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Mientras la alta dirigencia del gobierno que preside George Bush se enfrasca en tratar de salir airosa de la aventura petrolera en Irak y en cómo trasladar beneficios de la misma para las próximas elecciones presidenciales, funcionarios de segunda y tercera línea ensayan en Nicaragua métodos arcaicos y reiteradamente fracasados en el tiempo, de intervencionismo y manipulación de los problemas políticos de los nicaragüenses.
Estos funcionarios confunden la mentalidad de protectorado del gobierno y la complacencia de cierta prensa que alaba la captura vivo de Saddam Hussein, como paradigma de respeto por los derechos humanos, olvidando los asesinatos de Maderos, Sandino, Allende, Lumumba y muchos otros que no alcanzaron esa "generosidad", con la capacidad de resistencia y rechazo del pueblo nicaragüense a esas prácticas lesivas al honor y la dignidad nacional.
Derribado Zelaya y con gobiernos en Nicaragua como el de ahora, excluyeron de toda instancia pública por casi 20 años a todo lo que olía a zelayismo.
Entonces como ahora juntaban "las fuerzas democráticas" contra la herencia del Dictador, ignorando que en semejante generalización excluían a un importante sector del pueblo nicaragüense, y tuvieron que encontrarse con los liberales en guerra para darse cuenta de su error.
Durante la dictadura dinástica somocista, también se dedicaban a conspirar para juntar "las fuerzas democráticas", es decir, el somocismo y el colaboracionismo conservador, excluyentes de cualquier otra tendencia política. Tuvieron que encontrarse con los sandinistas y la mayor parte del pueblo nicaragüense armado, para volver a darse cuenta de que habían tropezado con la misma piedra.
Hoy siguen manejando con el mote de "fuerzas democráticas" a los restos dispersos del somocismo y pretenden castigar como antidemocráticos y sin derecho a las funciones públicas, a todos los nicaragüenses que con la bandera de Sandino acabaron con el somocismo y su brazo armado, y que pese a los traumas y frustraciones de los años 80 se siguen llamando orgullosamente sandinistas y no menos demócratas.
Ojalá esos funcionarios norteamericanos no tengan éxito en sus propósitos de sectarizar con los elementos más caracterizados de la corrupción y la venganza política los guiñapos de Instituciones que tenemos.
Ojalá no puedan lograr que una importante fracción del pueblo nicaragüense se sienta excluida y satanizada por los falsificadores de la democracia.
De todas formas, si consiguieran sus propósitos, más temprano que tarde la historia los volverá a sacudir.
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