Miércoles 7 de Julio de 2004 Hora local | Managua, Nicaragua


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Nacionales

Después del pinol, la “Kola Shaler”
*** La fundó don David Robleto, educó a 12 hijos y le dio al país una marca con identidad nacional
*** Mercado de la nostalgia la pide en Miami y van a California
*** Sobreviviente de dos guerras mundiales, dos terremotos, avatares políticos, huracanes, la revolución y el CAFTA
Foto  

El control de calidad es parte vital de la cadena de producción de la bebida nacional. Ella aparta los envases que no fueron llenado a como corresponde.

 
Doña Aurora Robleto de Cárdenas, a sus 82 años, llega a la fábrica, ve a los trabajadores y destapa una Kola Shaler. Si la bebida no es como la dejó su padre en los 1900, para ella es inconcebible que un consumidor del siglo XXI pruebe un sabor distinto del que tenía en el siglo XX.

--¡Paren la línea!-- exclama, porque los siglos pueden cambiar, pero nunca la calidad de la Kola. No, porque sería como cambiar la primera estrofa del Himno Nacional, dejar de ver en diciembre la Constelación de Orión o creer que la revolución cubana la hizo cualquier barbudo.

En la oficina de Auxiliadora Cárdenas de Reyes, vemos el primer tipo de botella que identificó a un país con su primer millón de habitantes en los mejores años de la centuria pasada. Ahora, con 5 millones y medio de habitantes, más los miles de compatriotas repartidos en el exterior, la famosa Kola ya forma parte de la identidad nacional.

Hay un mercado de nostalgia, dice la empresaria, que forma la tercera generación que ha mantenido la única industria de bebidas nacionales, a pesar de la apabullante competencia de las embotelladoras transnacionales.

Esa nostalgia permitió que sin hacer ningún mercadeo, de Miami y ahora de California, le llegaran solicitudes, abriéndose una línea de exportación. La Kola se vende en Estados Unidos en su original presentación en botellas, y los padres le hablan a sus hijos de este producto.

¿Después del pinol y el pinolillo, la otra bebida nacional es la Kola Shaler?

--Sí. Responde sonriente como un anuncio de la misma empresa.

Ahí, sobre el escritorio, también hay parte de la memoria que habla de un pasado de glorias personales, y hasta nacionales: clichés hechos por el propio fundador, don David Robleto, de donde se imprimían los anuncios de la bebida, incluso uno llamado Kola Cayasso, de los tiempos cuando Stanley aporreaba pelotas en la Liga Profesional de los años 50.

La fórmula de la Kola es un secreto blindado, a prueba de cualquier pregunta, trampa o seducción. Es la herencia de don David, un químico empírico, quien miraba sin los brazos cruzados, cómo entraba al país una cola de Inglaterra. Empezó a hacer sus ensayos, y cuando dio en el punto, decidió lanzar en León la primera Kola Shaler.

¿Por qué Shaler? Doña Aurora cuenta que los nombres de los productos de la época eran ingleses o alemanes, y don David no podía aparecer con uno en español. Eran los tiempos cuando la gente hasta para comprar una pasta Colgate decía con cierto respeto y en lengua prestada “Colgueit”, hasta que todo se castellanizó.

Él quería un nombre que sonara, y fue así que inventó el “Shaler”, cuyos detalles, el cómo llegó a dar con el nombre, son tan herméticos como la misma fórmula.

La industria ha soportado los efectos de las dos primeras guerras mundiales, dos terremotos, avatares políticos, una revolución y hasta el bloqueo que el país sufrió en los años 80, cuando la bebida tampoco se rindió y pasó a venderse en bolsas de plástico. Ahora se enfrenta quizás al mayor de todos los obstáculos: la globalización.

Doña Aurora mira los frutos de la empresa que el ingeniero Ignacio Macías Irigoyen nos ha mostrado: los “ligadores”, compuestos por agua tónica, ginger ale, soda, y los refrescos bajo la marca Kolita: champán y naranja, los más recientes.

“Y habrá otros sabores”, nos dijo cuando terminamos un recorrido por la planta ubicada en la carretera a Sabana Grande. Vimos las botellas que colocadas en una banda pasan por el tanque de lavado, luego en el llenado con el líquido café que sale de un tanque a 4 grados centígrados y luego, tras colocarle la tapa a los envases de plástico en el proceso automático, sigue donde está una joven dedicada al control de calidad. Ella aparta las botellas sin la medida indicada.

La respuesta del consumidor ha sido muy buena, expresa el gerente Macías. En los sectores rurales y en la Costa Caribe, se ofrece un mejor precio que las otras embotelladoras. “Cubrimos un segmento de mercado que no cubren las otras”.

Mercado de Nostalgia

La propietaria afirma que en los lugares donde se reúnen los nicas en Miami, fritangas y supermercados, la gente busca la Kola. “Tenemos cuatro distribuidores que vienen a llevarse el producto. Ni siquiera fuimos a promoverlo. Vienen a Nicaragua y hacen un contenedor de productos típicos nicaragüenses”.

Junto con las cajetas, jaleas, pinolillo, queso seco, cuajada ahumada y otros productos típicos, ahí se va la Kola Shaler. “Apostamos a la tradición, de gente que pasa su gusto de un hijo a otro. Nos toca hacer un esfuerzo más grande para que no se pierda esa costumbre”.

Ser más centroamericanos

Con esa idea, doña Auxiliadora confesó los planes de internacionalización de la bebida. “El Cafta nos ve como región centroamericana. Vamos a tratar de venderle al centroamericano”.

En los próximos meses, la marca recibirá el ISO 9001, una certificación mundial, como producto de gran calidad.

Doña Aurora dice, al intentar explicar el prolongado éxito heredado: “La gracia de la Kola Shaler es que gusta, no porque “me lo enseñaron”. Ahora, ellas, las dueñas, van en busca de paladares extranjeros. Doña Auxiliadora lo resuelve: “Creemos que al que lo prueba le gusta. Es un producto de calidad, centroamericano y nicaragüense”.

En el inventario de explicaciones sobre el posicionamiento del mercado, anota “dos cosas importantes: estamos arraigados de manera increíble: podrán venir un montón de marcas nuevas, pero la Kola gusta y la reconocen como una marca de calidad. No es una cosa que hoy está y mañana no”.

“Es la constancia”

¿Secreto del éxito? insistimos. Doña Aurora interviene con una sonrisa compuesta de recuerdos, de años que no son idos sino que vuelven: “Creo que es la constancia, desde que nací he estado en la Kola Shaler y ahora mis hijos. Siento que ésta es mi casa, me gusta ver la planta, voy a control de calidad a aprobar cómo está”. Y camina tres kilómetros diarios.

El negocio ha sobrevivido, dice la hija, porque hemos tenido buenas prácticas de empresa. Es la presencia de los dueños siempre en el negocio. Tenemos un buen gerente, pero hay que darle apoyo, estar pendientes de lo que pasa en el mercado, el trabajo, la constancia, tratar de ser eficientes, y usar los recursos que uno tiene de la mejor manera.

En el terremoto de 1972 la fábrica se cayó, y el marido de doña Aurora sacó la maquinaria y “la pusimos en esta finca”, como ella todavía ve a esta parte oriental de Managua. “En los primeros meses nos maquilaba una embotelladora. Ya después instalamos una maquinita semi automática, luego otra un poquito mejor hasta llegar a esta nueva”.

El legado de don David, calificado por la hija como “hombre de tesón y trabajador”, es la divisa familiar. “Él decía: el día es para trabajar y la noche para dormir”. Tenemos esa herencia.

Aunque es la única bebida nica, en una época en que la producción nacional recibe del Gobierno el mismo respaldo que el Vaticano daría a una manifestación de ateos en la Plaza San Pedro, la familia Cárdenas no se considera una competencia respecto de las marcas transnacionales.

Fábrica chiquita

“Somos una fábrica chiquita”, dice doña Aurora, y acompaña las palabras con una expresión distinta del conformismo, porque aunque no quiera, también el triunfo se asoma sin permiso en los rostros de los que han hecho algo en la vida.

¿Y la globalización, y la entrada de vinos sudamericanos cómo les afecta? Porque también son los creadores del Vino Cóndor.

La oferta de productos en el mercado se ha cuadruplicado, y tenemos que pelear con marcas nuevas, pero ellas compiten a base de precios, mayores volúmenes, publicidad enorme. Hay tratados de libre comercio, vienen sin impuesto los productos y nos sale cada vez más difícil, por eso estamos tratando también de buscar cómo exportar para entrar en ese mismo mercado y jugar con las mismas reglas de exportación.

Doña Auxiliadora también conviene en decir que han trabajado todos estos años para convertirse “en una empresa más sólida, producir con más calidad y de una manera más exigente. El ISO es parte de nuestra preparación camino a la globalización”.



De la botellita oscura al plástico

El mercado la pidió. Así responde Auxiliadora Cárdenas, cuando indagamos sobre los envases de plástico. “Nosotros la botella la esterilizamos. Y nos salía mejor, y hay menos costos”.

Con la guerra y por el costo, se dejó la envoltura de papel y la botella, dice doña Aurora. Había que comprar etiquetas, envolver en papel y carecíamos de divisas para comprarlo. Primero se quitó el papel, luego la botella porque era más cara. Pero aún tenemos el molde.

En los 80 se pasó a la bolsa de plástico, cuando todo hacía indicar la desaparición del famoso tónico. “No había divisas para comprar la botella en Guatemala”.

“Siguiendo la tendencia del mercado, vinieron las grandes empresas y salieron con plástico. Y nosotros también, para mantenernos en el mercado, vamos con la misma tecnología. Esta bebida para nosotros, emplasticada, es menos rentable que la botella de vidrio. Parece mentira, a pesar de que somos pobres, la gente no cuida el envase y prefiere botarlo.

Entonces, la tendencia es el plástico, a pesar de que ensucia y todo lo que provoca en problemas ambientales”.

¿Qué les llevó a soportar tantas vicisitudes para mantener el producto?

Amor al negocio, es un producto leal. Él en sí tiene suficiente calidad. Ha sobrevivido, y no vale la pena desperdiciar un arraigo tan grande que hay en el pueblo nicaragüense.

Le tenemos cariño, muy especial, le tenemos respeto. Creemos que es un buen producto y vale la pena seguirlo manteniendo. Ha sido un producto noble. Mi abuelo con esta bebida educó a 12 hijos, y después ha seguido y nos ha respondido. Apadrinamos las escuelas de Sábana Grande, “Benito Pitito” y la “San Ignacio Loyola”, cerca de la fábrica.

Conseguimos la leche para el programa de Amcham y American Foundation, y damos desayuno a un grupo de alumnos, los más necesitados. Queremos apoyar a las comunidades de donde vienen nuestros empleados, que son del área.

Los empleados lo venden con orgullo. Son fieles, subraya doña Aurora. Es nuestro orgullo; un producto nicaragüense que se sigue vendiendo y en el extranjero la gente lo identifica como parte de su identidad.

¿Qué le diría al público cuando va a consumir una Kola?

Que están haciendo una compra inteligente.

¿Entonces, después del pinol y el pinolillo?

Sigue la Kola Shaler.



Bebida en las boticas

El ingeniero Ignacio Macías dijo que la percepción de la gente de tomar la Kola como un tónico para convalecientes, viene desde sus primeros años.

Se ha usado como reanimante, como tónico a través de todos los años. La gente piensa así, se reanima entonces, por eso también los doctores todavía la prescriben como reanimante. Pero la bebida es refrescante a la vez. Es decir, tiene doble uso.

“No contiene muchos preservantes químicos y tampoco es muy azucarada, además de no provocar las consabidas molestias de las gaseosas”, dijo.

“Fue de gran consumo en las boticas. Después se dio otro giro, y ahora no necesariamente se encuentra en una farmacia, sino en auto market, colegios, universidades. La gente la aprecia, porque además de ser sana, es sabrosa”.


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