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Ahuizote, toda una cultura de la muerte
La tradición de los ahuizotes nada tiene que ver con las máscaras de las brujas europeas, o con el show comercial del Halloween, sino con la trasmigración de las almas al valle de los muertos

Arnulfo Agüero

 
El lado oscuro y misterioso de los ahuizotes desde sus orígenes prehispánicos hasta la desaparición en nuestros días, ha sido estudiado por el investigador nicaragüense Edgard Escobar Barba, quien lo ha relacionado al inframundo universo alterno de los muertos, al espanto de los espectros del agua, al mito, chamanismo y “brujería” de ultratumba.

Este campo también puede ser estudiado desde el ángulo de los fenómenos paranormales perdidos en el tiempo, externa Barba, autor del libro inédito “Entre sustos con el ahuizote”. Pero él ha preferido enfocarlo desde el ángulo de la antropología mística y culto a la muerte de sus antepasados mesoamericanos.

El ahuizote, también es conocido como “ahuitzotl”, “agüisote”, o “fantasma del agua”, y fue traído por las inmigraciones nativas mexicanas. “Estas razas mesoamericanas de la cual provenimos tenían en su mundo cosmológico todo ese misterio chamánico de la muerte que aún no hemos logrado descifrar a plenitud”, valoró el ahuizotólogo.

El ahuizote tiene que ver mucho con las creencias del agua y las sombras. La muerte y la ascensión de las almas. En este sentido, Barba nos revela que cuando un indígena moría, éste era acompañado al valle de los muertos por el perro mudo, el xulo. De lo contrario no podía lograr la trasmigración de su alma, la que tendría dolorosamente que penar como un fantasma condenado a vagar sin consuelos.

Vale destacar que esta apreciación de Barba es coincidente con la de los historiadores de la Colonia. Ellos afirmaban que el “shulo”, “xulo”, o “xoloiztcuintle”, era igualmente visto por los nativos aztecas como “xolotl”, deidad con efigie de perro. Asimismo, el náhuatl lo representaba como un esqueleto con el sol a cuestas o como un perro muerto con una flecha en el hocico. Esta era su relación de importancia sagrada.

Pero eso no es todo, también los toltecas lo definían como el doble de Quetzalcóatl durante su estancia en el mundo subterráneo del valle de los muertos. Estos perros se encontraban en Teotihuacan para finales del arcaico tardío, 4,000-3,000 años antes de Cristo y desaparecieron siglos después de la venida de los españoles.

Pero los ahuizotes también lo relacionaban a los espantos y muertes misteriosas. Lo veían como un raro ser que cobraba venganzas o castigaba.

Para los menos supersticiosos lo han relacionado al ajolote. Este es un anfibio que vive en los ríos. De ellos existen unas quince especies en México y Estados Unidos. Estos ajolotes conservan sus branquias, tienen patas sin desarrollar y cola con aletas.

Sobre este extraño animal, Barba sostiene “que en el bestiario náhuatl, se habla de un ahuizote que atacaba dentro del agua. Era un animal que tenía una cola que era como una mano. Este atrapaba a las gentes, quienes después aparecían ahogados”.

Parte de esta cultura antro-mística, señala el profesor Barba, llegó a Masaya con la tribu de los mangues, pero sus antecedentes primarios se remontan a los reinados antes de Moctezuma, con el emperador azteca de ese tiempo, Ahuitzol, que llegó al trono después de haber realizado masacres sangrientas, las cuales ofreció a sus deidades.

Para celebrar la subida al imperio, dicen las crónicas que “chorreaba sangre desde lo alto de las pirámides, porque este emperador inventaba “guerras floridas” -- guerras con pretextos místicos -- para poder realizar los multitudinarios sacrificios humanos los que buscaban la protección de los dioses de la naturaleza como Tlacloc, dios del agua.

Otra de las cosas escalofriantes de los ahuizotes, deriva del enmascaramiento con pieles humanas. En las noches, nos comenta, los nativos se ponían el pellejo de los que mataban para espantar a sus enemigos, los españoles. Estas “apariciones fantasmales”, a como la percibían los colonizadores eran casi siempre cerca de los ríos donde hay árboles grotescos que propiciaban el espanto del ahuizote.

Toda esta cultura ha venido evolucionando y expresándose de diversas maneras. Barba nos explica que en las últimas generaciones, el ahuizote ha venido a adquirir una manifestación folclorista del susto y recuerdo de la tradición. “No como la del Halloween que es asesinatos, terror y de otras prácticas oscuras”.

Leyendas y mitos

Los ahuizotes están más relacionados a las leyendas y mitos, que se contaban por las noches oscuras alrededor de las fogatas. Por ejemplo, señaló, el ahuizote se relaciona al relato que decía que en épocas de lluvia las “Tzitzimine” (mujeres esqueléticas que se quitaban las carnes), bajaban de las estrellas y agarraban a niños y mujeres y los convertían en ratones.

Estas poderosas mujeres solo las podían retar los mejores guerreros o chamanes que vencieron el miedo. Otros parientes de estos rituales negros son los de la “Mona bruja”, y el de la “Cegua”, vista por algunos como la “novia de los ahuizotes”.

Otro de estos espectros de la sombra, es la “Llorona” o

“Cihuacoatl”, que viene del periodo de Moctezuma II. Se dice que en una noche aparecieron unos hombres parecidos a Quetzálcoalt montados sobre unos venados, cuando se oye el desesperado grito de una mujer que dice: ¡Ay... mis hijos! Este primer lamento anunciaba la muerte y la caída del imperio Azteca.

El tercer espectro fantasmagórico es el “Gritón”. Este ha invadió los territorios de México, Brasil, El Salvador y en Nicaragua, en León. En las noches frías se escuchaba unos enormes pasos y su grito despavorido. Conforme se va acercando, el grito el indígena se agiganta.

Todo estas expresiones tienen que ver mucho con el día de los muertos, el 2 de noviembre, instituido por los católicos de los monasterios cluniacenses en el año 998, pero para los ahuizotistas, varía según el calendario indígena o chamánico. Como ven, el ahuizote es una cultura del espanto que se niega a morir, y que no puede hacerlo sencillamente porque representa las diversas manifestaciones de la muerte en el tiempo.

Si desea contactarse con el ahuizotólogo Edgard Escobar Barba, puede hacerlo a su correo: edgardo575@yahoo.com.mx

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