Viernes 12 de Noviembre de 2004 Hora local [an error occurred while processing this directive] | Managua, Nicaragua


Nacionales
Sucesos
Departamentales
Internacionales
Opinión
Política
Contacto END
Deportes
Especiales
Variedades
Turismo
Especiales
Economía
Emprendedores
Empresas
Sorteo Lotería Nacional
Clasificados
Horóscopo
El Alacrán
Ellas
Mundo Oculto
Salud y Sexualidad
Nuevo Amanecer
Buena Onda
Promociones
Imprenta Comercial
Nuestros Servicios
Tarifas
Suscríbase
Directorio Telefónico
Estadísticas de Visitas
 
  Suplementos

PLACERES Y ESPLENDORES DE FELIX JAVIER NAVARRETE

Por Alvaro Urtecho

 
El título del primer libro de Félix Javier Navarrete no debe llamarnos a engaño: esos Placeres del Ocio no aluden a una fiesta de los sentidos ni a un tiempo de vacaciones relamidas o alguna cosa parecida. Por el contrario, estamos frente a unos textos reveladores de una dimensión profunda del dolor humano y todo lo que eso significa. Una investigación del tormento de existir, el reto de la soledad, la angustia y el desencanto en donde no se excluye el placer y sus exaltaciones y euforias pasajeras.

Navarrete revela, a través del “ocio placentero”, toda una ceremonia del dolor, desplegando una auténtica y sincera meditación sobre la frágil y compleja existencia humana, vista desde diversos ángulos: el recuerdo de la infancia y, la imagen del padre y la madre, el deseo acicateante de amar y ser amado, consciente de las limitaciones del rinconcito en donde los seres gimen y se rozan inventando fantasías e ilusiones: el autorretrato íntimo y público, perfilado desde una feroz ironía rayana en la mordacidad sadomasoquista, pero envuelta a veces en una fresca y húmeda ternura cuando se refiere a su hijo: “Tiene tres años y en los días tristes/ha aprendido a acariciar mi oído y el de su madre/con una extraña canción que nos sosiega y alienta,/y que nos alegra los parcos días que nos quedan por vivir”. La extrañeza ante el enigma del propio rostro que ha preocupado a tantos poetas, como Darío y Baudelaire: “¿quién de todos estos rostros que se reflejan en el espejo soy yo o acaso soy una siniestra suma de ellos que se burlan irónicamente del rostro que nunca fui?” La estampa acabada y nítida de escritores y poetas como Raúl Orozco, por ejemplo, un texto que demuestra el dominio de Navarrete del poema en prosa, poemas, por cierto, de una gran claridad (la claridad que Jorge Luis Borges, uno de los maestros de Félix, exige de la poesía: sencillez y profundidad, dicción definida y densidad) que revelan al buen prosista de la crónica cotidiana, algo que aprendió en su labor de periodista, iniciada con buen paso en el suplemento “Ventana” de la era sandinista.

Navarrete se expresa acertadamente tanto en los poemas en prosa , que lindan a veces con el relato breve, género que ha cultivado también con la paciencia y la lentitud que lo caracterizan y la indiferencia frente a los deseos de figurar y competir, propios del envilecido comercio literario de nuestros días, como en el verso llano y libre que discurre con tono narrativo. Al respecto, considero que “Después de la faena” y “Obsesiones traicioneras” son textos impecables, dignos de figurar en cualquier antología de poesía nicaragüense. El tratamiento de la vida cotidiana de los trabajadores en el primer texto es simplemente conmovedor, recordándome los mejores momentos del Pavese de Lavorare stanca.

Capacidad de observación, trasunto del buen prosista que es, emoción lírica, percepción inteligente e irónica de la realidad y, sobre todo, exaltación del corazón y afectividad dramática, biográfica y autobiográfica, todo esto y más hay en este libro de Félix Javier Navarrete, el que enriquecerá, no cabe duda, el cuerpo vibrante y azaroso de la literatura nicaragüense.




Compartir:   delicious   digg   meneame

El Nuevo Diario (c) 2004
12745546 visitas desde Septiembre de 1998
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web
Diseñado por Luis Sáenz C