Lunes 23 de Mayo de 2005 Hora local | Managua, Nicaragua


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El largo camino para sanear el lago Xolotlán
* Todos los días, el lago recibe 32 millones de galones de aguas negras
* Pescadores con 25 años de faenar todas las noches con ayuda de trasmallos
* Mercurio dos mil veces más de lo permitido para la vida acuática
Ismael López

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Doce de la noche. El frío y los zancudos interrumpen la tranquilidad. Otras veces cuando el viento sopla en las costas del lago Xolotlán casi no molestan, pero esta noche no hay viento. Francisco Meza conversa con otros seis pescadores. Fuman, comen pescados asados, y beben. El ambiente apesta a mariscos y a licor barato.

Su oficio es pescar en un lago al que le caen 32 millones de galones de aguas negras por día. El mismo en el que hace 20 años la empresa Pennwalt, que producía soda cáustica, vertió mercurio -–un metal que no desaparece, y que produce desequilibrios mentales e impotencia sexual-—.

Ellos, sin embargo, no tienen otra salida porque lo único que pueden hacer es pescar y aunque pudieran trabajar en otra actividad, en Nicaragua campea el desempleo. Ahora descansan. Cuentan chistes. Ríen a carcajadas. El que más hace reír a todos es César Suárez --que tiene 25 años de pescar en el Xolotlán casi todas las noches--. Cuenta que cuando tenía 11 años su papá le compró su primer par de botas. “Me chimaron las hijueputas. Ahí no más le dije a mi papá que las fuera a regresar”. Ahora usa chinelas, pero sólo para ir y regresar de su casa, por el Mercado de Mayoreo. En las costas del lago anda descalzo, peleando con las espinas y las piedras.

Dura loza les sirve de mesa y cama

César vino a las siete de la noche. Lo acompañan dos de sus hijos y su yerno. “Mirá a éste cómo está, tiene unos “dillitas” de estar viniendo y está todo flaquito, esto no es para cualquiera –-dice, presumiendo. Se metieron con el agua al pecho desde temprano y echaron los trasmallos. Ahora los pescados están engarzados en un mecate. Uno que otro brinca. El borde de un muro de lo que un día fue un cauce, que el huracán Mitch aterró, les sirve de mesa y cama.

Así pasan todas las noches. Francisco dice que todos son hermanables y que no existe la envidia. “Todos tenemos derecho a vivir del lago”. Él llegó tarde, a las nueve de la noche, y lo acompañan Erick Moreno, un vecino de 19 años, y Noel, que apenas tiene dos semanas de haber regresado, luego de trabajar seis años en Costa Rica en una floristería. Su hijo, de 17 años, a quien piensa heredar el oficio, no pudo venir esta vez porque está cuidando una casa.

Francisco tiene 43 años pero aparenta 50. Tiene una barba semi blanca de cuatro días y es originario de San Rafael del Sur. Cuando tenía 20 años empezó a pescar en el lago. Un amigo le enseño a hacer los trasmallos y las redes. “Aquí, a orillas de la costa aprendí a sobrevivir. Todo mundo vive del lago”.

Vive en las Américas Dos en una casa de tablas y de zinc viejo, y camina aproximadamente dos kilómetros hacia el norte para llegar al lago. Pasa por el terreno donde estará ubicada la planta de tratamiento, con la que se pretende disminuir los contaminantes que caen al Xolotlán.

El camino que conduce hasta las costas del lago es angosto. Está obstruido de monte que al pasar roza la cara y los brazos. En un trecho, a la derecha, la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) empieza a limpiar el cauce. Un gran trecho todavía está lleno de llantas viejas, basura y lodo que obligan a todos taparse la nariz.

Francisco siempre está acompañado de tres perros, bien gordos, que se alimentan de mariscos. A diferencia de César, él pesca siempre, pero en el día y sólo una o dos veces a la semana por la noche. ¿Nos acompaña una noche? --me dijo una tarde que estaba con él cuando pescaba.

--No es peligroso y ni sentimos porque llevamos un litro (de ron) para que se nos quite el frío, y aquí nos encontramos con otros pescadores. Asamos pescados y pasamos comiendo toda la noche --argumentó.

Mantenerse despierto en la madrugada es difícil. A las dos de la mañana se quedan quietos envueltos en bolsas plásticas, unos rodeando el fogón --donde antes habían asado los pescados—- y otros compartiendo el muro. El cielo está nublado y al norte se ven relámpagos. El fuego se apaga poco a poco.

A las cuatro revisan los trasmallos

Su sueño se interrumpe a las cuatro de la mañana, porque esa es la hora cuando se meten al agua a revisar los trasmallos, echan los pescados en sacos o en baldes y a las cinco y media emprenden el viaje. Ninguno quiso decir dónde los venden, pero aceptaron que no todo es para autoconsumo.

Erick tenía frío y aun así se introdujo con el agua hasta el cuello a sacar la pesca. Uno solo no puede hacerlo porque cada quien agarra una punta del trasmallo, donde los peces quedaron atrapados. “Cuando quieren salirse es cuando se enredan más”, explica.

César y su prole son los primeros en abandonar el lago. “Como a las cinco de la mañana paso para que me prestés el trasmallo grande”, le dijo a Francisco.

La noche fue mejor para él. “Lo que pasa es que llegamos tarde”, dice Francisco, quien no tiene ningún encargo especial para este día, por eso entrega los pescados más grandes a César que en la tarde le llevará los riales.

Guapotes, mojarras y tilapias fue lo que más pescaron. Tres tilapias las venden en 10 córdobas, el precio de los otros varía según el tamaño. “Gracias a Dios me ayudo en esto”, dice Francisco.

20 años de vivir de la pesca

Cuando le pregunté si no tenía miedo por la contaminación del lago y de los residuos de mercurio, me dijo que tenía más de 20 años de vivir de la pesca del lago y que nunca le había pasado nada ni a él ni a su familia, tampoco a nadie del barrio.

Todas las familias que viven a orillas del lago –-me dijo-- viven de la pesca. Jamás he escuchado que les haya pasado algo. Yo hago en el día como 70 pesos, de esto he mantenido a mi familia todos estos años. He pagado los cuadernos de mis hijos para que vayan al colegio y si algún día me prohíben esto, no sé que haré, porque en este país no hay trabajo.

Sin temor a la contaminación

Francisco no sabe lo que es el mercurio. No sabe que perjudica la salud. Entre 1956 y 1965, 111 personas murieron en Japón y más de 400 resultaron con problemas neurológicos. El desastre ocurrió en la ciudad de Minamata. Una empresa vertió a una bahía, donde se alimentaba de peces la población, 81 mil libras de mercurio, según la página Web de la enciclopedia Wiquipedia.

Un estudio que hizo el Centro de Investigaciones de Recursos Acuáticos (CIRA), hace siete años, reveló que en el Lago de Managua varias especies de peces están contaminadas con mercurio, aunque en mínimas cantidades.

Las autoridades nicaragüenses desconocen en estos momentos qué cantidad de químicos y contaminantes hay en el lago. “¿Cuánto Mercurio hay? ¿Qué tan toxica es la situación? Son preguntas que en este momento no se pueden contestar”, dice Salvador Montenegro, Director del CIRA.

Pero en 1983 el Instituto Nicaragüense de Recursos Naturales y del Medio Ambiente (Irena) encontró que en el lago había mercurio hasta 2 mil veces más de lo permitido para la protección de la vida acuática, y 200 veces más de lo permitido para cuerpos de agua destinados a la recreación.

El CIRA realiza un estudio que terminará con la incertidumbre. Tal vez -–según Montenegro-- los hallazgos permitan fomentar más la pesca, o tal vez nos lleve a decir que nadie coma nadie un pescado del lago, lo que sí es cierto es que aparentemente hay algún nivel de riesgo por lo que conviene tener prudencia.

Aparte de las cantidades de mercurio, los peces del lago tienen bacterias que pueden provocar diarreas o vómitos, entre otras afectaciones, según Manuel Baltodano, Director de Salud Ambiental del Sistema Local de Atención en Salud (Silais) en Managua.

Baltodano sabe que los pescadores abastecen a varios puestos de mariscos en mercados capitalinos, no obstante dice que no se puede hacer mucho. Por eso recomienda no comprar pescado en esos sitios, o bien lavarlos y cocerlos bien -–para matar bacterias-— antes de consumirlos.

Francisco no cree en estudios. Para él la única forma de demostrar que los peces del lago son dañinos es que alguien se enferme. “Hasta el momento no ha pasado”, y si algún día pasara no sabe qué hará. Después de más de 20 años es difícil despegarse del Xolotlán, que lo ha sustentado desde entonces.

Programa de saneamiento

El Gobierno nicaragüense ejecuta un proyecto con préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que tiene por objetivo tratar las aguas negras antes de verterlas al lago, para eso construirá pilas sépticas.

El objetivo es que las aguas caigan menos contaminadas al lago. Según Montenegro ese proyecto se saneamiento sólo resolverá el problema en un 25 por ciento, pues la planta de tratamiento que se instalará en las pilas no podrá trabajar con toda las aguas de la capital.

Marcelino Jiménez, coordinador del proyecto, dice que el objetivo dentro de 10 años es que la población pueda usar el lago de manera recreativa, pero sin contacto. “Es decir que te podás meter en una lanchita, pero sin nadar”.

En 2007, según Jiménez, entrará a funcionar la planta de tratamiento. “Entonces, ya no se verán los pequeños pantanos de aguas negras que se forman en varios puntos de la costa, porque los 17 puntos donde actualmente caen las aguas negras al lago ya no estarán. Todo entrará por la planta de tratamiento”.

Origen de la contaminación

El lago Xolotlán tiene 1,000 kilómetros cuadrados aproximadamente, y se convirtió en el basurero de Managua en 1927. En ese año se construyó la primera alcantarilla sanitaria y los desechos líquidos domésticos empezaron a caer al lago, que años antes servía para comunicar la capital con el municipio de San Francisco Libre, según la exposición “El Lago de Managua: la calidad de sus aguas”, que hicieron en 1982 los entonces funcionarios de INAA Otoniel Argüello y Sergio Tercero.

Salvador Montenegro, Director del CIRA, dice que a la red de alcantarillado sanitario estaban conectadas unas 600 familias, que aterraron los sumideros y letrinas y empezaron a usar los inodoros.

Ahora, no obstante, el 60 por ciento de la población de Managua -–más de 1.2 millones--, según cálculos de INAA, está conectada al alcantarillado sanitario.

“Ese servicio sólo lo tenían las casas elegantes de la vieja Managua. Los barrios San Antonio y San Sebastián y el sector aledaño donde fue el Gran Hotel. Ese fue el sector más elegante de comienzos del siglo pasado, y fue donde se instalaron las redes sanitarias”, dice Montenegro.

Un periodista de la época –-según Montenegro—- advirtió a las autoridades que echarían a perder el lago, y le contestaron que el lago era lo suficientemente grande para diluir toda la carga de materia fecal.

Se calcula que el 90 por ciento de la industria se encuentra sobre la cordillera del Xolotlán. Montenegro dice que esa industria es primitiva. “Ninguna de ellas ha sido diseñada para que reduzcan los daños que ocasionan al ambiente”. Ahora, sin embargo, está el Decreto 3395, que establece que las empresas no pueden verter agua hacia el ambiente si no la tratan antes.



La pesca en el lago no sólo se da en Managua. En Mateare hay unos 30 pescadores. De ellos unos cuatro o cinco tienen lanchas de motor, según el alcalde de ese municipio, Mario Acuña.

En Puerto Sandino y en Tipitapa también hay pescadores. A ellos nadie los controla.



ilopez@elnuevodiario.com.ni


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