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Otra Vuelta de Tuerca (The turn of the Screw. 1898)
Henry James (NY. USA. 1843- Sussex. Inglaterra. 1916 )

 
En la mansión de Bly se oculta un horror, mejor dicho dos, o quién sabe si no son los de la propia imaginación. Tendrán que descubrirlo ustedes mismos, si pueden, aunque verán que al final tampoco les quedará muy claro de dónde viene el horror con el que cerrarán el libro. Como el tiempo en la literatura es más que relativo, hacemos una excepción integrando a esta novela o cuento largo, o nouvelle, como la llamaría el propio James, escrita en 1898, pero que por su estructura, su estilo, su novedad en el empleo del punto de vista y su penetración psicológica pertenece más a la literatura del siglo XX y a los clásicos de siempre. Está más cerca de Joyce, de Proust o de Kafka que de los escritores realistas o cuentistas de fantasmas del XIX.



A las obras de Henry James se les suele encuadrar entre dos etapas. La primera de ellas corresponde a sus novelas de carácter cosmopolita. James pertenece a una generación de escritores a disgusto con el rumbo que tomaba EE.UU. después de la Guerra de Secesión. Igual que Gertrude Stein un poco más tarde y tantos otros escritores, vuelven su mirada y sus pies a Europa en unos viajes de ida y vuelta que no habrían de cesar literariamente al menos hasta la muerte de Hemingway. Mark Twain bromeaba sobre este asunto al decir que él mismo sentía la necesidad de ir a Europa porque era una moda inevitable. Europa no es más que un ideal de raíces más profundas. En las primeras novelas de James hasta Retrato de una Dama, siempre está presente el tema del contraste entre la inocencia del norteamericano y el bagaje cultural de múltiples connotaciones que éste encuentra en Europa. Esta inocencia norteamericana, sólo aparente, forma parte de la carta de presentación del estadounidense allende sus fronteras, la misma aparente ingenuidad con la que vieron caerse las torres gemelas sin acertar a adivinar el porqué. Relacionado con la idea de la inocencia y de una libertad más honda, está el empleo de la mujer como sujeto y protagonista de las mejores obras de Henry James. En muchas de ellas se le podría considerar un escritor feminista.



Cuando París estaba siendo suplantada por Nueva York como centro cultural del mundo, hay una reivindicación romántica por París a manos de estos escritores norteamericanos que en algunos casos, como el de James, no fueron considerados ni enteramente americanos ni europeos. En el caso de nuestro autor, él escogió la vieja Inglaterra como lugar de creación, de reivindicación y después, como en un destino empecinado, sería también el país que escogió para nacionalizarse en respuesta a la tardanza de EE.UU. en entrar en la Primera Guerra Mundial. Sería también el país de su muerte. A su hermano, el famoso filósofo que contribuyó tanto a la psiquiatría y la psicología con obras como Las Variedades de la Experiencia Religiosa, James le comentó en alguna ocasión su propósito de ser considerado extranjero en cualquier lugar donde lo leyeran en un afán de universalizar su obra. Ambos hermanos fueron enviados a Europa antes, cuando eran jóvenes, como parte de una educación elitista. El mismo Henry James estudió Derecho en Harvard. Más tarde en Francia, se relacionaría con Flaubert, Daudet y Maupassant. Precisamente como Flaubert, buscó hasta el extremo la perfección de su estilo y de la estructura narrativa. Las últimas novelas que escribió en su segunda etapa, como Los Embajadores o The Golden Bowl son quizá las mejores, las más acabadas y de una temática más amplia, pero es Otra Vuelta de Tuerca, extrañamente, la que nos ubica a James como un escritor de nuestro tiempo, y de más allá de él. La justa ambigüedad puede ser uno de los elementos que hacen de una obra un clásico. En Otra Vuelta de Tuerca, esa ambigüedad y la posibilidad abierta para el lector de intervenir en la narración es lo que probablemente hace de ella una novela inquietante que nos dejará con un ligero temblor hasta el final.



Caben dos interpretaciones de los horrores que acontecen en la mansión de Bly. Ustedes podrán elegir qué verdad se esconde detrás de todo. Una institutriz contempla los espectros de dos sirvientes anteriores. Ella cree que ambos fantasmas quieren poseer a los dos encantadores y solitarios niños que ella debe proteger junto a otra vieja sirvienta. Miles y Flora, los dos hermanitos, transmiten una candidez y una belleza irreal que carga aún más de dudas la atmósfera de la novela. Bien pudiera ser que todo fuera producto de la imaginación obsesiva de la institutriz a causa de una carta enviada por el colegio de Miles en la que se notificaba su expulsión por ciertas maldades, o también podría ser algo más complicado como apuntaría Oscar Wilde, y es que exista un afán desmesurado de la institutriz por quedarse a solas con Miles, una atracción enfermiza que esconde quizá oscuros deseos. Involuntariamente, esa relación me recuerda mucho a la que se establece entre una joven enfermera y un paciente adolescente en un cuento de Cortázar precioso que se llama La Señorita Cora. El horror psicológico se trata de una incapacidad de asimilación de la realidad causando a su misma vez la transformación de la misma, cambiándola, deformándola. Todo está bajo sospecha, hasta el mismo horror. La institutriz tiene un ansia infinita de salvación, ¿pero de qué?, ¿de quién? Las últimas páginas sólo retrasan un final que pudo haberse puesto antes, pero que al mismo tiempo nos aumenta la angustia. En cierto modo, volvemos aquí a los linderos de la inseguridad del Pedro Páramo de Rulfo. Nada está decidido. Todo será según ustedes crean. Puede ser sólo imaginación o puede ser que al mirar a la ventana descubran que alguien, o algo, les estaba observando. El mismo miedo de la vida. La novela plantea un enigma que no ha podido resolverse. Qué más se necesita para ir corriendo a leerla. Sólo una advertencia: tengan cuidado, están a punto de atravesar el terreno pantanoso entre lo visible y lo invisible.

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