolverle a cualquier amiga cuando perdía la clave de su e-mail o Messenger (usualmente perdiendo el acceso al correo viejo, teniendo que crear uno nuevo).
Cuando se regó la “bola”
El caso más grave fue cuando se regó la bola de que yo también hacía pequeños diseños de papelería. Una oficina de la universidad me buscó para hacer un pequeño pegue de diseñar unos afiches internos de la misma universidad. Me muestran las imágenes a usar, las cuales parecían estar bien.

Les pido un CD para quemarlas, pero no hay.
“No hay problema, envíenmelas por e-mail”, les digo.
“Tampoco tenemos Internet”, me dicen.
“¿Y qué tienen entonces?”.
“Tenemos esta cajita de diskettes de 3 ½ . Le podés borrar lo que tienen dentro y llevarte las fotos ahí”.
A como pude metí las fotos en los diskettes, las llevé a mi casa e intenté pasarlas a mi computadora, pero los diskettes no son reconocidos. Llamé para reportar que no pude abrir los archivos, sin imaginar que en la oficina habían borrado su copia de las fotos, porque pensaron que con las copias en los diskettes malos sería suficiente.