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OJOS AZULES (The Bluest Eye. 1970)

 
“Nel mezo del cammin...” en la mitad del camino, Las Cien Novelas Para Siempre celebra sus bodas de oro y renueva las ganas de seguir caminando al amor de la literatura durante los próximos cincuenta títulos que le faltan, si el tiempo y la autoridad así lo permiten.

Ahora, soy consciente del riesgo que corro en decirles lo que les voy a decir. No sé si acabaré arrepintiéndome de intentar explicar lo que no se puede explicar en una crítica literaria. Les pido tengan paciencia y sepan perdonar mis pocas luces para llegar al meollo de un asunto complicado. Al final, ustedes pueden juzgar si estoy cercano a la locura o si un mosquito me transmitió la malaria y escribo ahora bajo los efectos de la fiebre. Les pido el beneficio de no tomar en cuenta mis palabras al pie de la letra, sino lo que ellas en su torpeza quieren decir.

Comenzaré por advertir que en esta novela se encuentra una de las escenas más impactantes que yo haya podido leer nunca, que es en la que se narra la violación de la niña protagonista por su propio padre. Como resultado, la niña queda embarazada y el final del bebé es previsible. Seguiré comentando que esa escena contiene elementos de violencia, desesperación, los cuales son siempre parte de un hecho criminal como éste, pero también de ternura, de compasión que escapan a todo concepción primera que se pueda tener en ese momento. El padre pasa de cuestionarse la culpabilidad por la infelicidad de su hija a tener deseos de violarla sin hacerle “demasiado daño” como si fueran compatibles la mezcla de lástima, furia, lujuria y ternura que al mismo tiempo le vuelven loco. Así mismo, terminaré asegurando que en esa escena, por extraño que parezca, encontré mi propia explicación de esta vocación de compartir parte de la vida con la literatura, tanto a leer como a escribir. En ella se halla contenido el sentido que para mí tiene la literatura, el de contar aquello que no se puede decir de otra manera. Descubrí a Toni Morrison hará más de diez años y aunque ella ha publicado otros libros y quizá más importantes, es en Ojos Azules, aunque el original inglés sea El Ojo Más Azul, su primera novela, donde esta escritora negra norteamericana, ganadora del Nobel, la primera escritora negra de EE.UU. en obtenerlo, mostró toda su esencia.

Toni Morrison representa como nadie el ambiente y la cultura negra norteamericana de los últimos cuarenta años. Habría que buscar muchos otros antecedentes que fueron glorias más efímeras, como el poeta Paul Laurence Dunbar, tal vez el primer escritor de color que se ganó la vida con la literatura, o contemporáneas como Maya Angelou. Antes por supuesto, se sentaron las bases de una tradición literaria muy ligada a la herencia de la esclavitud, La Cabaña del Tío Tom, por ejemplo, aunque me parece que Mark Twain, que sigue hoy día generando controversias, fue un escritor blanco que sin embargo logró un retrato más vívido de la sociedad y costumbres negras de la segunda mitad del XIX. Imagino que el premio Nobel otorgado a nuestra escritora llevaba consigo un peso más grande, el de todos los autores de la literatura afro-americana que a duras penas se fueron abriendo camino en los E.U. trasladando al papel la expresión de un largo sufrimiento. La Nobel ha visto cómo ha ido evolucionando el modo de vivir y la identidad afro-americana en los barrios y suburbios, así como en las comunidades rurales. Los años sesenta supusieron una profunda y violenta crisis que dejó marcadas muchos resentimientos por las formas grotescas de relación entre las comunidades blanca y negra, incoherentes con la época en la que se dio. Hace pocos años, con los disturbios de Los Ángeles volvieron a revivir viejas heridas. Pero muchas cosas han cambiado en los E.U. Ahora, resulta que la minoría negra ha ido perdiendo un peso que había conseguido equilibrar en gran medida. Pasa a ser la Latina la minoría más grande de los E.U. y como en otros ámbitos, es la hora de la literatura chicana como se solía llamar hace poco, o latina en los E.U. una literatura liderada por figuras como la de la dominicana Julia Álvarez que buscan el camino donde se enraíza el mestizaje y la adaptación de dos mundos que aún les falta mucho para encontrarse en una verdadera armonía. Hay también un encuentro a veces casual o violento, pero de cierta identificación recelosa entre los afro y los latinoamericanos, aunque les sigue uniendo en gran medida la marginalización de sus vecindarios, el nombre de los soldados muertos en combates muy lejos del país y el nombre y número de los internos en las prisiones de E.U.

En Morrison vamos a ver desplegado un panorama general de la cultura afro-americana. Veremos a los pastores adornados con sus collares de oro macizo influenciando en la comunidad políticamente a través de la religión; veremos las supersticiones y las creencias mágicas heredadas de los ancestros del otro lado del Atlántico (la relación entre familiares muertos y vivos hacen de Beloved, su novela más afamada, una obra muy parecida a la más conocida en Latinoamérica de La Casa de los Espíritus de Isabel Allende); veremos también violencia, mucha violencia que no ha dejado de acompañar a esta situación de marginalidad en la que ha vivido esta otra cultura en los E.U. Pero lo que Morrison destaca y quiere sacar a la luz, no es precisamente el conflicto anglosajón- afro-americano, sino los conflictos internos, la búsqueda desesperada de la identidad entre los mismos negros norteamericanos, como si tuvieran en la conciencia la huella de la huida de la esclavitud, de la orfandad, y la sensación de no pertenencia. En este sentido, la obra de Morrison se convierte así no ya en una representación de la cultura negra, sino que tiene un alcance mucho más amplio. Habla de todos nosotros y nosotras, porque especialmente, parece que ella escribe dentro del vientre de una mujer, como si allí se refugiara para contar sus historias. Morrison denuncia con la misma fuerza las cadenas propias, las internas, así como las que vienen de afuera. Tiene en sus escritos la justa ambigüedad que es la característica común de las obras literarias que valen la pena. Sula; Beloved; Jazz; Paraíso, en todas estas novelas vamos a encontrar desde varios ámbitos la misma raíz de una obra que no se puede reducir a una sola novela, mas yo creo que es la primera de todas, Ojos Azules, donde Morrison expone con más frescura y naturalidad la sensación de incomprensión, de vacío, confusión, frustración, mutilación e inocencia de una humanidad que viene al mundo y es desechada desde el principio, sin ninguna explicación, una humanidad que tiene que ponerse a caminar donde nadie le acepta. Esta humanidad está contenida en la pequeña Peccola, en su historia, en su familia rota, en sus vecinas, las tres inolvidables prostitutas que hacen las veces de maestras de vida un tanto peculiares, y en su rezo, en el rezo y el deseo de tener ojos azules, para que así la gente la mirara, y la quisiera. Todos hemos sido alguna vez Peccola, y es fácil ver a Peccola en medio de la calle, en algún semáforo, con la mirada perdida en el vacío inmenso de un cielo que es el único lugar que queda donde dirigir la pregunta de por qué vivir en un mundo que le rechazan sin razón aparente para ello, como si estuvieran pagando una culpa de alguien muy anterior en el tiempo. La hermana de Peccola narra desde el principio la historia y explica que al no poder lidiar con el porqué de estas cosas que suceden, es mejor buscar refugio en el cómo. Tal vez en ese contar se encuentran algunas respuestas.

Hace pocos días, una niña acudió a la sala de Emergencias en un hospital público escondiendo la mirada como si tuviera vergüenza de algo. Allí descubrieron que había sido violada. Quisieron los doctores hacerle un regalo y al preguntarle, su primer deseo era el de una muñeca con el mismo color de su pelo y que fuera nueva, sin ni una mancha o arruga en el vestido. Tenía siete años. Se estaba escribiendo otra vez la Historia de los Ojos Azules. Se sigue escribiendo con la misma crudeza de una realidad latente que nos deja atónitos, pero también con la ternura que es el único traje con el que a veces se viste la esperanza.

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