Miércoles 29 de Septiembre de 2004 Hora local [an error occurred while processing this directive] | Managua, Nicaragua


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Opinión

Juan Bautista Arríen
Carlos Tünnermann Bernheim

La semana pasada, bajo el patrocinio de la UPOLI y de su Instituto “Martin Luther King”, tuvo lugar el acto de entrega de la “Orden de la Paz Martin Luther King” al Dr. Juan Bautista Arríen, en reconocimiento a sus méritos personales y su relevante contribución a la educación, el deporte, la Cultura de Paz y el desarrollo cívico de Nicaragua. Al hacer el elogio del Dr. Arríen como educador, expresé, entre otros, los conceptos que dan contenido a esta columna.

El Dr. Juan Bautista Arríen, español de nacimiento, “renacido en Nicaragua” como el Padre Angel Martínez, adoptó nuestra nacionalidad desde hace más de 25 años, cuando cumplió con los trámites migratorios del caso. Pero, desde antes, ya había adoptado, con entrañable afecto, esta tierra que ha sido testigo de su brillante trayectoria y de sus invaluables aportes a la educación nacional.

No es este un homenaje más a una figura destacada y admirable. En realidad, más que un homenaje, es un acto de justicia y reconocimiento para quien optó por quedarse con nosotros, a sabiendas de que nuestro país es un país lleno de dificultades, complejo y, a ratos, frustrante. Pienso que fue una decisión donde las razones del corazón pesaron más, desde luego que Juan nos ha acompañado, como un ciudadano nicaragüense, en las circunstancias tan difíciles que hemos vivido en las últimas décadas.

En la década de los años 80, Juan B. Arríen estuvo estrechamente asociado a todas las grandes tareas educativas que se emprendieron en ese entonces: la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980; la Consulta Popular sobre Fines y Objetivos de la Nueva Educación; la transformación curricular, la elaboración de los primeros planes de desarrollo educativo, etc. En todos ellos brindó, con honestidad, objetividad y competencia, sus valiosos aportes.

Durante la Cruzada Nacional de Alfabetización, Juan alfabetizó a varios empleados del Ministerio de Educación que no sabían leer y escribir. Por eso, en su Currículum Vitae figura, al lado de los altos cargos que desempeñó en el Ministerio, aquel que quizás le produjo más satisfacción personal: Alfabetizador (1980). A finales de 1989, en compañía del Profesor Róger Matus Lazo, Juan coordinó la obra más completa que se ha escrito sobre lo que fue la educación de Nicaragua, en todos sus niveles, durante la década de los años 80. Esta se intitula: Nicaragua: diez años de educación en la Revolución.

Juan Bautista Arríen no solo ha sido un actor en los procesos de desarrollo y transformación de nuestra educación. También ha sido un pensador, un filósofo, un investigador, que ha dedicado al tema decenas de libros, folletos y artículos. Esto lo convierte en un autor de obligada consulta para quienes deseen conocer la problemática y las perspectivas de nuestro sistema educativo. Hoy en día, Juan Bautista Arríen, es una de las voces más autorizadas del país en materia educativa. Su afán investigativo le ha llevado a fundar varios centros consagrados a la investigación educativa, campo en el cual el Dr. Arríen es un auténtico pionero.

Un educador de la talla del Dr. Arríen no podía circunscribir su acción a nuestro país. Pronto los organismos internacionales de más prestigio lo asociaron a su trabajo. Es así como por varios años a sido Secretario Permanente de la Comisión Nacional de Cooperación con la UNESCO y representante de este organismo mundial en Nicaragua. El Dr. Federico Mayor Zaragoza, mientras fue Director General de la UNESCO, conoció y apreció el trabajo del Dr. Arríen y lo designó, en 1990, “Embajador Honorario para el Año Internacional de la Alfabetización”.

Juan Bautista Arríen no sólo ha escrito libros destinados a los especialistas en educación. El ha querido hacer del país una gran aula donde los temas educativos sean presentados en forma clara y sencilla. Para ello, se ha impuesto la tarea de escribir ininterrumpidamente un artículo semanal en “El Nuevo Diario”, artículos que son un verdadero repertorio de temas para los maestros y para todos los sectores interesados en la educación, pues Juan aborda en ellos toda la problemática del sistema educativo y, a la vez, da valiosas opiniones sobre los caminos a seguir en el mejoramiento de nuestro quehacer educativo. Además difunde, a través de ellos, las recomendaciones más importantes que resultan de las Conferencias y Congresos que auspicia la UNESCO. Estos artículos han dado luego contenido a varios volúmenes publicados bajo los auspicios del PREAL y la UCA, con el título: “Educación en concertación. Para un Proyecto Educativo Nacional”.

Juan es un convencido de que la problemática educativa debemos abordarla en su conjunto y asumiendo al Sistema Educativo como una totalidad. Espigando en esos artículos encontramos conceptos como el de reforma educativa integral, una asignatura pendiente entre nosotros. “Sigo creyendo, afirma Juan, que una reforma integral de nuestro sistema educativo constituye una necesidad histórica”. Ojalá el próximo Foro Nacional de la Educación contribuya a ese propósito. Juan también ha sido un abanderado de la idea de diseñar, sobre la base de un gran consenso, un proyecto educativo nacional. Partiendo de las recomendaciones de la UNESCO, Juan aboga por un “nuevo contrato educativo-social entre Estado, Sociedad Civil y Educación, en la perspectiva de los cambios que están experimentando las instituciones democráticas y la propia educación como derecho, servicio y proceso de enseñanza-aprendizaje”.

Gracias, Juan, por todo lo que has hecho por la educación nicaragüense. Gracias por tu compromiso ciudadano y cristiano con la educación. Gracias por tu pensamiento, por tu ejemplo y tu indoblegable optimismo. Gracias por cuanto ante tu crisis de salud, el educador que siempre ha abrigado tu persona se agigantó y nos enseñó que también es preciso “educar para situaciones límites, diciéndole siempre sí a la vida”.



Managua, septiembre de 2004.


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