Domingo 31 de Julio de 2005 Hora local | Managua, Nicaragua


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“Fiestas de Mingo son paganas”
* Monseñor González y Robleto le preguntó en 1961, después que lo excomulgó por el secuestro del santo, que cómo se sentía: “El mismo Lisímaco, nada más que con la mente más despejada”
* “Las fiestas de Santiago la eliminaron de Managua, porque eran fiestas religiosas. Apareció Santo Domingo con alboroto, bebederas de guaro y entonces a ése se pegó más rápido la gente. A lo pagano”
* “Lo mismo que siente Lisímaco lo siente el sacerdote. A mí me dan deseos de una mujer hermosa, y al sacerdote también y tiene derecho, si es hombre”
Edwin Sánchez

Foto  

“A mis hijos más pequeños me pongo a leerles algún versículo, algún pasaje de la Biblia, también engarzándole un poquito de verdad. Ellos están convencidos, pero como les gusta el alboroto, que son chavalos, ahí andan”, dice Lisímaco Chávez.

 
Hay preguntas que uno puede guardarse frente a personas que representan un mito, una embajada, una religiosidad, un sistema de creencias. El periodista no. Hay que hacerlas. Pueden causar malestar, rechazo, una excomunión, una purga partidaria, una visa cancelada. Si usted se encuentra con el símbolo popular de las fiestas agostinas y le pregunta: --¿Estas fiestas de Santo Domingo son paganas?, sabe que podría meterse en problemas. O quizás no.

Lisímaco Chávez es un personaje. La Iglesia Católica debió lidiar con él desde 1961. Alcaldes, jefes políticos del somozato, vicepresidentes de la República, altos funcionarios han debido tomarlo en cuenta. Agosto es de él. “Soy uno del pueblo”, nos dice, y se acoge a esa inmunidad tal vez más legítima que la de la Asamblea Nacional y del Ejecutivo juntos

Se coloca su sombrero de cuero negro. Es un hombre todavía fuerte. El derrame no lo venció. Es elocuente. Uno debe saber que tras de él hay una multitud anónima, y sólo él se da el lujo de ser conocido con su nombre completo. El más emblemático hombre de agosto nos contesta a esa pregunta incómoda:



¿Son paganas las fiestas de Santo Domingo?

Claro que sí, son paganas. Desde cualquier parte que me lleven de la Iglesia ya viene el paganismo ahí.



¿Qué hace que los curas no hablen de esta idolatría y que mejor busquen a Dios y a Cristo?

Las mismas Sagradas Escrituras dicen que no seamos idólatras, ¿ve?, pero yo soy terco, por amor a la tradición, sigo. Yo a mis hijos no les puedo decir nada, sobre ese su gusto, pero me gusta más que ocupen la mente en una cosa de esas y no andar en la pandilla, con la droga. Pero sí, me siento con los más pequeños y me pongo a leerle algún versículo, algún pasaje de la Biblia, también engarzándole un poquito de verdad. Ellos están convencidos, pero como les gusta el alboroto, que son chavalos, ahí andan,



¿No hay idolatría en todo esto?, porque ahí tiene una imagen del santo.

Aquí no.



¿Cuándo fue la última vez que se arrodilló ante la imagen de Santo Domingo?

De corazón y sinceramente se lo digo, fue el 11 de agosto de 1963. Lo tengo escrito. Pero en ese año me echaron preso por la cuestión de Santo Domingo. Entonces se hablaba de que iba a haber sangre, de que la gente me apoyaba y yo estaba preso.

Llegó monseñor Alejandro González y Robleto, pidió permiso a las autoridades para que me sacaran de “El Hormiguero” y me llevaron al arzobispado para platicar con él. Llegué, le brindé mi respeto por su investidura. Me habló de ese derramamiento de sangre, y le digo: “Yo no promuevo eso”.

Hasta me decían el Al Capone, que daba órdenes desde la cárceles. No --le digo--, vea monseñor, tenga la plena seguridad de que no, iré a Santo Domingo que me perdone por los actos del 61. Pero fue para darle a él (arzobispo) un sentido que tuviera confianza.



El secuestro del Santo

De acuerdo con Lisímaco, en 1961 la Iglesia Católica y la Guardia Nacional cancelaron las festividades. Managua no iba a tener esa tradición. El hombre que puso en jaque a las autoridades eclesiásticas y mundanas (léase GN) en un escrito de tres páginas sobre el ABC del Santo, las tradiciones y el papel de Lisímaco, dice: “En 1961 él trasladó a Santo Domingo que estaba en la Iglesia de Las Sierritas, y lo trajo en hombros hasta la iglesia de Managua. Luego toda la fiesta se realizó con normalidad, pero el 12 de agosto del mismo año, lo echaron preso. Tres meses después obtuvo su libertad”.

“Yo en 1961 fui excomulgado. El comunicado eclesiástico decía: “Aquel que abuse de la imagen de Santo Domingo queda completamente excomulgado de la Iglesia Católica”



¿Se sintió ofendido, libre, qué pasó en usted?

En la entrevista con González y Robleto me preguntó si sabía que si estaba excomulgado. Yo le dije que sí. ¿Cómo te sentís?, me preguntó. “Bien, le respondí. El mismo Lisímaco, nada más que con la mente más despejada,” por reconocer que no era correcto haber desobedecido a la Iglesia.

El popular Lisímaco recita los sacramentos, y llega al punto del “orden sacerdotal”, y lo subraya con su ronca voz. “Hay que tener respeto al sacerdote, pero no porque esté cerca de Dios, sino que está en la misma tierra donde estoy yo. Lo mismo que siente Lisímaco lo siente el sacerdote. A mí me dan deseos de una mujer hermosa, y el sacerdote también y tiene derecho, si es hombre. Él vino (el hombre) a multiplicarse, a no quedarse estancado.

Pero hay personas tan humildes que si hablás una palabra como ésta sobre un sacerdote, ya sos bandido, sos salado, y que esto y el otro.



¿Por qué no se arrodilla ante Santo Domingo?

Porque era un error. Mi Señor me dice: “No te harás imágenes ni te postrarás ante ellas”, y yo lo fui a hacer ahí.



¿No cree en Santo Domingo?

No puedo contestar eso, decir “no creo”, pero eso está en lo mío. Pero divulgarlo puede ser no aconsejable. Hay gente tan fanática que ya no toman las cosas por la verdad, sino que la agarran por donde ellos quieren y viene uno a ser mal visto de la gente. Ya me pasó: la gente me miraba como animal, sólo por aquello de que la Iglesia me excomulgó.



¿Pero anda con las fiestas?

Yo lo que sigo es la tradición. Si viene el 31 de julio vendrá a comer, se desahoga aunque sea un día al año, comiendo, bailando. Un día de júbilo. A mí me preocupa mi comunidad: como los gobiernos no hacen nada, y tengo la facilidad, voy a hacer tal cosa para los chavalos.

Casi al finalizar la entrevista, Lisímaco ya sabe lo que provocarán sus palabras. Mucho hace referencia de él en tercera persona. Es su propio personaje y lo trata de cuidar hasta donde le dé la leyenda. “Muchos están equivocados con Lisímaco. Nunca pensó (usted) que Lisímaco iba hablar una palabra de la Biblia”.

Yo le pido una palabra para el pueblo y resuelve rápido, sin pausas. Su mente sigue despejada después de 46 años de excomunión: “Para esta juventud va mi palabra: sean más comprensivos, que traten de verse como hermanos, que vivan bajo la sombra del poder infinito de Dios. Esa sombra hay que aprovecharla, encomendándose a mi Señor y caminar por buenos caminos, y sean ejemplo de las nuevas generaciones. Espero que los jóvenes me correspondan y sean dóciles”.



“Políticos se aprovechan de Santo Domingo”

Lisímaco es parte de la historia de Managua. Personaje ineludible. Dice cuatro y a veces hasta cinco verdades. Si lo quitan de agosto, el mes quedaría renco.

¿Esto fue una búsqueda personal de la fe, después de toda una vida en esta tradición?

Yo no busco al Señor. El Señor anda conmigo aquí (y se señala el corazón). Es una coraza delante de mi vida. Yo no pertenezco a otra Iglesia, soy católico apostólico y nicaragüense, no soy romano.

Ahora, ahí está Santo Domingo, adentro (en su casa). Y no les puedo decir a mis hijos, a mi mujer, no celebrés La Purísima. Sus sentimientos son eso, ¡ideay, cada cual que viva su vida, que trate de salvar su vida o se hunda más!, pero yo, lo mío no. Claro, los apoyo, son el ego de la casa, tiene que consultar conmigo, y yo digo si se hace o no se hace.

Luego, como la explicación que sigue a una confesión, nos dice: “Esto que he platicado con ustedes se los he hecho ver a ellos, que soy un hombre que viví engañado”.

“Yo hice aquello por la necesidad, aquello que venía viviendo desde niño, que me enseñaron mi padres, por eso fue que a Santiago lo eliminaron en Managua, porque las fiestas de Santiago las eliminaron de Managua, porque eran fiestas religiosas. Apareció Santo Domingo con alboroto, bebederas de guaro, y entonces a ése se pegó más rápido la gente. A lo pagano. Eso es responsabilidad de cada quién”.

El “torólogo” ha debido enfrentarse al poder. El temible William Cranshaw, de la argolla somocista, lo echó preso porque Lisímaco no lo ungió como mayordomo.

Al vicepresidente José Rizo le preguntó en su cara qué andaba haciendo de mayordomo en Managua si es de Jinotega, y nunca se acercó a una iglesia en ese departamento. “Yo le dije que lo hacía por sacar pantalla”.

De Nicho Marenco también dice: Lo miré en la Roza del Camino y cada vez que veía una cámara de TV así se ponía (y Lisímaco se hincha como un chompipe).

Después de todos estos avatares, este hombre es el más indicado para describir las festividades que arrancan de lleno el Primero de Agosto:

“Dos cosas se apoderaron de las fiestas, que van a pasar, “porque todo pasará menos mi palabra, dijo el Señor”: el mercantilismo y la política. Eso se apoderó ahorita de la tradición.

El triste caso del ... Triste Cedeño

“Yo le dije a Roberto Cedeño, cuando era alcalde: ese millón 200 mil córdobas que vas a darlos para la fiesta no lo gastés y dáselo a la gente que vive a la orilla de los cauces”.

“Cedeño me dice: ¿y qué bandera voy a levantar yo?

Él le recomendó: “Que cada comité busque cómo financiar sus gastos, y esos presupuestos gástenlos en la gente que vive a la intemperie, en el “Hugo Chávez”, antes que gastarlos en pólvora. Le digo más: no me dé ni medio a mí para la vela del barco, yo veré cómo haré para hacerlo si es que tengo amor a la tradición. Pero como usted da lo reales, digo yo, pues no me molesta”.




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