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NUEVA YORK.- Faltan pocas horas y aún no están claros los
nombres. La pieza central de la ceremonia del aniversario del
11-S, que la ciudad aguarda con cierto desdén, consistirá en
una larga letanía en la que los grandes protagonistas de la
tragedia recitarán la lista de desaparecidos. A dos segundos
por víctima. Y sin embargo, casi 12 meses después del ataque
contra el World Trade Center (WTC), los números y los nombres
siguen bailando.
Mientras el listado de víctimas del Pentágono (184) y las del
avión de Pensilvania (40) no ha sufrido variaciones, equipos
de detectives y forenses de varios países llevan un año
tratando de descifrar quién murió realmente bajo el amasijo de
cemento y acero de las Torres Gemelas. La última estimación de
los forenses, que será la utilizada en el acto del
aniversario, reducía el número a 2.819. Este dato está muy por
debajo de los cerca de 6.800 nombres que figuraban a mediados
de septiembre del año pasado.
De éstas, tan sólo 1.379 son muertes confirmadas gracias a las
pruebas de ADN. Los 1.350 restantes han sido reconocidos como
muertos por las autoridades, después de que sus familiares
reclamasen sus certificados de defunción. La suma de ambas
cifras es 2.729, muy por debajo de los 2.819. Los casi 100
restantes son un grupo impreciso de desaparecidos, cuyo
paradero en el momento de los atentados se desconoce.
Según el diario The New York Times, los detectives de la
policía se están apresurando para aclarar estos casos y
conformar un listado definitivo para el próximo miércoles. El
diario dice que el Departamento de Policía, que registra a las
víctimas en el apartado de homicidios, cree que serán unos
2.802.
UN VERTEDERO DE RESTOS
Lo más probable es que se incluyan 17 de los desaparecidos que
formaban parte del cuerpo de bomberos y de compañías con sede
en las Torres. De hecho, pese a que todo apunta a que éstos
perecieron hace un año, las autoridades no los cuentan como
tales porque sus familias se niegan a aceptar la realidad y
aún no han reclamado un certificado de defunción. Aguardan a
que algún mínimo resto de sus seres queridos aparezca en el
vertedero de Staten Island, donde la tierra y el cemento eran
revisados de nuevo y examinados con rayos X. Pero aquel
cementerio de detritus cerró oficialmente sus trabajos el
pasado mes de julio.
Entre los desaparecidos también pueden figurar algunos vivos.
Se trata en la mayoría de los casos de homeless o individuos
sin apenas lazos familiares que solían merodear diariamente
por el lugar del siniestro. Varios de ellos han reaparecido en
centros psiquiátricos.
La semana pasada, George Sims comenzó a despertar de su
amnesia en un hospital de Nueva York, donde era tratado por
esquizofrenia. Aunque su madre temía que hubiese fallecido
bajo las Torres, se había resistido a reclamar certificados
oficiales e indemnizaciones.
El nombre del vagabundo Albert Vaughan, un habitual del metro
del WTC, fue borrado la semana pasada de la recitación del
aniversario. Hace dos meses, su familia fue notificada que
Albert seguía con vida. "No sabía que todo el mundo pensaba
que estaba muerto", manifestó Vaughan, cuya memoria no le
alcanza a recordar dónde se encontraba el 11-S. "Van a ver más
casos como éstos. Tenemos constancia de otros nombres, pero
aún no los haremos públicos", comenta Ellen Borakove, portavoz
de los servicios forenses del Ayuntamiento.
La mayor dificultad estriba en la veintena de desaparecidos de
origen extranjero, en su mayoría trabajadores ilegales, con
números de la seguridad social falsos. Y hasta el nombre, en
algunos casos.
La investigación de las víctimas extranjeras ha sido la más
difícil de todas por la burocracia. Los denunciantes de la
desaparición se encontraban fuera del país y la Policía no
logró dar con ellos. Se cree que 500 extranjeros perecieron,
en su mayoría residentes en el área de Nueva York. Las
demandas iniciales elevaban el número a 2.200.
La identificación de las mujeres también ha sido complicada,
ya que varias de ellas habían sido registradas por familiares
con sus apellidos de soltera y sus nombres estaban duplicados.
Luego están los fraudes: 25 personas han sido procesadas por
falsificar la muerte de un pariente con diferentes fines
(cobro de seguros, indemnización o simplemente evasión de
deudas).
Pero también hay familias que, desesperadas por encontrar a un
ser querido, lo incluyeron entre los desaparecidos. Por eso,
el 11 de septiembre próximo, el largo recital no logrará
sepultar todos los nombres.
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