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Martes 10 de Septiembre de 2002 | Managua, Nicaragua
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Violeta Delgado

Por Mario Guevara Somarriba

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Violeta Vanessa Delgado Sarmiento es diriomeña de nacimiento, hija de padre nicaragüense y madre hondureña, específicamente olanchana, pueblo de pistoleros, lugar donde surgieron grupos guerrilleros, gente de machete, gente muy brava. Por parte de padre es diriomeña, tierra de brujos y brujas... ¿Tenés más de bruja o de luchona?

- Se combinan, (ríe).

Creo que la parte más rica de mi infancia en Diriomo fue la parte de libertad, el sentir que podía entrar y salir de las casas, ese sentido de comunidad, de vivir en un pueblo que no te restringe a las cuatro paredes de una casa; almorzás donde la Juanita, visitás a doña Teresita... y los niños salen de entre los árboles... Un sentido de libertad de tener una casa grandísima, tu barrio... Creo que el sentido de comunidad, el sentirme parte de algo.

¿Cuándo comienza tu vida política?

- Con lo que arranca mi compromiso político y social fue con la alfabetización, cuando tenía 11 años. Me fui con mi mamá, que iba de técnica a una comunidad de Nandaime, cercana a Diriomo. Viví alrededor de cuatro meses en una comunidad, en un rancho de 2 habitaciones, una donde vivía don Manuel y doña Simona con sus once hijas y en otro donde vivían las alfabetizadoras. Comíamos y dormíamos con ellos.

Después me integré a la Juventud Sandinista y trabajé en la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES), durante muchos años. Trabajé en la organización de grupos de estudio, en los Batallones Estudiantiles de Producción (BEP). Fui a cortar café un par de años y cuando salí del colegio a los 18 años, tomé la decisión de no estudiar nada que tuviera que ver con las ciencias políticas, porque tenía el interés en invertir más tiempo en mi formación académica y menos tiempo en activismo y en vida política, a partir de la experiencia pasada. Creí que había pasado demasiado tiempo metida en organizaciones y me fui a estudiar matemáticas, estudié Ciencias de la Computación en la UNAN- Managua y terminé siendo dirigente estudiantil (ríe).

¿Y cómo pasó eso?

Me fui a la UNAN y me integré al movimiento estudiantil. Fui presidente de la facultad y presidente del CUUN a inicios de los 90. Entre 91 y 92. Ahora estoy en la Red... Pero bueno hay un tiempo por ahí entre la UNEN y la Red, y fue la experiencia de ser vicecoordinadora nacional de la Juventud Sandinista, de la cual salí a partir de la crisis interna del Frente Sandinista.

Cuando andábamos anaranjados con el MRS...

- Te cuento que yo nunca fui. Estuve interesada en la propuesta, pero me parecían con una pulcritud que no incluía el hecho de que no terminaba de llegar a «chapalear» lodo con la gente de abajo. La propuesta política filosófica del Movimiento de Renovación Sandinista era excelente, pero el meterse a organizar gente era otra cosa...

¿Desde cuándo estás en la Red de Mujeres contra la Violencia?

- Desde 1994 soy Secretaria Ejecutiva de la Red de Mujeres contra la Violencia. Hay una idea de que las mujeres que defienden sus derechos y las de la Red no escapan de ello, y es que muchos hombres las critican y señalan de lesbianas...¿Qué pensás de eso?

- Pienso que hay hombres y mujeres con diferentes opciones sexuales en toda la sociedad, en los movimientos sociales.

Es un estigma porque hay homosexuales y lesbianas en todos los ámbitos de la sociedad, pero creo que la relación que hacen entre la existencia de lesbianas en el movimiento de mujeres, es porque asocian a mujeres en un ejercicio que está restringido a los hombres: la autonomía, el tener posibilidad de palabra, el tener vida pública, participación, eso está ligado a los hombres.

Me dijiste que en una ocasión un compañero de trabajo de tu mamá le dijo: «A esta mujer no hay quién le ponga frenos», refiriéndose a vos. ¿Esa forma de ser te ha traído problemas?

- Me ha traído y me continúa trayendo problemas familiares; desde los 14 años que me fui a cortar café, y quizás desde los 11 cuando me fui a alfabetizar, comencé a tener diferencias con miembros de mi familia, por mi decisión de involucrarme y de salir de la casa.

Algunas de ellas se han superado, por ejemplo con mi papá ahora tengo una excelente relación, después de 20 años de estar uno jalando por un lado y otro por el otro, finalmente hemos encontrado la forma para respetarnos y admirarnos. Yo lo admiro mucho y creo que él tiene su tanto para mi.

He aprendido muchas cosas de él últimamente, como el sentido de reconocer su carácter jodedor y bromista de la vida, y a disfrutarlo también, y si vos querés, hasta me he aproximado a tratar de entender qué era lo que él sentía cuando le dije: «Te quiero mucho, pero me voy a cortar café, nos vemos dentro de 3 meses. Y lo hago por muchas cosas que vos me enseñaste en la vida y si querés ser consecuente con eso, respetá mi decisión».

Creo que otro elemento importante, tiene que ver con el hecho de que las mujeres más importantes de mi vida han sido mujeres muy fuertes, y dos de ellas son maestras. El ver a una mujer hablando en un espacio público y liderando a un grupo, aunque sea de jóvenes, me hizo interiorizar desde pequeña que es algo natural y normal que las mujeres hablemos en público, compartamos, nos dirijamos. No se si los otros hijos de maestros tengan esa percepción que tengo yo, mi casa estaba ubicada frente a la escuela, entonces era un lugar donde me era fácil entra y salir (ríe).

Se podría decir que saboreaste el poder de la palabra...

- Me hizo sentir el poder de la palabra oral y el poder de la palabra ante colectivos, el facilitar información, el dar elementos para el debate, compartir lo que vos sabés, y el liderazgo y fuerza que tienen las maestras, creo que eso me marcó. Son cosas que en el inconsciente se van exteriorizando.

¿Te han pegado...?

- Mi papá, mi papá me golpeó, y estuvo ligado a mi militancia, cuando era adolescente.

¿Qué sentiste?

- Era un sentimiento de indefensión, sentir que el mundo se te hunde a los pies, no sabés a donde ir ni a quien recurrir, sentís como que un manto oscuro te cubre la vida, dejás de ver los colores de las cosas, te llenás de una gran tristeza.

¿Les es más difícil mantener una relación de pareja a mujeres profesionales y que tienen liderazgo?

- Es más difícil, pero sería interesante que le preguntaras a los hombres qué piensan de nosotras...

¿Vos que pensás?

- Hay como dos elementos, creo que hay cosas en la subjetividad masculina que no lo reconocen y menos que lo digan, pero que muchos hombres a pesar del discurso, incluso hombres intelectuales, aliados nuestros, a pesar de su planteamiento, de su reconocimiento y admiración a mujeres que tenemos vida independiente, que somos autónomas, creo que a pesar de todo optan por relaciones más tradicionales, y fijate - te lo juro- a mis 33 años, yo no lo terminaba de comprender y reconocer, porque todavía seguí creyendo que eran situaciones aisladas, simplemente que no había habido química, que no funcionaba.

La otra parte, es que a diferencia de los hombres progresistas, que no necesariamente tenga que ver con el tema de la afinidad política, el tema de la empatía teórica- filosófica, académica o de valores, creo que a diferencia, nosotras seguimos buscando ese príncipe morado (ríe).

Pero fijate que nosotras no buscamos a un hombre que nos proteja, que nos sustente económicamente, no concibo un hombre que me mantenga, no me miro, ni consciente, ni tampoco en la subjetividad, pero yo creo que no sólo las feministas, sino que muchas mujeres nicaragüenses, que sus referentes en fuerza económica han sido sus madres, creo que también exteriorizan eso. Los hombres, a pesar del discurso, también andan buscando mujeres que dependan de ellos.

¿No has encontrado tu príncipe morado?

- Hubo un momento en mi vida donde me topé con un hombre tierno, que me respetaba, que me quería mucho, que cocinaba, planchaba, barría, era comprometido, pero yo andaba buscando a mi papá, tenía pendiente resolver las crisis con mi papá, que se iniciaron cuando era una niña. Yo sentía que en este compañero había encontrado al príncipe azul, pero no llenaba cosas en mi... No se cómo explicar, sentía que no era el hombre que andaba buscando.

En ese caso terminamos teniendo una relación como de hermanos, y pues la relación terminó después de varios años de estar juntos, somos muy buenos amigos, nos queremos mucho, creo que es la persona en quien más confío, pero esa crisis que marcó el termino de esa relación, que nos dolió mucho, que lo lloramos mucho, me hizo reconocer que yo no había terminado de cerrar la historia con mi papá, y que eso me estaba metiendo ruido para poder disfrutar más plenamente de hombres como él, porque la imagen del protector, del hombre que yo le tuviera miedo, esa figura masculina que todavía era una sombra. Pero fue interesante, porque luego de eso, mi relación con mi papá mejoró.

¿Y cómo los preferís?

- Ahora yo los prefiero termino medio, como los churrascos... (ríe ampliamente). ¿Cómo es eso?

- Un hombre con el cual pueda negociar claramente las cosas, que las podamos hablar. Que tenga una imagen y un discurso políticamente correcto, pero que en la práctica sea consecuente, y que además pueda ser feliz, que se sienta feliz con su forma de ser y con las negociaciones, apuesto más a encontrar a un hombre con quien pueda negociar, a encontrar el hombre perfecto.

¿Qué cosas tenés pendientes?

Hijos, los tengo pendientes fijate, no tengo hijos todavía y quiero tener hijos, una violetita, pelo largo y de anteojitos.

¿Querés llegar a ser diputada?

Hace unos años quizás, pero ahora está descreditada la carrera (ríe).

¿No estás en ningún partido?

Con el Frente orgánicamente rompí en 1994, con mi salida de la Juventud Sandinista y emocionalmente con la denuncia de la Zoilamérica. Lo que me dolió mucho, más que los actos de Daniel Ortega, fue que la gente se haya dejado manipular por él, y que hayan salido en la defensa de un abusador. Que no hayan tenido las posibilidades de bajarlo de las nubes, verlo como una persona terrenal, que puede, al igual que miles de nicaragüenses, cometer ese tipo de actos, Daniel no es Dios. Pero te digo, quiero seguir haciendo cosas políticas, pero desde la sociedad civil. Creo que no podría vivir sin hacer política...




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