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Pedro Molina y El Editor Constitucional


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Pedro Molina nació en la ciudad de Guatemala el 29 de abril de 1777. Estudió en la Universidad de San Carlos, donde obtuvo el grado de cirujano en 1802. En 1810 fue designado protomédico del ejército en la ciudad de Granada, Nicaragua, adonde poco tiempo después le siguió su esposa, Dolores Bedoya. El matrimonio vivió en Granada hasta 1813, y allí nacieron sus primeros hijos. En sus memorias, Molina relata que en esa época ya se discutían en el puerto lacustre las ideas independentistas. El propio Molina hizo circular secretamente entre algunos criollos principales de Granada un escrito en el que argumentaba la necesidad de romper los vínculos coloniales.

Años más tarde, aprovechando el espacio político abierto por la revolución liberal encabezada por el general Rafael del Riego en España, Pedro Molina fundó un periódico titulado El Editor Constitucional, que empezó a circular en las principales ciudades centroamericanas a partir del 24 de julio de 1820. Contaba con la colaboración de un grupo de intelectuales que se reunían en la casa del sacerdote José María Castilla, entre ellos, José Francisco Barrundia, Domingo Diéguez y Manuel Montúfar.

Molina y sus allegados sabían que su iniciativa era ariesgada, pues habían sufrido en carne propia la persecución española bajo la gobernación del Capitán General José Bustamante. No obstante, proclamaron su voluntad de asumir el desafío de hacer pleno uso del derecho a la libertad de expresión, en aras de construir un futuro mejor para su patria:

“Las circunstancias nos obligan imperiosamente a mirar por nosotros mismos, ya sea reclamando el cumplimiento de la Constitución, ya preparando la opinión para lo futuro. Esto nos proponemos ahora, decididos a sacrificarnos al bien de la patria, si por ello nos quisieren sacrificar sus enemigos. ¡Caigan las ruinas de la patria sobre nosotros, si no hiciéremos por mejorar su futura suerte!”.

Utilizando un estilo ameno y creativo para transmitir sus ideas, Molina publicó numerosos artículos en los que criticaba el despotismo, las desigualdades sociales, los privilegios de la aristocracia, y la intolerancia ideológica. Incluso, se atrevió a denunciar sin tapujos los estragos del sistema colonial y a argumentar el derecho de los americanos a la independencia.

A continuación, reproduciremos el prospecto de El Editor Constitucional y algunos de los artículos que reflejan el pensamiento del grupo de patriotas independentistas que conformaban su cuerpo de editores.

PROSPECTO “El libre uso de la palabra es como la divisa de un pueblo libre; pues el poder establecer la opinión pública acerca de sus derechos, de donde deben emanar las leyes, es lo que en realidad constituye su soberanía. Sería ésta no más que de un momento si se limitase a la facultad de nombrar sus representantes: el resto de su vida el ciudadano no sería más que un vasallo, o por mejor decir, un esclavo, si le estuviera prohibido manifestar libremente sus opiniones, y dar a sus diputados la ilustración necesaria acerca de sus verdaderos intereses. Por otra parte, ¿qué pueblo podrá mantener una ley, cuyas infracciones no pueda reclamar altamente en el tribunal de la opinión pública? Seríamos, pues, culpables ante la misma ley los que alcanzando estos principios no ofreciésemos a nuestros conciudadanos la ocasión de defenderla. Con este objeto intentamos establecer un periódico intitulado: El Editor Constitucional de Guatemala.” Pedro Molina, 1820 [Fuente: MOLINA, Pedro, “Prospecto de un periódico que se intenta establecer en Guatemala”, en: Escritos del Doctor Pedro Molina, Tomo I, Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1954, p. 1]

EL EDITOR CONSTITUCIONAL Lunes, 30 de julio de 1821

“El Supremo Hacedor creó a los hombres iguales. No dio derechos a unos para oprimir a otros. La naturaleza no conoce distinciones, ni ha concedido prerrogativas, que destruyan el equilibrio de la igualdad. Los europeos son hombres; lo son también los americanos; unos y otros han nacido para ser felices; unos y otros tienen derecho para buscar su felicidad; a unos y otros los impele igualmente su corazón. Si los americanos, pues, están persuadidos de que su felicidad depende de que se separen de la península ¿qué razón hay para que se califique de criminal su deseo? Pudiera decírseme que su cálculo es errado; mas yo no lo creo así. Veamos los fundamentos. Que los americanos desde la Conquista hayan sufrido enormes males, es evidente. No se les han proporcionado medios de ilustrarse; porque una política inhumana así lo ha querido; se les prohibió el cultivo de viñas y olivares, porque así lo quiso el vil interés de los que deseaban ser dueños exclusivos del vino y del aceite. Se abolieron sus sociedades patrióticas; se demolieron sus fábricas; se pusieron trabas y grillos a las manos del industrioso; se prohibió la explotación de sus minas de azogue, y hasta 1793 la elaboración de las de hierro; se prohibió con rigurosas penas el comercio entre ambas Américas. Casi se les ha excluido del goce de los empleos aún de su propio suelo, rarísimo lograba en la Península alguno de rango. Finalmente, la América separada por leyes del trato, comercio y toda comunicación con las demás naciones parecía un cartujo en el mundo político. ¡Cómo han sido tratados los americanos!!! Admiren las otras naciones su sufrimiento. Es principio inconcuso que el bien de la mayor parte de una nación es el bien público, y que el voto del mayor número es preferente al del menor. Nueve millones de habitantes tiene la Península. Humboldt calcula en la América española, sin contar las dos Floridas, trece millones: éstos quieren separarse de los nueve de España. Un exceso de cuatro millones de votos opinan por la independencia, es decir, un número mucho mayor; ¿por qué en sólo este caso se pretende que prevalezcan, en la deliberación de un punto de tanta importancia, nueve contra trece millones de votos? Las leyes son pactos voluntarios. Las sociedades tienen por base el consentimiento de los que las forman, ¿y sólo cuando se trata de la independencia de América se falsifican estos principios? Justicia, virtud sublime, sólo cuando eres respetada, puede haber paz entre los hombres. ¿A dónde te has ausentado? Los españoles y los americanos disputan, ven y da a cada uno lo que es suyo.”

[Fuente: MOLINA, Pedro, Escritos del Doctor Pedro Molina, Tomo Tercero, Guatemala: Editorial “José de Pineda Ibarra”, Ministerio de Educación, 1969, pp. 681-683.]

“A la Libertad”

¡Libertad, don divino dado a los hombres por el Creador para alivio de sus penas, yo te bendigo! Dejas ver en medio de los mortales tu rostro consolador, y al punto desaparecen con la ligereza del rayo la opaca tristeza y la devoradora melancolía. Tu espada persigue de muerte a los tiranos; tu aspecto los hace temblar, y la humanidad oprimida se llena de júbilo al mirarte. Tú vengas los ultrajes hechos al pobre, tú castigas los enormes delitos del rico orgulloso, y cubierta con el escudo impenetrable de las santas leyes arrostras sin miedo las sanguinarias falanges del despotismo. La justicia que ampara al desvalido, la pura virtud te acompañan por todas partes, y el heroísmo y valor te preceden. Tú rompes las injustas cadenas que oprimen a los seres más nobles, tú derrocas los tronos fastuosos de la usurpación, y teñida con la sangre impura de los opresores del género humano vuelas al socorro de los infelices que gimen en la miseria. Las ciencias y las artes te deben su esplendor, tú las recibes bajo tu égida inmortal y tu mano bienhechora las llena de honores. Has venido a fijar entre nosotros tu morada y todos corremos a ponernos a la sombra de tu estandarte. Los americanos te han erigido un altar indestructible, tú esgrimirás en favor nuestro el acero de la justicia, y la tiranía dejará de existir. Eterna maldición a los enemigos de tu nombre. ¡Loor y bienes eternos a los que te aman!”

[FUENTE: El Genio de la Libertad, Lunes 3 de septiembre de 1821, Nº 15, Fol 113. Reproducido en: Escritos del Doctor Pedro Molina, ob. cit., p. 736.]




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