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“Y no dejo de luchar”
* Un sacrificio del que están orgullosos
* Supieron pelear, lo hicieron sin alardes y mantienen intactos sus ideales
Arnulfo Agüero y Humberto Meza

Foto  

Las columnas del Frente Norte fueron decisivas para la insurrección y la liberación en la ciudad de Estelí. Inserto Aldo Briones, veterano guerrillero. CORTESÍA / EJÉRCITO

 
Nunca tuvieron una vida de santos, pero la religión les marcó el destino y la lucha. Él apenas estaba aprendiendo que los guerrilleros no eran solamente barbudos de pelo largo, cuando subió al atrio de la Catedral de Estelí, sonó las campanas y se inició en la lucha armada.

Era un Jueves Santo. Ella tenía quince años y aprendía a fabricar bombas caseras para la insurrección en Managua, cuando un estallido acabó con sus dos manos, pero no con la vida de insurgente que apenas empezaba a experimentar.

Aldo Briones y Alma Nubia Baltodano no compartieron los mismos días en la lucha. Él era jefe de la columna guerrillera “César Augusto Salinas” en el norte de Nicaragua, cuando ella aprendía a lidiar, a centenares de kilómetros de distancia, con la herencia guerrillera que le había legado su familia.

Todo un asunto de seria responsabilidad para Alma Nubia Baltodano, que entendió muy temprano cómo debía luchar por su vida, cuando su hermana Zulema murió asesinada junto a más de cien jóvenes.

Hacía muchos meses que no sabía nada de su otra hermana, Mónica, quien para ese entonces era una notable dirigente del Frente Interno del sandinismo, hasta que se sumergió en una vida de fuga y clandestinidad, tras un asilo fracasado.

Aldo empezaba a acostumbrarse a su nuevo “nombre” (Santiago), después que había pasado toda una vida como correo de la guerrilla entre Estelí, Condega y Pueblo Nuevo. Pero decidió entrar de lleno a la lucha, algunas semanas antes de la insurrección. Contactó a “Esther” --¡ironías de la vida!-- era el seudónimo de Mónica, y todas sus ideas de los “muchachos guerrilleros” se vinieron de picada:

“Cuando me contacté con la Mónica, recuerdo que estaba esperando a un hombre, ya que la guerrilla era de hombres, y me encuentro a una mujer joven, vestida de estudiante, bella y talentosa. Eso me asustó y me bloqueó la mente. Claro, al irla conociendo, ver su firmeza y valentía, me cambió el casete”.

Y realmente le dio un vuelco a su vida. Participó en la toma de la Catedral de Estelí en 1975 para negociar la liberación de un grupo de presos. Entre ellos, Tomás Borge. Luego entró como jefe sustituto de la Aviación, tras la formación del Ejército Popular Sandinista, y participó muy activamente en los operativos militares “Interarmas”, “Repunte-85”, “Danto-88” y “Soberanía”.



Destinos paralelos

Alma Nubia no tuvo vida de militar. La revolución la agarró muy joven, y su verdadera lucha vino después de 1979, cuando sin sus dos manos participó activamente en la Cruzada Nacional de Alfabetización y en todas las organizaciones de los Estudiantes de Secundaria durante los años 80.

Hoy los dos continúan llevando vidas muy distintas. Él colgó sus medallas “Camilo Ortega” e “Hilario Sánchez”, en oro, para dedicarse de pleno al evangelio y a la Palabra de Dios, cuando por un milagro no perdió sus riñones.

Ella tomó su vida más en serio y desde hace varios años comanda la Asociación de Discapacitados Físico Motores, Adifim, atendiendo a más de 600 personas con capacidades diferenciadas en la capital, segura de que su lucha continúa desde otra trinchera.



La transformación y el desencanto de Aldo Briones

“Y no dejo de luchar”

Han pasado muchos años, y ahora Aldo es un desempleado. Tampoco goza de los beneficios de oficial en retiro del cuerpo castrense. Acaba de editar su libro “Y no dejo de luchar”, para testimoniar la historia que vivió, desde la clandestinidad, hasta que luchó contra una infección renal, que por poco le quita la vida.

A los 25 años ha sorteado de todo para sobrevivir: “Vendí un jeep que tenía y compré una finquita. Luego vino lo más difícil, me enfermé. Vendí la finca, que era de cinco manzanas, para cubrir los gastos de la hemodiálisis. Me trasplantaron un riñón y logré sobrevivir. Ahora, en compañía de algunos artesanos, quiero vender artesanías y café orgánico. No tengo seguro ni beneficio alguno de parte del Ejército; pero por fin hallé el camino del “Hombre nuevo” leyendo la Palabra de Dios, que no pude encontrar en la guerrilla”.



Muchos se integraron a la Revolución después de su triunfo, pero vos ya tenías años recorrido, ¿cómo llegaste a la guerrilla del norte?

“Para esos días que me integré en las primeras luchas del Movimiento Estudiantil Cristiano que se daban en el norte del país, fui reclutado por Luis González. Me acuerdo de que las ideas de la Conferencia Episcopal de Medellín, eran la “revolución carismática” dentro de las iglesias. Otro punto importante era la tradición de opositora a Somoza que había en mi familia que era conservadora neta. Y éramos parientes de Eduardo Larios, quien estuvo preso en los días que el general Somoza García fue ajusticiado”.



Pero vos mismo participaste en las primeras tomas de las iglesias del país, cuando pediste la libertad de Tomás Borge.

“Si no me equivoco, la toma de la Catedral de Estelí se dio a raíz de que cayó preso el comandante Tomás Borge en octubre de 1975. Recibimos orientaciones, y me dijeron que fuera como del Frente Estudiantil Revolucionario, FER. Organizamos un pequeño grupo, en él estaban la Martha Marina González, Mauricio Zelaya, Urania Zelaya, Ricardo López, el coordinador de la célula y yo. Luego se decidió que yo quedara al frente de la iglesia arengando al pueblo. Esta primera toma, donde públicamente se decía: ¡Viva el Frente Sandinista!, duró varios días, y eso que el comando de la guardia quedaba a media cuadra.



¿Cómo lograron que la gente se aglutinara en el atrio de la iglesia, si ustedes eran llamados “comunistas” y esto significaba ir a la cárcel?

“En este pueblo la gente se mueve alrededor de las campanas. Nosotros sonamos las campanas a las seis de la tarde y todo el pueblo se desbordó para saber qué diablos estaba pasando. Entonces me subí en un muro de la iglesia y anuncié la toma y el grito de: ¡Viva el Frente Sandinista! Fue impactante: las campanas y el grito”.



¿Vos creés que a partir de estas campanadas, Estelí cambió su historia política?

“Así es. Como podemos ver. Ricardo López fue el que dirigió la acción en pro de la libertad de Tomás. Y de alguna manera se puede decir que estos campanazos anunciaban su grito de independencia en el norte. Yo era el político, ya que fui quien dijo el discurso donde me temblaban hasta los dientes”.



¿Cómo empezaste tu vida en la guerrilla?

“Los que estábamos en aquellos grupos semiclandestinos decían y se admiraban de que el “Hombre nuevo” estaba en la montaña. Entonces había una ansiedad de todos los reclutados de llegar a la guerrilla y conocer a los grandes hombres de la montaña. En esos días sonaban los nombres del legendario “Modesto”, Henry Ruiz, Carlos Agüero, y otros de la columna guerrillera “Luisa Amanda Espinoza”; y se decían otras cosas como que en el centro de la montaña había talleres de zapatería, que había autoabastecimiento, que andabas armado hasta los dientes, con granadas, fusiles y carabinas. El estereotipo guerrillero era un hombre grande, barbudo y armado hasta los dientes. Cuando llegué, cuál fue mi sorpresa: no había tales barbudos. Entonces me dejé crecer el cabello”.



Dicen que te iniciaste en la lucha armada entrenando con un palo de pacaya.

“Pues en la montaña me encuentro conque no había las famosas columnas guerrilleras, eran sólo unos cuantos gatos. Estaban solo Christian Pichardo y Eduardo Ríos, y había tres armas. Una carabina, una escopeta y un rifle 22, que era el que quedaba de reserva para los nuevos reclutas. Como llegamos dos, hubo una competencia donde salí ganando.

“Entonces como no había para todos, inicialmente nos entrenaban con palos de pacaya verde. No había tal zapatería ni hombres barbudos. Pichardo andaba un uniforme verde olivo cargado de lodo. Fíjate que se raspaba con un cuchillo el lodo para no andar tan sucio. Así fue que empecé en la guerrilla. Después me dieron el rifle 22, luego una carabina M2, sin la aguja percutora, después el G3, y nos quedamos por el lado del Quilambé, donde terminamos con una columna de casi 300 hombres. Quiero aclarar que la misión principal de la columna era estar en la retaguardia, por eso fue poco conocida. Claro que el auge de la guerra y la falta de comunicación nos obligó a salir a chocar, si no, ahí estuviera aún enmontañada”.



Entonces, ¿que hicieron?

“Nos salimos. Fue así que para el 17 de julio estábamos bajando varios grupos a Wiwilí, donde nos agarró el triunfo revolucionario.

En la columna estaban los hermanos Reynerio y Gliserio Tijerino, también se nos unió Goyo Rodríguez, y otros hombres valerosos de Kilambé, Bocay, Las Piedras, del cerro El Cumbo, Wamblán y Wamblancito, entre otros lugares. Esta columna guerrillera fue bautizada como “Otoniel Aráuz”, un obrero de Matagalpa que anduvo luchando en la montaña con Omar Cabezas.


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