Viernes 6 de Mayo de 2005 Hora local | Managua, Nicaragua


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Opinión

¿Clientes o delincuentes?
Arnulfo Urrutia

El vigilante que custodiaba una de las salidas de la mega-tienda situada en la carretera a Masaya, me vio venir y esperó que me le acercara. Cuando me tuvo a su alcance, pidió le mostrase la bolsa con mis compras. Era temprano por la mañana y casi no había clientes dentro del local, razón por la cual podía tomarse todo el tiempo del mundo para desarrollar su labor. Tomó entre sus dedos la factura adjunta a la bolsa, comparó precios y contenido, como quien se conociera de memoria el valor de cada uno de los artículos de la tienda. Acto seguido me dijo: “Que le vaya bien”. Me quedé unos segundos frente a él. Los suficientes para encargarle transmitiera a la gerencia del establecimiento mi más enérgica protesta por tan descortés acción. Eso sí, tuve el alcance de explicarle que él no tenía la culpa y que la fuerza de la costumbre lo empujaba a pensar que lo que hacía era de lo más normal. No tenía la culpa. Cumplía “órdenes” como se decía en tiempos de la desaparecida Guardia Nacional.

Por supuesto que fue la primera y será la última vez que compre en esa tienda cuyo slogan dice: “Tu propio concepto”. Y no vayan a creer que sólo a mí me lo hicieron. ¡No! Toda persona que allí compre pasa por esa revisión tan burda como improcedente. Anteriormente había notado tal patanería en otra cadena internacional que dice vender a sus clientes afiliados a precios más bajos. Precios para la gente lista, se podría traducir el nombre de esa transnacional. Aclaro que no estoy afiliado a la misma, pero la visité por razones profesionales y por eso doy fe de lo que escribo.

¿Por qué esa actitud tan grosera? ¿Acaso no existe toda una sofisticada gama de tecnología para la vigilancia y seguridad, que ni cuenta nos damos al estar frente a ellas? Todo establecimiento que se precie de tener cierta categoría puede adquirir cualquiera de esas opciones para protegerse de posibles actos delictivos. Están en su derecho. Pero éste no debe invadir el derecho que tenemos las personas a ser tratadas con dignidad y respeto. Especialmente si quienes lo hacen predican que los clientes somos la razón de ser de sus negocios. O ¿es acaso el nicaragüense un cliente de quinta categoría?

No permitamos más ese manoseo troglodita. ¿Qué hacer para evitarlo? Muy sencillo, no volver a comprar los productos o servicios que comercializan en esos locales. Un solo cliente no les puede importar, pero si muchos dejamos de comprar, eso sí lo sentirán. Uno a uno sumamos miles. ¡Hagamos valer nuestro derecho a ser tratados con respeto y dignidad!



Chiquilistagua

Mayo 4 de 2005


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