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Sábado 29 de Noviembre de 2003 | Managua, Nicaragua
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No hablan de política, ni de deportes tampoco de sexo
Fraternidad de los hombres felices
* No es una religión. Lo que buscan es un acercamiento con Jesús para que cada quien cambie su vida
* No necesita ser potentado para ser de la fraternidad. Si quiere una nueva vida basta con que coma en una fritanga


Joaquín Tórrez A.

Foto
  Humberto Argüello Pasos, Presidente de la Fihnec en Nicaragua.  

De lunes a viernes, en 350 restaurantes de Nicaragua se reúnen 12 mil hombres.

No para hablar de política, de deportes o de sexo, tal como retratan los chistes machistas a los hombres. No. Hablan de Dios. De primera, esto le suena a secta secreta, pero no. Son las reuniones de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo.

De seguro usted conoce a uno. Y le ha extrañado porque su vecino, el que solía dejar la parte más dura del hígado para los negocios, hasta le saluda en la calle. O porque le ha visto que ahora da más limosna en su iglesia.

Si ha visto eso es porque su vecino, el que se quedaba fumando en el atrio de la iglesia mientras su esposa participaba de la misa, ahora es un miembro de la fraternidad; una asociación neocristiana que entró al país en 1991 y que le ha cambiado la vida a muchos, tales son los testimonios que se escuchan en sus reuniones; casi siempre almuerzos o cenas.

Como en esas tiendas de todo a dólar, en la fraternidad hay de todo.

Empresarios, profesionales, comerciantes, ganaderos, ministros y miembros de partidos políticos. La fauna es diversa: ahí van desde el diputado Noel Ramírez hasta el célebre Pedrito El Hondureño. Daniel Ortega también ha bebido café con ellos.

Las reuniones son una vez a la semana, generalmente en el restaurante que frecuentan. Bien puede ser el más caro de Managua o alguna fritanga de Ciudad Sandino. De ahí que no se necesite ser un potentado para estar en la fraternidad. Lo importante es que todos coman y hablen, como no, de Jesús.

Dios es buena comida

"Preferimos reunirnos en restaurantes porque nos parece más cómodo; porque Dios es una buena comida", dice Humberto Argüello Pasos, presidente de la fraternidad en Nicaragua.

Argüello Pasos es el "gurú" nica de la Fraternidad. Este dueño de una empresa de diseños gráficos, dejó Nicaragua en 1983 y se enrumbó a Honduras. De ahí importó la idea cuando regresó al país en 1990.

Al inicio eran tres: el director de la DGI, Róger Arteaga, el economista Juan Ramón Arriaza y él. Se reunían en el antiguo Centro César Augusto Silva, recuerda Argüello. La fraternidad nació en Nicaragua en octubre de 1991.

Lo de gurú, a Argüello, no le gusta. Y aunque dice que sigue siendo un hombre normal vive para la fraternidad. Cuando se habla con él --y si esa plática es interrumpida por las llamadas de sus amigos-- es inevitable asistir a diálogos que van desde un "Jesús es el dueño de nuestras vidas", hasta un "hay que ver mejor eso porque tenés mucha plata en juego".

Muchos de los miembros de la fraternidad son de los que han desarrollado su mente dentro de la música del dinero. Argüello es de ellos. Nació en un hogar religioso. Luego estudió en el colegio Pedagógico La Salle. Pero, según él, Dios no se le hacía atractivo.

Como todo convertido divide sus oraciones en "yo era" y "yo soy". Antes de la fraternidad actuaba como salido de un corrido mexicano. "Era borracho, mujeriego y jugador", dice. Ahora habla así: "soy consciente de mi responsabilidad...", "el hombre sin Dios es vacío...", "Jesús es..."

Argüello es un hombre taciturno. Viéndole así, tan bajito y a bordo de su camioneta Chevrolet Blazer, no parece el hombre que ha logrado que Jesús y los negocios rimen entre muchos empresarios. Por eso le respetan desde el dueño de ferreterías hasta el que hace negocios vendiendo chatarras. "Jesús me ha cambiado. Por eso busco involucrar a más... porque he visto que muchos empresarios sólo viven para los negocios sin ver su salud y su familia. Son infelices", dice Argüello, padre de ocho hijos "cosecha de la vida anterior".

No es religión La Fraternidad no es una religión. "Somos Cristocéntricos porque creemos que Jesús es el centro de todo", dice Rolando Vado, un fraterno (como se llaman entre ellos) que asiste todos los jueves a la comida de su capítulo, ubicado en el restaurante Los Ranchos.

Eso no significa que hayan dejado de marcar tarjeta en sus iglesias. "Al contrario, la fraternidad nos ha servido para que nos acerquemos más a ellas", dice Raúl Obregón, gerente de la encuestadora M&R Consultores y fraterno desde 2001.

Obregón se acercó a este grupo a raíz de la muerte de uno de sus hijos.

Entonces se quería morir. Pero ahora no lo duda: "ahora quiero vivir más". ¿Y le ha ayudado la fraternidad para hacer mejores encuestas? "Por supuesto".

Por lo testimonial, sus citas tienen algo de los Alcohólicos Anónimos. "Pero nuestra misión es más profunda; buscamos que cada hombre tenga su contacto personal con Jesús para que cambie su vida y busque la vida eterna", cuenta Argüello.

La venta del mensaje está en tres puntos: en reconocer que algo anda mal en tu vida; que eso ha estropeado la paz en la familia; y que por eso necesitás acercarte a Jesús. Entonces aparece la fraternidad que sirve como facilitador: prepara el ambiente, lleva a las personas para que den sus testimonios y al final, ora por cada miembro.

La comida también sirve para distender la reunión. Y preparar el ambiente para los testimonios que están vedados para las mujeres. "Por eso los hombres se reúnen aparte de las mujeres, porque hay quienes confiesan que han sido infieles o que han sometido a sus mujeres a abortos", dice Argüello.

¿Pero eso no hace cómplices a todos? "Bueno, cada quien responde por sus pecados ante Dios. La fraternidad sólo sugiere un cambio de vida. Que se vea en el espejo espiritual que es Dios", dice Argüello.

Al final, una de las grandes lecciones que demuestran es que no es lo mismo tener prosperidad que tener dinero. Y que ser cristiano no termina al golpearse el pecho en las misas.

"La fraternidad lleva a los hombres a otra dimensión", afirma Argüello. Luego, con la calma de quien se toma un café, remata a modo de slogan: "la fraternidad es una inversión para una nueva vida".

Gloria a Dios con el estómago lleno

La una de la tarde de un jueves en el salón Faro, del Restaurante Los Ranchos.

41 hombres ocupan una mesa en forma de U. Unos enfundados en traje. Otros más flexibles en camisas. En más de uno la camisa poco hace para ocultar su abultada anatomía. La reunión parece un casting para relanzar una línea de ropa para "cuarentones". O una junta de socios.

Huelen bien. Tienen las manos cuidadas, una sonrisa bancaria y la inteligencia propia para hacer filigranas con las leyes, los reglamentos y la letra pequeña de los contratos. Se les nota el dinero hasta en el brillo de la mandíbula.

Media docena de meseros se multiplican para servir 41 raciones de churrasco de ocho onzas y de filetes en salsa jalapeña y mernier. No hay cervezas. El menú incluye Coca Cola, agua y una plática que va de los negocios a la vida eterna.

Ahí se habla de miles de dólares. Pero más de Jesús.

"Buenas tardes fraternos", interrumpe una voz que saluda a los novatos y pide apaguen sus teléfonos móviles. Al silencio le sigue un "Dios les bendiga" y así inicia la sesión de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, FIHNEC, división Los Ranchos.

Edgar Lugo, de la Ferretería Lugo, prende la mecha y desmenuza el acróstico de la Fihnec: "es fraternidad porque...".

Hay tres nuevos que se presentan. "Soy René González y soy economista"; "Buenas, soy ...". Con las ensaladas llegan los testimonios. Edgar González, empresario naviero, venido desde Alabama, relata cómo, gracias a la fraternidad, se deshizo de varios males y se reconcilió con su hermano Róger.

"Dios gobierna mi vida", dice Edgar. Y en su idioma le secunda su amigo Rolando Vado: "Dios es Gerente General de mi vida".

Los relatos fluyen en medio del concierto de cubiertos y vasos. Varios asisten con la mirada en el filete; otros con cara de piadosos. Unos pocos sólo levantan la vista cuando se llevan la carne a la boca. Otro amaga con llorar.

Todo parece medido. Los testimonios dilatan justo lo que dura la comida. Luego, el Tres Leches abre paso a la oración.

Previamente, cada fraterno le ha pasado al coordinador de la mesa, un sobre con el asunto por el que quiere orar. "Dios... ayúdale...", se oye de pronto. De pie, los 41 oran para sí con el rostro inclinado. A esa hora los meseros han servido café pero nadie le hace caso.

Ese es el cierre de la sesión del día en un lugar donde todos valen lo mismo.

La comida también. Cuando salen, con el "Dios le bendiga" en la boca, no dan la sensación de que acaban de salir de un restaurante de tres tenedores.

La Fraternidad...

En 1951, en California, un joven lechero de origen armenio llamado Demos Shakarian, fundó la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo.

Shakarian, con su esposa Rose y unos amigos, hizo la primera reunión en la cafetería Clifton, en Los Ángeles, para atraer a los hombres que no soportaban los sermones y prédicas en sus iglesias. Al inicio, su idea no caló.

Pero un día, cuenta en su libro "La gente más feliz de la tierra", Dios se le apareció en sus oraciones. En ese sueño vio muertos a todos los hombres de la tierra.

"Dios mío ayúdalos", pidió Shakarian en su trance. Y entonces vio como los hombres volvían a la vida. Al día siguiente de su sueño un amigo que le había sugerido dejar la fraternidad, le dio dinero para que siguiera con la fraternidad. Otro le dio su imprenta. Otro se puso a su orden. Otro... Shakarian murió en 1993. Ahora La Fraternidad la dirige su hijo Richard. Tienen presencia en 160 países y sus miembros se cuentan en unos cinco millones. En Nicaragua hay unos 12 mil. Y como buenos empresarios que creen en las buenas ventas, sus dirigentes estiman que la cifra llega a 60 mil; por aquello de que cada familia nicaragüense se compone de cinco miembros.




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