Miércoles 15 de Septiembre de 2004 Hora local [an error occurred while processing this directive] | Managua, Nicaragua


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Los mitos sobre Rafaela Herrera
-I Parte-



Tardaron mucho en reconocer su heroísmo y aún quedan dudas sobre su actuación en 1762. El lenguaje que empleó en el momento de la defensa de la fortaleza, conocido en los textos de historia, así, elegante, protocolario, igual que su traje como si fuera a una fiesta de gala en un salón de Madrid, ¿fue real?

Preguntan por ahí, ¿y es que el Almirante Nelson también estaba entre los atacantes? Rafaela Herrera era una jovencita cuando ocurrieron los acontecimientos que la catapultaron muchos años después al pedestal de los símbolos, a los billetes y a las reseñas escolares. De ella poco se sabe de lo que fue ya adulta, ya casada, ora abandonada, ora olvidada...

“A la historia de Nicaragua no le podés quitar a Rafaela Herrera ni siquiera diciendo que es española, porque es un suceso de Nicaragua, en tierra de Nicaragua y actúa como nicaragüense, defendiendo esta tierra que no era de ella”.

El académico Fernando Silva no ve la historia como la acostumbramos a ver el resto: desde lo que dicen unos cuantos textos aprendidos en los colegios. Se basa en la Monumental Historia de Centroamérica, de Molina Argüello; en sus propios estudios e investigaciones.

“Después se va a vivir a Granada y no se vuelve a ver”, dice de la mujer que quedó perennizada en el dibujo de su juventud, con su traje de Castilla, la tea y el cañón en la fortaleza de El Castillo.

Desde lo que dicen los historiadores tradicionales, se pretende que una avanzada inglesa “con todos los fierros” se remontó desde Jamaica, entró por el río San Juan y casi alcanzó lo que hoy es el poblado de El Castillo.

¿Cuál llave?

El texto de historia “Efemérides patrióticas de septiembre, símbolos y emblemas nacionales”, texto oficial del MECD, firmado por Humberto Belli, refiere: “El 29 de julio estaban los ingleses frente a El Castillo”. “Se rompieron los fuegos, se acercó después un inglés a pedir las llaves de la fortaleza en nombre de Su Majestad Británica, más Rafaela Herrera respondió que no entregaba la fortaleza y resistía”.

¿Cuál llave?, ni que fuera una caja, una puerta, dice Silva.

De aquí comienzan las aclaraciones. Silva no admite que haya legiones de soldados ahí, sino unos cuantos asalta caminos. Quizás uno o dos ingleses, y el resto zambos o negros.

Arreglo de historiadores el invento Nelson

“Hay arreglo de cosas que oyeron algunos historiadores, porque algunos son bastante traviesos y meten datos y dijeron que venía una gran invasión a Nicaragua por el río San Juan al mando del gran guerrero Nelson. Y es verdad, existe a la orilla de El Castillo un cerro llamado Nelson, pero por la tradición: nunca ha estado Nelson aquí. Nada tiene que ver, eso sí es mentira”.

“En Jamaica estaba la fuerza inglesa, siempre dispuesta a caerle encima a los españoles. Mantenían esto revuelto con algunos dos soldaditos tontos, ingleses, que andaban con un grupo de zambos y de moscos que, azuzados por algún inglés, se les metió venirse por aquí sabiendo que había una fortaleza y la habían sitiado. En ese momento muere el castellano Josep.

“Y la gente que estaba en el fortaleza eran unos pocos pelagatos. Algunos indios que llegaban y les daban comida de las provisiones que llegaban de Granada”.

Un relato teatral

“Llegaron para robarle a los que pasaban por ahí y no para hacer una guerra”, sostiene.

La historia sobre Rafaela Herrera que divulga el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes bajo la dirección de Silvio De Franco, da para un relato teatral: “Viendo que los negros mulatos trataban de rendirse, Rafaela sintió bullir con fuerza impetuosa la sangre que corría por sus venas y los interceptó:

¿Os habéis olvidado de los deberes que les impone el honor militar? ¿Vais a permitir que se entregue villanamente esta fortaleza, que es el resguardo de la provincia de Nicaragua y vuestras familias?”

El poeta Silva replica: “¡Eso es mentira! No va a estar haciendo un discurso en esos momentos, esas son babosadas. Lo hacen así para hacer la literatura. En vez de eso, lo más probable que haya dicho en esas circunstancias es: ¡vayan!, agarremos ese chunche, disparemos, ¡disparemos por ahí! ¡por allá! Eso lo que pasó, no eso de “vosotros... sois, eso es babosada de la fea lengua española”.

El texto del MECD continúa: “Entonces Rafaela con arranque sublime sube y sopla...”

“Volvé a ver, qué cursilería”, comenta Silva.

“Sube sola al torreón...”

“¡Ayayay, te me vas a caer!”

“Carga el cañón y rompe fuego contra el campamento enemigo”.

“¡Ayayay!, bailando un tango, agarró la pelota y ¡Fuaaa! la sopló... ¡esas son cochonadas! --critica el historiador.

“Sencillamente le ayudaron a encaramarse al morro donde está el cañón directamente enfocado a ese lado --donde vienen los ladrones--. Además, disparar el cañón no es ninguna ciencia, era sólo encontrar a un idiota que le metiera como guatusero la munición y después la mecha, pegarle fuego y ahí disparaba solo”.

El colmo de las mentiras

El texto oficial de Educación cita: “Lo hizo con tan buena suerte que, al tercer disparo, acertó a meter una bala en la tienda del comandante inglés, dejándolo sin vida”.

--”Cuál tienda” --cuestiona el escritor-- “si ahí no había nada; mentira, estaban a la orilla, amontonados, comiendo los negros y los zambos unos pescados y cangrejos que agarraban. Esa es la verdad. Hay que ver las cosas como son: naturales”.

“Enfurecidos por la muerte de su jefe, los ingleses...

“¿Cuáles ingleses?”

“Emprendieron con saña el ataque del castillo, pero ya la guarnición, entusiasmada por el heroísmo de la niña, le opuso enérgica y valerosa resistencia, causándoles grandes pérdidas en hombres y embarcaciones”.

Pura cursilería

“Todo eso es cursilería”, señala Silva. “La verdad clara es: entonces viene la gente que está ahí, en El Castillo y saben que los van a atacar un poco de negros y un poco de zambos con uno o dos ingleses muertos de hambre y ladrones, asalta caminos.

“Entonces, lo que dicen los cuatro pelagatos que están en la fortaleza es: ¡vámonos de aquí! Y salen en carrera. Y ella sale en carrera, los llama y les suplica: ¡vengan!, ¡ayúdenme!, agarremos estas sábanas. Y meten la pelota en el cañón. Cuando los muertos de hambre negros y zambos y quizás dos o tres ingleses salen en carrera, ahí acabó todo.

“Aquéllos quedaron con miedo en la fortaleza --después de los sucesos que recoge la historia-- y finalmente se fueron, y también se fue Rafaela Herrera”.

Pero contado así no alcanzaría ella en un billete de diez pesos.

“¿Por qué?”

Porque no está la gran artillería, “ni las naves y hombres” que despachó el gobernador de Jamaica, William Henry Litleton contra Nicaragua, ni el futuro Almirante Nelson.

“Es que el acto no consiste en artillerías y todo eso, sino en la gente que va a atacar la fortaleza. Su padre muere, los que se iban en carrera hace finalmente que le ayuden, dispara un cañón y los que querían atacar salen en carrera. Ese es el acto heroico”.

¿Y todo esto que se habla en la historia oficial, toda la tramoya?

“Esa es otra cosa, es la fafulla que tienen las cosas”.

El doctor Silva nos aconseja: “Hay que revisar los puntos de vista que nosotros tenemos con la historia y que la historia tiene con nosotros. No olvidemos: la historia no es nada simple, es lo que se cuenta que sucedió y el cómo sucedió, es bien complejo”.





Mañana: Rafaela Herrera fue sirvienta y su nieto hundió barco de Somoza.




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