Sábado 11 de Diciembre de 2004 Hora local [an error occurred while processing this directive] | Managua, Nicaragua


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Nacionales

El vuelo solidario y temerario de Clemente
* Avión no servía, dueño era aventurero y el piloto inexperto
* Hijo el gran pelotero trae la misma carga el 31 de diciembre
Vladimir López

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El peloterazo de grandes ligas, Roberto Clemente, pereció el 31 de diciembre de 1972, cuando traía ayuda a los damnificados luego del terremoto de Managua. ARCHIVO / END

 
Casi 33 años después de su trágica muerte, el espíritu solidario del gran “big leaguer” puertorriqueño, Roberto Clemente, se hará sentir en Nicaragua cuando arribe un cargamento de ayuda humanitaria.

La Cancillería informó que seis mil libras de carga recolectada en Puerto Rico y Estados Unidos, bajo el lema “El vuelo por la humanidad”, arribarán a Nicaragua el 31 de diciembre para rendir tributo al talentoso deportista y celebrar su ejemplo y solidaridad con Nicaragua.

El espectacular pelotero pereció la noche del 31 de diciembre de 1972, cuando el avión de propela DC-7 que alquiló, a fin de traer a Nicaragua ocho toneladas de ayuda para los damnificados del terremoto de Managua, se precipitó al océano, a dos kilómetros de la costa de Puerto Rico.

La información de la Cancillería dice que una delegación encabezada por Roberto Clemente Jr. y Eliécer Rodríguez, miembros del “Proyecto Club Clemente”, llegará a Managua con un cargamento de ayuda similar al que se perdiera en el trágico accidente aéreo de 1972.

Un viaje lleno de percances y de... furia

Roberto Clemente, quien ya había enviado varios lotes de ayuda para los damnificados del terremoto de 1972, recibió un SOS desde Nicaragua --no se sabe de parte de quién-- clamando por azúcar y más medicinas.

Clemente nunca dijo no en estos casos. Adquirió él mismo la mayor parte de la ayuda que le solicitaron y alquiló el avión de propela, DC-7, por un precio de cuatro mil dólares.

Se asegura que Roberto decidió hacer personalmente el viaje, porque se enteró de que mucha de la ayuda enviada no llegaba a los damnificados, ya que se la robaban los militares somocistas que gobernaban Nicaragua.

Sus familiares relataron que su furia por tal injusticia culminó con la decisión de venir personalmente a hacer la nueva entrega, y a investigar lo denunciado.

Por poco muere Sanguillén

Manuel (Manny) Sanguillén, amigo de Roberto, receptor de los Piratas de Pittsburg y quien jugaba en el campeonato invernal puertorriqueño, decidió acompañar a Clemente. Pero cuando iba hacia el aeropuerto aquel 30 de diciembre, se le dañó el automóvil.

En tanto, Clemente y la tripulación encontraron algunos inconvenientes con el funcionamiento del avión, y tuvieron que posponer el vuelo para la madrugada siguiente.

Al otro día, nuevas dificultades mecánicas obligaron a un cambio de hora para la partida. Esa vez el vuelo se pospuso para las cinco de la tarde del 31 de diciembre.

Cuando Sanguillén se enteró de la posposición, le prometió nuevamente a Roberto que lo acompañaría. Sin embargo, al disponerse a salir de su apartamento no encontró las llaves del automóvil.

Él y su esposa estuvieron buscando las llaves cerca de dos horas. Cuando las encontraron, en cierto sitio donde el mismo Sanguillén las había puesto, éste pensó que ya era muy tarde y se resignó a no acompañar a Clemente.

Su hijo le advirtió

En el aeropuerto, Roberto esperaba que la máquina funcionara del todo bien para emprender el viaje. La tripulación y unos mecánicos trabajaron intensamente.

Quizá Clemente recordaría durante esa espera las palabras del mayor de sus tres hijos niños, Robertito: “Papá... No vayas a Nicaragua. Ese avión no va a llegar allá”... Se supo después de esta infantil premonición, porque el muchachito también se lo dijo a su abuela materna.

Por fin el aparato rodó por la pista del aeropuerto de la capital puertorriqueña, y levantó su vuelo a las 9:20 de la noche.

A bordo iba el presidente de la empresa propietaria de avión, Arturo Rivera; el piloto Jerry Hill; el ingeniero de vuelo Francisco Matías, y un amigo de Roberto llamado Rafael Lozano.

Ocho toneladas de ayuda

Un empleado del aeropuerto llamado José Antonio París, contó en su momento: “Me pareció ver y oír que uno de los motores vibraba mucho, realmente en exceso cuando tomaban vuelo. Apenas estaban en el aire se incendió ese motor. El piloto trató de regresar e intentó un viraje a la izquierda... Pero no lo pudo lograr. Hubo una explosión primeramente. Después otras tres seguidas y finalmente desaparecieron”.

El DC-7 cayó al océano, a más de dos kilómetros de la costa, a las 9:23. Más nunca se supo de los cinco viajeros. Sólo se encontraron algunos restos del avión, de los equipajes, los anteojos del piloto y una calceta de Roberto.

Vera Clemente, su esposa, quien había ido al aeropuerto a despedir a Roberto y lo suponía ya en Managua, se enteró de la tragedia a las 12:30 de la noche, cuando la llamó un familiar que escuchó la fatal noticia por radio.

“Estuve más de una hora diciéndome que no podía ser, que a esas horas ya estarían en Nicaragua”, recuerda ella.

Después supo lo que nunca supo Roberto Clemente: el dueño del avión, Arturo Rivera, había realizado 66 vuelos ilegales, por lo que trataban de suspenderle la licencia definitivamente.

El ingeniero Francisco Matías no estaba entrenado para volar este tipo de aparatos. El avión tenía cuatro mil libras de sobrecarga mal distribuida, y además, había sufrido varios accidentes, la mayoría tratando de levantar vuelo.

Curiosamente, Robertito, aquel muchachito que con ojos asustados le dijo a su papá que no viniera a Nicaragua ese 31 de diciembre, ahora, casi 33 años después, es quien encabeza la delegación que trae esa ayuda humanitaria a Nicaragua.

(Con la colaboración de la página espanol.geocites.com)


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