Martes 7 de Septiembre de 2004 Hora local [an error occurred while processing this directive] | Managua, Nicaragua


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Opinión

Más apellidos de pureza nica
Francisco Gutiérrez Barreto

Estuve unos meses en Caracas. Usé mi tiempo libre para la investigación, asunto que me agrada y llena, sobre todo cuando la soledad aparece. También visité República Dominicana y su capital Santo Domingo, en afán de entrevistar a Andy García y Dustin Hoffman, quienes allí rodaban una película titulada La ciudad perdida, basada en la obra de Guillermo Cabrera Infante. Aproveché y visité al doctor Gerardo Estévez Valoy, catedrático universitario, especialista en apellidos propios de su país, de aquellos caribeños y familiar del famoso músico merenguero, Cuco Valoy Gerardo, con sabiduría y ausente de egoísmo, satisfizo demandas relacionadas a mis deseos por acuñar el total de apellidos indio-nicaragüense, que a comienzos de nuestro siglo existen aquí. Puede que lo consiga y aquellos recopilados hasta ahora tienen origen propio, comprobados, son además exclusivos y con certeza que sí aparecen en otras naciones, como el caso de Ticay en Costa Rica, tienen marca registrada nica. Recordemos, vivimos en tiempos globalizados y por diversas causas, entre ellas la emigración masiva iniciada en los años ochenta, podemos encontrarlos en otros lares, aunque no abundantes.

Dice el maestro, que los nombres de familia con menores variantes en escritura, conforman grupos familiares distintos; que los apellidos son caprichosos; que no obedecen a reglas gramaticales; que Vázquez y Velázquez en el Caribe son con doble zeta y no relacionados a Vásquez y Velásquez; que Valdéz y Valdés son dos apellidos distintos. Y, como es amante del béisbol y yo nica, trató el apellido Benard, no pariente de Bernard, Bellard, Berard, Belliard, Bevard y Bedard, todos de ex o peloteros activos en las Grandes Ligas.

Bajo este criterio mi listado crece al sumar aquellos que consideraba derivados. Tenía clasificado Ondoy, ahora adiciono Hondoy, Mondoy y Mondol. A Jalina, Jalinas. Se añade a Potosme, Postome. A Suze, Suce y Suse. A Naborío, Laborío. Tengo enlistado Namoyure, entonces adoso Namoyures, Namoyuri, Namoyori, Narmoyure, Narmoyures y Narmollure. Complemento Ñamendi, con los siguientes: Ñamendis, Ñamendy, Ñamendys, Ñamendiz, Ñamendez y Ñamendyz. Igual a Ñoriongue con Ñoriongues, Ñorionguez y Ñorionga. Y, a Taisigüe, Taysigüe. Por tanto, son 24 los nuevos.

Aproveché también mi descanso caraqueño para depurar una pequeña lista de apellidos que tenía pendientes, entre ellos: Araque, Garache, Lorío, Lumbí, Paisano y Puyo. Ahora los resultados: Araque, es un nombre de familia frecuente en el área de Valencia, España. Parece que viene del Medio Oriente. A unos cien kilómetros al Sur de Teherán, capital de Irán, existe una gran ciudad llamada Arak, que cuando se pronuncia en los idiomas oficiales de la nación islámica, árabe, turco y sahuí, suena araque. Es abundante por el Norte de México. Igual en Colombia y Venezuela, y el más famoso portador de este apellido en la actualidad es el presidente de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), Alí Rodríguez Araque.

Lorío, siempre supuse que este nombre familiar era autóctono. Crecí junto a Guillermo Lorío, hermano de crianza y luego chofer de Pablo Rener, en Managua. Ahora vive en Miami. Con frecuencia y cariño, nos tratamos. Guillermo creció en mi casa de Masaya. Pues bien, su apellido tiene de patronímico una región y ciudad de Navarra, España. Incluso porta escudo heráldico y como nombre de familia es numeroso en el norte de España. Podría clasificarse de vasco. Se encuentra también en Argentina y Uruguay.

Lumbí: sospeché era africano, ashanti o lucumí, y aunque la palabra existe en esos idiomas, pero sin acento, cuando se pronuncia suena a otra cosa, diferente. Además, rectificado está por internet y si aparece, es relativo a una persona de Nicaragua. No existe en otras naciones y queda como indio-nicaragüense. Igual sucede con Paisano, Puyo y Garache, a pesar que Holman Garache, candidato conservador a la Alcaldía de El Ayote en Chontales y ex comandante Contra, es bien blanco. Tenemos entonces, cuatro más.

Ellos, más los 38 expuestos en mi trabajo titulado Ensalada nica de apellidos IV, publicado por END el domingo 25 de abril de 2004, ascienden a un total parcial de 66. Aprovecho para informarles que el tema está constante en mi pensar, haciendo inclusive apartar la musicografía, campo de mi predilección. Pero, antes de terminar esta exposición, quisiera exponer la siguiente reflexión:

En mi serie de artículos sobre los apellidos autóctonos, los he referido como indio-nicaragüense y desechado el término indígena, por razones antes escritas. Inclusive el trato es de abolengo, por originalidad y antigüedad, sin embargo, ¿estaré correcto? No olvidemos, la llegada de los españoles significó la juntura o fusión de dos culturas en una nueva versión, la mestiza. Así, la escritura castellana simbolizó el verbo o sonar del habla india, en una lengua también mestiza, llena de términos que trascienden hasta nuestros tiempos.

No ajenos a este movimiento, los nombres de familia propios y antiguos, adaptados o adoptados por nuestros antepasados, siguieron la misma mezcladura. ¿No sería más acertado tratarlos como apellidos mestizos en vez de indio, aunque sobrepongamos la cultura a las raíces genéticas?



En Nicaragua, septiembre 2004.




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