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Una boda y dos culturas

Jamás pensé ser testigo de una boda, que más que unir a dos personas, une a dos culturas, dos idiomas, dos países en nada parecidos, dos familias separadas por más de diez mil kilómetros de distancia y dos corazones que un par de años atrás no tenían ni idea de que serían el uno para el otro. Ella, una nicaragüense, católica, soltera y sin hijos, con un poco más de 30 años, con una carrera universitaria y un trabajo de oficina en una entidad estatal, habitante de un modesto barrio de Managua, donde pocas veces habrá escuchado de la desventurada ...