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Sucesos

¿Quién mató a Jéssica Yamileth?
Hace nueve años, el 23 de mayo de 1995, un crimen estremeció Estelí y llamó la atención de todo el país. Una madre adolescente apareció muerta y con señas de violación en un mangal de dicha ciudad, y tras una ardua investigación que incluyó detalles escabrosos, algunos contradictorios y otros nunca confirmados, la Policía llegó a la conclusión de que el autor del crimen atroz era el mismo padre de la jovencita, a quien incluso lo señalaron como su abusador. Hoy, Dugo Antonio Corrales Tercero cumple una condena de 30 años de presidio, pero en pocos días podría estar libre, gracias a una revisión de sentencia que aclararía de una vez por todas el crimen.
Sylvia Hernández E.

Foto  

La señora Mercedes Corrales Tercero muestra una fotografía donde aparece su sobrina, Jéssica Yamileth, en vida junto a su hijo.

 
Los familiares de Dugo Antonio Corrales Tercero, quien se encuentra guardando prisión desde hace nueve años en el penitenciario “La Chácara”, en Estelí, cumpliendo una condena de 30 años de presidio por el asesinato atroz de su hija, Jéssica Yamileth Corrales Calderón, están hoy más que nunca convencidos de que su familiar está a punto de recobrar su libertad, dijo la hermana del convicto, la señora Mercedes Corrales Tercero.

Doña Mercedes relata que los hechos que le imputan a su hermano fueron manipulados en aquel entonces por el subcomandante Héctor Iván Almendares, en ese tiempo jefe de Investigaciones Criminales de Estelí y ex jefe de la Seguridad del Estado en Nueva Segovia, quien tenía supuestas motivaciones personales para perjudicar a Dugo.

Las consecuencias de esta condena “injusta” fueron funestas para la vida de Corrales Tercero. Su esposa, Rubenia Calderón, al no poder mantener el negocio de venta y distribución de pollo con el cual le iba muy bien a don Dugo, emigró de forma ilegal a Estados Unidos, con sus tres hijos mayores, después de haber dado a luz a su hijo menor, que hoy tiene nueve años y es el único que vive en Nicaragua, a cargo de doña Mercedes. El único hijo de Jéssica, quien a la muerte de su madre era un bebé, está siendo criado por la familia de su padre, Vladimir Antonio Rivera Arvizú.

La señora Corrales Tercero de una vez por todas deja en claro que Jéssica Yamileth era hija de su hermano, Dugo, y de su cuñada, Rubenia, y no como maliciosamente se mencionó en esa época, que la jovencita de 16 años era adoptada y que incluso recibiría una herencia de sus verdaderos familiares maternos, el mismo día en que la privaron de la existencia.

Asegura que a su hermano Dugo Antonio en años anteriores ha sido propuesto para indulto, pero él mismo ha rechazado que lo propongan para indulto, porque considera que eso sólo sería perdonarlo, pero que seguiría siendo considerado asesino.

Lo que demanda es que sea declarado inocente y no que se le perdone por un delito que no cometió, explica doña Mercedes.

Dugo y sus familiares piden a las autoridades que se haga la prueba de ADN para demostrar que Jéssica Yamileth es hija de Dugo y que el hijo de ésta es su nieto.



Testigos cuestionables y pruebas ambiguas

Karla Castillo



El abogado Marlon Gerardo Sáenz, quien defiende gratuitamente a Dugo Antonio Corrales Tercero, estima que el proceso que se le llevó a éste hace nueve años fue a todas luces ilegal y basado sólo en testigos cuestionables y en un dictamen forense ambiguo.

Señala como caso específico el peritaje número 0497, del 27 de mayo de 1995, y el dictamen médico legal, los que se ocuparon como base del cuerpo del delito en la sentencia interlocutoria y en la sentencia condenatoria.

Al revisar dichos documentos, ninguno expresa que hubo violación, pues se habla de que hay residuos de semen en los genitales de Jéssica que corresponden a un hombre con tipo de sangre “O” -el 80 por ciento de la población mundial tiene este tipo de sangre-, sin embargo hay que tomar en cuenta que la víctima tenía vida marital establecida con el padre de su hijo, Vladimir Antonio Rivera Arvizú.



“Detenido” presenció plática

Los testigos no pudieron ser más cuestionables. Tal es el caso de José Benito Valdivia, quien según el abogado Sáenz, estaba legalmente detenido el día que asegura haber estado frente a la casa de Jéssica Yamileth, el 22 de mayo del 95, cuando presenció una rápida plática entre la joven y el conductor de don Dugo, Ramón Antonio Rodríguez Rubio, quien también está condenado por este delito.

“José Benito aseguró que eran las diez de la mañana cuando él escuchó que el conductor le decía a Jéssica que se verían al día siguiente, en las Aldeas SOS. Pero otra testigo, de nombre Guadalupe Alicia Zamora, aseguró que a las diez de la mañana del 22 de mayo, Jéssica llegó a su casa, a prestarle 150 dólares, dinero que utilizaría para pagar el combustible del vehículo para ir a traer una encomienda que le habían enviado los supuestos familiares de su verdadera madre al puesto fronterizo de El Espino. Allí está una de las tantas contradicciones, porque Jéssica no podía estar en el mismo momento en dos lugares, separados por más de 600 metros de distancia”, resalta el defensor de Corrales Tercero.

Y es que el abogado Sáenz se pregunta por qué nadie trató de confirmar hace nueve años si era cierto que Jéssica recibiría una encomienda. Ni siquiera el juez Marco Antonio Jirón se molestó en ordenar a las Aduanas o a Correos si había algo de cierto, con lo que se hubiera demostrado que nunca existió tal encomienda, porque la muchacha no tenía más familia que la que la trajo al mundo. A la pregunta de ¿quién mató a Jéssica Yamileth?, el abogado no duda en dar esta versión: La joven era maltratada por su marido, Vladimir Antonio. Ese 23 de mayo, a Jéssica la vieron transitar por última vez por el sector de Las Chanillas, donde hay unos mangales, precisamente con su marido y otro hombre. Luego no se le vio más, hasta que días después se encontró su cadáver semi enterrado y con un cable sujeto a su cuello. Había un saco en la escena, pero nadie se ocupó de demostrar si en ese saco cabía un cuerpo, como se dijo, porque es totalmente falso.

Asimismo, la infamia orquestada por personas con intereses ocultos llegó al extremo de perjudicar al conductor Ramón Antonio Rodríguez Rubio, quien ese 23 de mayo era el primer día que trabajaba para Dugo, por lo que es imposible que el día anterior hubiera conversado con Jéssica sobre el supuesto viaje a El Espino.

“Hay pruebas de que Vladimir consumía drogas y tenemos el nombre del psiquiatra que lo atendió. El la maltrataba y por alguna razón nunca se le investigó”, agregó el defensor de Dugo, quien espera que a la luz del artículo 337, del CPP, sobre revisión de sentencias, su defendido sea exonerado por la Corte Suprema de Justicia, ya que en materia penal, la ley tiene efecto retroactivo sólo si favorece al reo.



La noticia de 1995

Lilliam Obando



La noticia corrió como reguero de pólvora en Estelí, pues el cadáver de una joven que había sido encontrada semienterrado, en una zanja, a un metro cincuenta centímetros de profundidad, desnudo, con un alambre eléctrico atado al cuello, fue hallado por obreros que elaboraban ladrillos de cuarterón, en “Las Chanillas”, al norte de la ciudad.

¿Quién asesinó a Jéssica Jamileth?, fue el titular conque END público en primera plana, el 5 de junio de 1995, el crimen de la joven, mientras que en calidad de sospechoso eran capturados Ramón Antonio Rodríguez Rubio y Vladimir Rivera Arvizú, de 19 años, este último compañero de vida de la fallecida y padre del pequeño Josué, de dos años en aquel entonces.

Horas más tarde, los sospechosos fueron puestos en libertad por falta de pruebas, según dijo el para aquel entonces subcomandante Jorge Almendarez, jefe de Instrucción Criminal de Estelí. En ese momento las investigaciones de la Policía de Estelí ni siquiera tenían entre sus primeras pistas el nombre del padre de Jéssica, Dugo Antonio Corrales Tercero.

Es Vladimir quien declaró y quien dio la pauta para que los oficiales de la Policía sospecharan de Dugo, al decir que Jéssica le habría manifestado aquel 23 de mayo que iría a El Espino con su padre.

Pero aún hoy no se sabe si lo atestiguado por Vladimir fue en venganza porque su suegro, en 1993, lo puso en prisión al acusarlo de rapto y estupro en perjuicio de Jéssica Yamileth, la que para entonces tenía catorce años.

También fue Vladimir quien afirmó que un día, Jéssica le confesó que sus verdaderos padres eran Blanca Nubia Corrales, originaria de Ocotal, y de su padre se limitó a decir que tenía el apellido Bustamante.

A la aseveración de su yerno, Rubenia del Socorro Calderón desmintió lo dicho, mostrando documentos de nacimiento de la muchacha, los que hacían constar que ella y Dugo eran sus verdaderos progenitores. “Yo nunca acepté esa relación, porque cuando ella salió embarazada él negó la panza”, habría expresado para ese entonces Rubenia del Socorro.

Versión diferente es la que narraron ante los medios de comunicación tanto Vladimir como sus parientes al explicar que éste no era grato en la familia de Jéssica por su condición de pobre. “Es que ellos se creen adinerados, por eso no me aceptan”, dijo en aquella ocasión el joven de 19 años, quien se hundía en la tristeza por la muerte de la mujer que amaba profundamente.


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