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Especiales

Comunidades de Matagalpa vencieron el arsénico
* Todas sus fuentes estaban contaminadas y tuvieron que buscar en sitios alejados
* Especialistas los “desahuciaron”, pero nunca se dieron por vencidos y hoy son ejemplo para Nicaragua y el mundo
Haydée Brenes

Foto  

 
Las Mangas, San Isidro,

Matagalpa

Abrir un grifo y ver brotar el agua es una bendición, sobre todo para las mujeres y niños de estas comunidades que pasaban casi la mitad de su día buscando alguna fuente donde obtener agua potable para calmar su sed.

Desde 1994, cuando se descubrió que los pozos comunales estaban contaminados con arsénico, empezó el calvario de estas familias que aún conservan las secuelas como manchas en la piel, ronchas, problemas renales y estomacales debido a la ingesta de agua contaminada.

“Era una dificultad tremenda no tener agua. Primero Enacal y después la Alcaldía mandaban una pipa para que nos abasteciera, pero eso duró poco, porque después ambas instituciones dijeron que no había dinero para continuar enviándola, entonces fue cuando buscamos ayuda de Unicef, y ellos hicieron un estudio mediante el cual descubrimos que todas las posibles fuentes de agua que hay debajo de nosotros están contaminadas”, comentó el señor Ezequiel Martínez.

La solución que encontraron estas familias es ahora un modelo a seguir en todos los lugares donde se carece de agua por diversas razones. Y fue simple: unir esfuerzos, gestionar y que cada uno pusiera de su parte para beneficio común, pues se abrió un pozo en una zona alejada casi 30 kilómetros de las comunidades, donde los estudios de Unicef demostraron a los pobladores que el agua es “buena” para tomarse.



Benefician a otros

“Ahora tenemos una organización con representantes electos en cada una de las comunidades a través de los Comités de Agua Potable (CAP), que a su vez nos escogieron a nosotros para administrar esta pequeña planta de agua que nos beneficia a todos y que ya está dando sus frutos, porque no sólo somos autosuficientes, sino que con los mismos fondos ya incluimos a una nueva comunidad dentro del proyecto que es Santa Isabel”, afirmó el señor Martínez, Presidente de la Junta Directiva del Proyecto de Agua de Las Mangas y comunidades afectadas por arsénico.

De acuerdo con el ingeniero Phillipe Barragne --encargado de proyectos de Unicef, que acompañado por la representante de esa organización Débora Comini realizó un recorrido por la zona--, todo el proceso de elección fue democrático y la honestidad ha primado en este proyecto donde se han realizado tres auditorías en las que ha quedado demostrado que no existen malos manejos en la administración.

“Sin saberlo, los habitantes de estas comunidades han desarrollado un modelo para los nicaragüenses que no tienen agua, que podría aplicarse en el resto del país y en el mundo, en lugares donde se carezca de agua”, destacó Barragne.



Multiplicando la bondad

“Uno no debe olvidar nunca cuando recibió ayuda y debe reproducir esa ayuda”, afirmó el señor Martínez, “porque uno pasa penurias cuando no tiene agua, por eso todos los miembros de los CAP votaron a favor de llevar el agua a Santa Isabel cuando se propuso, como una manera de que esas “pringas” de bondad que tuvieron con nosotros se ampliaran hasta allá”, dijo.

La comunidad de Santa Isabel se fundó después del paso del huracán Mitch, cuando especialistas encontraron que el cerro donde esta población habitaba era vulnerable a deslaves.

“Cuando llegamos aquí fue mejor porque estábamos seguros de que la tierra no nos arrastraría, pero era una cruz andar buscando el agua, cada día caminábamos en distintas direcciones para no aburrir a la gente y lo que nos daba más miedo era que la gente de la Alcaldía podía abrirnos un pozo, pero sabíamos que el agua era mala, entonces fue cuando hicimos las cartas y gestiones y ya ve, en menos de cuatro meses tenemos agua, la estrenamos hace nueve días”, señaló la señora María de la Cruz Masís García.

El proyecto de agua de Las Mangas beneficia a 450 familias y tiene 375 conexiones registradas; los habitantes pagan como mínimo 47 córdobas y como máximo 65, que equivalen al consumo de 13 metros cúbicos de agua.

“Raras veces la gente usa más de diez metros cúbicos de agua porque cuidan mucho del recurso, en invierno mucha gente recoge agua de lluvia para lavar la ropa y así consume menos, desde la fundación del proyecto sólo le hemos cortado el servicio a tres personas, porque cuando se retrasan con tres pagos entonces se les manda el aviso de corte y corren a pagar”, dijo Raúl Pastor Machado, encargado de finanzas del proyecto de agua.

Por su parte, la representante de Unicef para Nicaragua, Débora Comini, mostró mucha satisfacción por el proyecto y comentó que lo único que le hace falta es reforzar un poco la parte social y de salud, para que las mujeres se integren más en el proceso.



Agua en el Llano

A unos 30 kilómetros de la comunidad de Las Mangas está Llano de Boquerón, donde no hay agua y en verano las personas sufren una gran escasez, al punto de no enviar a los niños a la escuela, pues el día se lo pasan en una pequeña vertiente, donde deben esperar acuclillados por lo menos 40 minutos para llenar un recipiente de diez litros de agua.

Jerónimo Valverde, líder comunitario, expresó que se ha roto la piedra y excavado junto a Enacal hasta setenta metros de profundidad en busca de agua sin resultados positivos. Unicef ha realizado estudios, y en uno de ellos casi tuvo la certeza de haber encontrado el sitio idóneo para llevar agua a estas personas, aunque la ciencia también perdió esa batalla. Pero el persistente Jerónimo vio que en un sitio cercano a la quebrada seca donde llegaban a traer el agua la tierra estaba húmeda, y comenzó a excavar.

“Yo le dije a la gente que me ayudara, pero me dijeron que estaba loco, porque ni en los pozos de 70 metros se había encontrado nada y qué se iba a encontrar aquí. Entonces comencé solo a rascar la tierra. Cuando llevaba cinco metros miré que la tierra estaba cada vez más mojada, y entonces cuatro hombres vinieron a ayudar, rascamos diez metros y encontramos agua, pero en verano no da abasto para todos”, dijo Jerónimo.



Cisternas profundas

Para solucionar el problema del agua en Llano de Boquerón, el organismo Odessar, que trabaja en la temática de producción y semillas, apoyó un proyecto de almacenamiento de agua, pues ésta era una prioridad expresada por la gente.

En el territorio atendido por esta ONG existen cuatro comunidades con carencia de agua, pero la más afectada es Llano de Boquerón. En total se han colocado 84 cisternas para almacenamiento del vital líquido.

La tecnología de cisternas consiste en cambiar el techo de teja tradicional a láminas de zinc y recoger el agua de lluvia a través de canales, para que pasen por un filtro fabricado con cemento, que en su interior contiene arena y piedra bolón de diferentes diámetros para que las impurezas no pasen al pozo, que es la cisterna.



Sin crédito

“A mí me beneficia mucho y la gente que no se quiso arriesgar a tener una cisterna, ahora la desean, pero no hay recursos, de manera que estamos haciendo un listado para solicitar un crédito para las láminas de zinc y los demás materiales que se necesitan a fin de que todos tengamos el agüita que es una prioridad, y no se necesitaría de alguien que viniera a hacer el trabajo porque nosotros los que tenemos las cisternas podemos enseñarle a los demás”, señaló Valverde.

Con la tecnología de cisternas, las familias beneficiadas cubren su necesidad de agua durante la mitad del verano, por lo cual Unicef, Odessar y Enacal están buscando opciones para que tengan agua los tres meses más críticos antes de la llegada del invierno.

“Colocamos con el apoyo del Minsa y MECD dos cisternas plásticas de 50 barriles cada una en la Escuela, para que a los niños no les falte el agua y supla a los vecinos cuando el agua que tienen almacenada se agote, pero seguimos buscando opciones como ahondar el pozo que encontró Jerónimo para garantizar agua”, concluyó Silda Leytón, encargada de proyectos rurales de Enacal.


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