Cuando tenía catorce años Pablo Picasso (1881-1973) hizo el retrato de su madre María Picasso López. Realizado en la técnica de pastel, «Retrato de la madre del artista», 1896, no se parece en nada a los que hiciera en su posterior estilo cubista, donde entre otros temas también abordara el tema de la maternidad, cuál es el caso de su pintura «Madre e hijo» 1938; realizado 32 años después.
Es más a pesar de que este retrato de su madre que él pintara de niño tiene una gran maestría por el manejo en la reproducción de la figura, sin embargo con esta primera obra nunca hubiera trascendido a la posteridad sino con sus revolucionarias propuestas artísticas, precisamente opuestas a esta primera manera de pintar. Picasso pintó a la madre en un estilo realista del siglo XIX pero también en otra propia del siglo XX. Dos maneras de pintar en diferentes estilos de un mismo tema en un mismo autor, que son diametralmente opuestas.
LA MADRE COMO MUSA
El tema de la madre como motivo de inspiración para un artista es el más antiguo. Hace 30.000 años en la era prehistórica, aparecieron las primeras obras realizadas por humanos que se tienen referencia. Eran estatuillas esculpidas en piedra que representan mujeres embarazadas. Inmensas mujeres conocidas como venus adiposas, con grandes y enormes pechos, barriga, acumulaciones de grasa en los brazos y piernas que hablan de un seguro culto a la fertilidad. Por supuesto representando y haciendo alusión a ese precioso vientre que asegura y activa la continuidad de la vida.
MOTIVO DE TODOS LOS TIEMPOS
Todos los tiempos y estilos han representado la maternidad con mucha entereza y respeto. Unas veces vinculada a la tierra como la representación azteca de la madre tierra en la Coatlicue, con dos ofidios por cabeza, falda de serpiente y collar de manos y corazones. Otras a la montaña como la representación cristiana de la Virgen de Potosí, en Bolivia. O las simples representaciones cotidianas mesoamericanas de esculturas en piedra de mujeres que paren en cuclillas. Posteriormente no omitimos las famosas Madonas de la Edad Media y del Renacimiento europeo.
LA MADRE EN CARNE PROPIA
La madre vinculada a creencias divinas, sublimes, religiosas o simples representaciones cotidianas ha sido bien representada. Estas últimas como las del pintor impresionista francés Auguste Renoir (1841-1919), muy abundantes. Pero también en temas crudos y controversiales como es el caso de la pintora Frida Kahlo (1907-1954), quien cual Gabriela Mistral (1889-1957), en poesía, pinta su frustración de ser no poder ser madre. En sus impresionantes cuadros Frida enseña saliendo de su cuerpo encima de una cama, fetos, ingles, vientres todavía sujetos a ella por sangrientos cordones umbilicales.
LA MADRE REPRESENTATIVO DEL SER HUMANO
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Y «Madre e hijo» pintura de Picasso de 1938, pintado por el artista 32 años después, a los 46 años, revelan dos grandes visiones, las visiones de dos siglos en un mismo autor, de un grandioso e inmortal tema, el tema de la Madre. |
La madre por ser parte importante de la continuidad en el eslabón de la vida de los seres vivos, tiene una sublime carga de grandiosidad dentro de la categoría estética de lo sublime que empuja a los artistas a su representación. Y en estilos tan diversos e inusuales que van desde su fidedigna representación natural como el «Retrato de la madre del artista» de 1896 de Pablo Picasso, pasando por la representación de figuras de madres distorsionadas, acordes al estilo expresionista, de su época azul, hasta formas de mayores referencias abstractas y cubistas como la de «Madre e hijo» de 1938.
¿ES ESTO ARTE?
Suena irrisorio hacer la pregunta a una obra de un artista tan reconocido como Pablo Picasso. Pero es interesante preguntarse si esta pintura que puede en algún momento parecernos como salida de un inexperto o de un niño, valiera como arte, si no tuviera la firma de Picasso. Un artista, el mejor artista del mundo puede tener altibajos en sus obras. Y puede darnos excelentes obras y referencias a lo que puede ser arte pero no serlo.
Sin embargo, esta pintura, tiene en sí algo más que la habilidad y destreza de su otra pintura de 1896. Tiene frescura, innovación, creatividad. Un sello original que lo hace arte desde otros puntos de vista. «Madre e hijo» de 1938, esta pintura de Picasso, tiene un secreto candor, que la reviste de una nueva personalidad. Parece la pintura hecha por un niño. Parece la pintura de un hijo a una madre. Libre de cánones. Con el color de lo espontáneo. Con el vestido del movimiento. Una pintura que deja de ser el retrato de la madre de Picasso o el retrato específico de la madre de alguien, para convertirse en el retrato de la madre de todos.