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Opinión

Por el respeto a nuestra Constitución Política (Nueva Generación)
Francisco Enríquez Cabistán
enriquezcabistan@hotmail.com

Hace poco venían a mi mente (y de manera constante) las imágenes de la televisión en donde algunos diputados caminaban a la sede del ente regulador Telcor, con una Constitución Política en sus manos, alegando su cumplimiento.

Esto me hizo recordar unas de las obras de Derecho Constitucional que más me ha impactado como constitucionalista y que había leído y debatido con sumo detenimiento en España hace meses atrás con el profesor Jesús González Pérez, de nombre: "Teoría de la Constitución", del jurista alemán Karl Loewenstein, para saber qué tipo de Carta Magna poseemos.

En el libro se hace mención a una clasificación de la Constitución Política muy sui géneris y vista desde el punto del carácter ontológico, en normativas, nominales y semánticas.

a) Las Constituciones Normativas son aquellas en las que el o los gobernantes y los gobernados la cumplen fielmente, es decir, existe una cultura de respeto a las normas jurídicas, a las instituciones, al Estado de Derecho y por ende, a la propia Constitución Política. Decía Loewenstein, "es un traje hecho a la medida de la persona". Un ejemplo de estas constituciones, tenemos a la mayoría de los países europeos entre los que encontramos a Holanda, Suecia, Inglaterra, etcétera.

b) Constituciones Nominales. Se refieren cuando el o los gobernantes y los gobernados tratan de cumplir la Constitución, pero existen limitaciones sociales, políticas y culturales que impiden su cumplimiento total, es decir que hay un esfuerzo por respetarla. En palabras de Loewenstein, "el traje es muy grande", entre estas constituciones podemos encontrar a países como Costa Rica, Chile, entre otros.

c) Constituciones Semánticas. Estas constituciones son en las que el o los gobernantes y los gobernados no la cumplen ni la hacen cumplir, se mofan de ella y la utilizan para satisfacer intereses personales o de partidos políticos carentes de democracia. No hay una cultura de respeto a la legalidad y la legitimidad. El Estado en vez de ser de Derecho se vuelve en un botín. Y en palabras de Loewenstein, "aquí ni siquiera es un traje, es una mascarada, un disfraz". A mi parecer, es aquí, en esta clasificación, en que encontramos a nuestra Constitución Política.

Por eso, al ver a nuestros diputados (con un estilo poco usual) caminar con nuestra Carta Magna pidiendo el cumplimiento de la misma, me causó asombro y tristeza a la vez, porque nuestros funcionarios públicos demuestran qué poco les interesa el Estado de Derecho, las instituciones y la cultura política de legalidad nicaragüense, sino otros tipos de intereses que no es el nacional.

Todo esto nos conduce en el ámbito público (de los funcionarios) a una crisis ética, política y moral que trasciende lo político e institucional, debido a que se pierden principios fundamentales que deberían de conducir a una existencia individual y comunitaria compatible con la dignidad de cada nicaragüense.

Por ello, se hace necesario un nuevo contenido de hacer política en donde se abandone el actuar tradicional de nuestros políticos, dando paso al relevo generacional para que sean los y las jóvenes quienes tomen la batuta en sus manos en la búsqueda de modernizar nuestra nación sin presiones ni manipulaciones económicas, de clases sociales y políticas de ningún tipo, y de esta manera se unan esfuerzos para enfrentar los nuevos retos que la globalización y otros fenómenos transnacionales. La continuidad en el poder y la permanencia en los cargos públicos deben desaparecer para el bien del país, y evitar, por ejemplo, que personas (poco conocidas) sean diputados desde el año 1984 hasta la actualidad; eso no puede ser posible, sobre todo cuando no se ha aportado lo suficiente para satisfacer el bien común de todos los nicaragüenses.

Si todo permanece igual, seguiremos con la misma cultura corrupta de nuestros funcionarios públicos que siempre se aprovechan de las situaciones para halar agua para su molino, y de esta manera, cuando nuestros políticos se levantan se despiertan aún bajo la sombra de Pedrarias Dávila. Esta situación tiene que cambiar.


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