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Opinión

Ronald Reagan y su política económica
Gustavo-Adolfo Vargas*

Durante su periodo de Gobierno (1981-1989), el presidente de los Estados Unidos de América (EU) Ronald Wilson Reagan, instrumentó una política económica que tuvo como resultado: hacer más rico a los ricos y más pobre a los pobres; generando una inequidad económica al cambiar la política fiscal. Esa política económica, de corte definidamente neoliberal, descansó fundamentalmente sobre dos pilares: el monetarismo y la privatización.

Los monetaristas tienen la convicción de que la oferta de moneda y la política monetaria, determinan el rumbo de la economía, de modo que la provisión de medios de pago por la banca de emisión es tenido como elemento esencial de la conducción económica del país y especialmente para el control de la inflación.

La privatización elimina toda función económica del Estado y transfiere el comando de la economía a manos privadas, para lo cual se impulsan programas masivos e indiscriminados de privatización de los bienes estatales y las empresas del sector público.

Los monetaristas consideran que el dinero ejerce una acción determinante sobre los precios y establecen una relación automática entre la masa monetaria; es decir, las disponibilidades monetarias y cuasi monetarias que tiene la sociedad y el nivel general de los precios, de modo tal que si aquella se incrementa los precios suben en la misma proporción y viceversa.

Dentro de este marco conceptual, la política económica de Reagan se dirigió a liberar de impuestos a las empresas prósperas y a los contribuyentes más ricos, bajo el supuesto de que eso era bueno para todos. A través de la llamada teoría del goteo, los inspiradores de ella sostenían que: parte de los beneficios de los ricos se filtraba hacia las capas pobres de la población, con lo cual todos quedaban contentos y el país se desarrollaba.

A pesar que la experiencia demostró que: la riqueza no gotea, ni se filtra ni se desborda de las cúpulas económicas aventajadas, sino que se consolida en las alturas, esta teoría sirvió, especialmente, a la derecha latinoamericana para justificar la concentración de la riqueza y el ingreso.

Mediante el logro de un enorme recorte de impuesto durante su primer año de gobierno, Reagan cambió la política fiscal de EU de una manera profunda. Sin embargo, generó un gigantesco déficit fiscal que ha reaparecido durante el gobierno del actual presidente Bush Jr. igualmente que triplicó la deuda del gobierno.

Como los ingresos cayeron más rápido que los gastos, la diferencia se convirtió en un mayor déficit, entonces el gobierno de Reagan dio marcha atrás ante la magnitud de los déficit en años posteriores, lo que condujo a alzas de impuestos y una mayor prudencia fiscal con Bush padre y Clinton.

Las ideas de su gobierno las podemos sacar del llamado manifiesto económico de Reagan publicado en 1981, que resume su filosofía económica en cinco principios: reducir los impuestos y las regulaciones, equilibrar el gasto fiscal y la inflación; y sobre todo privatizar al máximo; es decir más Mercado y menos Estado que es lo que sigue haciendo el actual gobierno de Baby Bush.

Empero, los consejeros de Reagan olvidaron que el Estado y el Mercado son imprescindibles para la sociedad, y ambos son recíprocamente dependientes y complementarios. Si bien la actividad económica es imposible sin un marco institucional estable, una sociedad con mercados débiles o inexistentes carece de dinamismo económico. Éste no es un argumento normativo o de autoridad, sino empírico; todas las experiencias exitosas de desarrollo han contado con el dinamismo del mercado y el apoyo de las instituciones del Estado.

De hecho, las políticas macroeconómicas y sectoriales necesitan una nueva forma de interacción de los agentes públicos y privados en diversos ámbitos. La participación del Estado en el desarrollo de muchos países es evidente.

En las décadas de los años ochenta y noventa los dos grandes “modelos” económicos seguidos por los gobiernos neoliberales de América Latina y otras partes de mundo fueron la reaganomics, junto al thatcherismo. Todo el proceso de desmantelamiento del Estado y de sujeción de la economía a las fuerzas del mercado parte de allí.

En esos “modelos” se encuentra el origen de la política de privatizaciones indiscriminadas que se aplicó en América Latina con tanta vehemencia como falta de transparencia en los últimos años, y que fue retomada por el llamado Consenso de Washington que está llegando a su ocaso.



*Jurista, Politólogo y Diplomático*.


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