Domingo 10 de Julio de 2005 Hora local | Managua, Nicaragua


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De tecnócrata a misionero
** Inició una cruzada de emprendedores predicando desde EL NUEVO DIARIO
** “Hay lectores que después de leer la página montaron sus propias empresas. Para mí, eso vale mucho más que tener un diploma guindado ahí”
Edwin Sánchez

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La clave es atrapar los sueños más extraordinarios, domesticarlos y después darnos el gustazo de dejarlos libres en nuestras vidas ordinarias. Y eso es lo que entendí, después de encontrarme con el personaje de hoy.

En la oficina de Arnulfo Urrutia los sueños no sólo se palpan, sino que se exhiben como esos trofeos que los grandes cazadores colocan para adornar ya no la casa, sino sus propias vidas: tres páginas enmarcadas de “Emprendedores”, la sección quincenal que publica EL NUEVO DIARIO.

Pero no es un cazador común y corriente, aunque se interna en ese bosque cotidiano de la gente. Él va a la caza de éxitos dormidos. Su coto de caza son precisamente las personas que tienen enjaulado, entre los barrotes de la costumbre y del yo-no-puedo, su tigre de Bengala. Muchas veces se ha encontrado con gente que lleva un gatito y otras ni con eso.

Las instalaciones del Ipade, carretera a Masaya, parecen ser su hábitat. Ahí alquila el espacio para su oficina. ¿Qué mejor lugar que éste?, dice. Él mismo se coloca de ejemplo. Los testimonios prestados son efectivos, pero más los genuinos.

Rasurado al rape, de fácil sonrisa como si viviera en otro país, sirve sobre la mesa sus datos. Economista con maestría en mercadeo. 50 años “a tuto”. Y proyectos. Ideas. Y un “parto” reciente: la fundación del Instituto Tecno Emprendedor Centroamericano (Iteca). Tan animado habla de su “criatura” que el lunes se empieza a disolver de tan liviano que se puso.

Hasta el 2000 laboró en una sólida empresa de capital canadiense. “Pero el mundo farmacéutico era muy encerrado. De ahí me salí. No me ha gustado mucho la especialización”.

En el pasado se introdujo en el ámbito de la informática. En la era de las computadoras prehistóricas, él fue un estudiante de bachillerato reclutado por la IBM. Se especializó. Y llegó a ser, antes de 1979, director del centro de cómputos del Banic, cuando apenas se formaba. Y también renunció.

Hacer cosas variadas

“Quiero hacer cosas variadas, viajar, conocer nuevas gentes. Renuncié sin tener nada amarrado”, dice, al recordar la última vez que vio su nombre en una planilla ajena. Ahora tiene la de él. Es su propio empleador.

“Creo que el éxito de una persona en el mundo tiene mucho que ver con la actitud y aptitud en las ventas”. Si usted lee esta oración, sabrá que este animador de espíritus suda en palabras las reglas para mejorar en la vida. Yo lo veo como un escultor de actitudes.

Renunció el 15 de septiembre de 2000. Tres meses después tenía sus primeros clientes. “Salí a decirle a alguna gente: estoy solo y quiero ver si quieren que les entrene a los empleados de sus empresas”.

Además, impartió clases en la Universidad Americana, en la facultad de mercadeo, administración de empresas e ingeniería industrial. Ah, y en los 80 hasta sirvió en el cuerpo diplomático.

--- ¿No fue un tecnócrata?

El tecnócrata vive ensimismado en ese mundo al cual yo renuncié. Yo era analista de sistema. Significaba que todo mundo te buscaba. Tenía 23 años y me dieron a escoger entre el Banco Nicaragüense y el Banco de Centroamérica, en el tiempo de Somoza.

Consulté, como estaba vinculado a la revolución, a Carlos Núñez (q.e.p.d.), cuál escogía. “Agarrá el Banic, porque en el Centroamérica tenemos uno metido”. Fijate qué

lujo, cosa que un muchacho de 23 años no se da ese gusto.

Arnulfo disfruta de su ambiente y hasta de esas palabras ante las cuales el castellano como idioma católico no le queda más remedio que poner la otra mejilla: emprendedurismo. Sí, habla del mundo del emprendedurismo como una bella expresión, y ciertamente el concepto social sí lo es, pero con todo y eso, el término pasa raspando mis oídos. “Siglo XXI”, me consuelo.

Una taza de café y una laptop. El escritorio de las planificaciones. Su joven hija involucrada en el proyecto y otro cubículo donde están, creo yo, sus asistentes. En el pequeño espacio todo cabe. Es lo tangible de su sueño que ha despertado otros ajenos. Dispone además de aulas para romper las jaulas de los tigres prisioneros.

No esperar a gobiernos

“Soy en alguna medida una persona misionera, porque creo que es posible salir adelante por nuestros propios medios, que no debemos esperar que un gobierno nos resuelva los problemas, que somos arquitectos de nuestros destinos”.

Un día de tantos elaboró un proyecto, lo presentó a la dirección de END y se lo aprobaron. “Sin ser periodista”. Así nació “Emprendedores”. Era una forma de abrir otra puerta. Ventilar el país de ese aire encerrado de tanta política. ”La clave es la economía. Eso es lo que mueve una nación”.

La obra misionera de este apóstol de la emancipación raya entre las fronteras de lo imposible y el milagro. Sin embargo, se mueve en esas áreas con la simplicidad de quien se mueve en lo ordinario. Se dedica a observar lo invisible. Aquello que nadie nota y que, no obstante, son los mejores engranajes para evitar la paralización del país. Él lo dice: “Hay una cara oculta en Nicaragua que es la que mantiene la generación de empleo y dinamiza la economía y que no estaba siendo proyectada”.

“Hay mucha gente que anda desesperada en la calle cuando hay tantas cosas que hacer”.

Sin ser amigo de las citas, menciona de rebote a Federico Mayor, que fue director general de la Unesco. Él decía que el profesional desempleado merecía dos veces estar desempleado.

La frase fue un tsunami descomunal que a otros les puede dejar damnificado viejos moldes como “esa es la voluntad de Dios”. A él le permitió ver las olas más altas de su propia existencia. Sí, Nicaragua cuenta con 40 universidades, “y sólo el 3 por ciento nos graduamos de profesionales, y si hablo de maestría no sé si llegaremos a medio por ciento, a pesar de que eso es medio comercial”.

De ahí pudo llegar a esta conclusión con lo que uno se permite armar una frase: hay hombres y mujeres dedicados únicamente a estar solo vivos. ¡Y ya!

Este economista que no habla de arte y tampoco prefirió ponerse bajo su fotografía el título de filósofo, enseña algo de eso. Pensar en la vida. Seguro que esos pensamientos debieron estar por ahí, alimentándose sin darse cuenta, hasta el momento de haber crecido lo suficiente: “Si los que se supone que sabemos un poco más salimos a buscar empleo, ¿quién --aquí vale la pena poner “diablos”-- va a generar empleos?”

Arnulfo nos dice que ese tipo de análisis lo llevó a investigar este mundo de las posibilidades innatas que por falta de entrenamiento se ensarran. Él cree que después de 3 años permanentes de trabajar en este campo ha provocado demasiado. “La primera página la escribí en febrero de 2002. Me inspiré en un hombre que miré en una carretera a comienzos de los 90 y ahora es dueño de una ferretería muy buena”.

Las inspiraciones están por todos lados

También fue inspirado –ese término le agrada pronunciarlo--- por una señora del hotel Ometepelt, “una señora que con costo sabe leer, dueña (hoy) de los dos mejores hoteles” de la isla.

Lo que hoy no logra descifrar es una terrible contradicción urbana: de gente que se graduaba y anda vendiendo agua helada, o “cadetes” de taxi, “sin menosprecio de esos trabajos, pero digo yo ¿por qué razón va a andar alguien taxeando cuando puede dar más? ¿O va a estar vendiendo dólares en una esquina si puede dar más?”

El panorama citadino lo llevó a pensar: “hace falta algo. Y descubrí que era ese espíritu emprendedor el que teníamos que incentivar”.

Ahora, llegado a este punto, parece haber tomado todo el valor y casi exclama: ¡No soy tecnócrata, lo que más bien quiero es generar un movimiento de emprendedores en Nicaragua!

Movimiento que “incendió” la pradera

“De hecho, ahorita, de noviembre para acá, iniciamos estos cursos de emprendedores. Tengo una buena base de amigos y amigas emprendedores, que intercambiamos negocios, información, ideas y de aquí en un año podremos tener encuentros de emprendedores aunque hayan estado o no en mi curso. Porque ahora, gracias a Dios, las universidades y hasta el gobierno han comenzado a pensar en esto”.

---¿Cuál ha sido el significado de la página de EL NUEVO DIARIO?

La página de END es invalorable. Aquí las tengo --y las vemos decorando las paredes--. Son mis mejores diplomas. Para mí, este es un proyecto emprendedor. En el mundo periodístico nadie se había especializado en esto para comenzar.

Creo que el otro valor es que hay lectores que después de leer la página montaron sus propias empresas. Para mí, eso vale mucho más que tener un diploma guindado ahí, oxidándose a lo mejor. END para mí ha sido fundamental y creo que otros medios de comunicación están tomando esa pauta.

Aquí desfilan los héroes anónimos que dinamizan la economía. Los principales personajes del país son los trabajadores, especialmente el micro y pequeño empresario; no es cierto que la mayor parte de los empleos lo generan los bancos, grandes empresas, mucho menos los políticos.

En este punto, el proyectista señala que el gobierno debe jugar un mejor papel. Por ejemplo, la Unión Europea, entre sus principales postulados descansa el impulso del movimiento de emprendedores, como elemento fundamental para no quedarse atrás de los Estados Unidos de América y el Japón.

---¿Cómo se define Arnulfo Urrutia?

Joven todavía y con 50 años a tuto. Me defino como emprendedor nato que descubrió el concepto mismo, ya un poco mayor, pero que lo traigo desde pequeño, porque trabajo desde los 12 años.

---¿No te has aburrido desde entonces?

--- Fijate que el trabajo es la fuente eterna de la juventud, porque tengo proyectos para muchos años y me he topado con una emprendedora de 85 años y todavía tiene proyectos. Si ella los tiene, ¿por qué yo a los 50 no los puedo tener?

La verdad es que me encanta. Yo digo que ya no trabajo, sino que me pagan por hacer lo que me encanta, que es compartir, dar clases, imparto consultoría a algunas empresas de cómo organizarse mejor, especialmente empresas pequeñas.

Esculpe modelos de actitud en las personas, extrae su potencial. Es su labor.

Yo le digo que emprende una cruzada. El término apenas se había acomodado en la mañana, cuando recordé, al final de la entrevista, un dato, de esos que no salen en los libros de administración de empresas o mercadeo. “Aquí he encontrado, en la cantidad de emprendedores que he entrevistado: el 95 por ciento de las personas tienen valores espirituales muy profundos. La gente que triunfa tiene principios, no son santos, pero creen en Dios, piensan en ayudarle al prójimo”.

“La gente que pasa por acá ha montado negocios, o ha venido a refrendar ideas de negocios que tenía en mente. No es un curso que pasás y salís como que fuiste a la escuela de contabilidad y ya. De aquí salís a montar negocios”.

Toda esta labor empírica lo llevó a dar un salto más en su vida. “De aquí me han salido algunos principios para ayudar a la constitución del Instituto Tecno Emprendedor Centroamericano, Iteca, junto con mi compañero de maestría, ingeniero Edmundo Dávila, y mi hija la ingeniera Marielo Urrutia. Tiene el reconocimiento de Inatec”.

Hay muchos nudos que desatar en Nicaragua. País maniatado. Aquí, dice, siempre están esperando que alguien venga a resolver los problemas. La solución para Arnulfo es tan sencilla como levantarse de la cama: “Hay que destrabar esa pereza mental que nos tiene cautivos”.



Un libro sobre héroes anónimos

Una de las claves para avanzar en la vida es la asociatividad. Así piensa. “Y muchos nicaragüenses están sin un trabajo estable porque no se asocian”. Uno puede disponer de su garaje, el otro de algún instrumento, y así, se puede promover un negocio.

Arnulfo no utiliza los ejemplos clásicos de Henry Ford, de las grandes firmas como K-Mart o Sears, sino de la gente en su medio cotidiano.

A los que elaboran productos, les recomienda tramitar el código de barras. El consejo lo reciben como si se tratara de ir a pedir audiencia a Koffi Annan en la ONU. Entonces les habla de la experiencia de una humilde señora de Jinotepe, Marina Palacios, a cuyos productos naturales les pone su sello y código. La gente lo ve más posible con un “aaahhh”.

Escribirá un libro a fin de que las universidades introduzcan ejemplos locales “para que hablemos de nosotros mismos y elevemos nuestra autoestima en tanto vemos ejemplos de emprendedores exitosos”.

No sólo la piel se puede tatuar. Hay frases incandescentes que tardan en apagarse en el alma. Y si se apagan, queda la marca. “Le pregunté hace 25 años a un amigo que ya falleció, un empresario exitoso. –Hombre, ¿cómo haces vos? Él respondió: La diferencia es muy sencilla. A vos te educaron para obedecer, a mí me educaron para mandar.


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