Martes 14 de Diciembre de 2004 Hora local [an error occurred while processing this directive] | Managua, Nicaragua


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Opinión

Por los caminos van los campesinos
Rodolfo Pérez García

“Por los caminos van los campesinos a la guerra civil”

Pablo Antonio Cuadra (1935)



Ya hace mucho tiempo de que se escribió este bello poema por Pablo Antonio Cuadra, los versos y estrofas del mismo reflejan una realidad cotidiana e inmutable en nuestro país. Es simple preguntar cuántos de nuestros abuelos protagonizaron guerras ordenadas por los caudillos de esa época, sin embargo, este tema hay que abordarlo desde dos perspectivas muy diferentes, la primera es en cuanto a la instrumentalización de la fuerza campesina en función de intereses mezquinos y particulares de pequeños grupos nacionales o grandes potencias extranjeras, y la segunda en el lamento permanente y de valentía ejemplar de nuestros hombres, mujeres y niños del campo y la deuda que todavía tenemos con ellos pendientes la sociedad nicaragüense.

En todas las guerras libradas en Nicaragua, la fuerza de los campesinos ha sido vital para darle forma a estos enfrentamientos, no sólo porque la mayor parte de la sociedad nicaragüense había habitado en el campo y vivido de las labores agrícolas, sino que esta fuerza de trabajo era obligada a marcharse a una guerra que a como todas las demás, nunca fueron suyas ni beneficiaban en nada a su familia. Siempre la clase intelectual se encargaba de organizar los regimientos y batallones de hombres sin ningún tipo de preparación militar, se les daba su uniforme de manta, su sombrero y su rifle de chispa a como ellos mismos les llamaban, al final y con apoyo de los hacendados que hacían de reclutadores, para estar bien con el poder, estos miles de campesinos se marchaban a los diferentes puntos del país a tratar de sobrevivir y llegar completos de regreso a sus ranchos, solo con el miedo y el recuerdo permanente del terror en un país que no pintaba ninguna mejora.

Igual que el panorama latinoamericano, los organizadores de las guerras terminaban firmando pactos a espaldas del pueblo y quedaban amasando riquezas por la venta de las armas que sirvieron en los puños de campesinos, para matar por supuesto, a más campesinos. Las guerras más cercanas, a excepción del derrocamiento de la dictadura de Somoza, han seguido esta misma dinámica.

En los años ochenta, y quienes estuvimos en el frente de guerra en uno u otro lado, sabemos que la mayor fuerza de la lucha irregular eran los campesinos, por el lado del Ejército Sandinista se formaron unidades completas y exclusivas de campesinos, entre ellas tenemos los batallones de reserva, las cooperativas de autodefensa, las compañías permanentes territoriales (Copete), y ya no digamos la participación de los famosos “cuñaditos” a como les llamábamos cariñosamente, tenían una participación elevada en las otras unidades militares, los Batallones de Lucha Irregular (BLI), y los Batallones Ligero Cazadores (BLC), entre otras fuerzas.

Ya no digamos la composición principal de las fuerzas de tareas de la Resistencia Nicaragüense, que se les llamaba los “primos”, y que además los corruptos jefes de unidades les pagaban hasta con dólares falsos, eran en su mayoría campesinos que adoctrinados con el terror hacia los comunistas “come niños”, daban su vida con tal de eliminar de Nicaragua a los “piricuacos”, término con el que se designaba a los combatientes sandinistas.

A como hoy todos sabemos, este episodio terminó con la desmovilización que a como dice el poema “Por los caminos van los campesinos”, de dos en dos, de diez en diez, de cien en cien. Los campesinos regresaron a sus ranchos, con la desgracia en sus mochilas, con un par de botas militares y con un saco lleno de promesas de los bandos en donde les correspondió derramar su sangre y la de sus familiares.

Cuando acabó la guerra, los campesinos pasaron a ser un importante elemento para conformar las llamadas “portátiles” electorales, las cuales consisten en buscar en las comarcas y valles campesinos a grupos de personas que por una pequeña cantidad de dinero o comida, se suben a camiones y buses con la única misión de gritar vivas a candidatos y programas que no conocen ni nunca conocerán, ya que al igual que las guerras pasadas esos discursos no cambiarán el rumbo de sus vidas, sin embargo se uniforman del color del partido a que le servirán ese día, una vez cumplida la misión, regresan a sus ranchos, después del paseíto por la ciudad.

Hay ocasiones incluso, en que fuera de campañas son movilizados por políticos, a una nueva forma de protesta llamadas plantones o tranques campesinos, una vez lograda las soluciones tanto encima como debajo de las mesas, se les da la orientación de retirarse a sus mamarrachos a seguir aguantando hambre, hasta cuando los necesiten de nuevo de forma cínica y descarada, jugando con su desgracia.

Pero también es cierto que hay otra cara de la moneda y es el otro aspecto que no debemos olvidar, y es la valentía del campesinado, de la cuenta pendiente y social que tenemos con ellos, de la incorporación de sus justas y eternas demandas en la política social, en el famoso incentivo con recursos al campo, este famoso cuento de todos los gobiernos actuales, de nada han servido remedos de reformas agrarias en donde los propietarios o más bien tenedores nunca fueron dueños, y de ahí el problema actual de la propiedad en nuestro país, a veces creo nos olvidamos de dónde vienen las legumbres, las verduras, el arroz, el maíz para la tortilla, el guineo o el plátano que degustamos en las ciudades.

Es en este aspecto donde no debemos seguir usando al campesinado como un instrumento barato de nuestras mezquinas intenciones políticas, hay que verlos como seres humanos dignos y no como “jinchos” la cual es la forma racista de llamarlos en las ciudades, es con sensibilidad humana, con solidaridad, con realismo de ver el campo no solo como una forma de relax para la cacería o el camping, es verlo como un lugar lleno de muchos compatriotas que no tienen nada para alimentar a sus hijos.

Es momento de que los movimientos sociales también incluyan de forma real a los campesinos, no es que subestime la valiosa labor que han venido haciendo muchos organismos en función de mejorar la vida del campo, sin embargo no es con un combo de cerdos y gallinas que se supera la pobreza, es con propuestas más profundas que transformen realidades, es con leyes llenas de contenidos y recursos que se puede solucionar este mal permanente.

Hoy por los caminos van los campesinos, mañana nadie irá por esos caminos, no está lejos el día, si seguimos con esta actitud frente al campo, que importaremos las tortillas desde México, los bananos de Costa Rica y los frijoles de Honduras, pero lo peor, exportaremos nuestras conciencias de los ejemplos infames de los políticos de los poderes del Estado de Nicaragua, que son los que tienen certificado de garantía en el ámbito internacional.



Madrid, diciembre de 2004


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