Portada
Archivo
 
El Nuevo Diario
Miércoles 30 de Octubre de 2002 | Managua, Nicaragua
_
 
Busqueda
Escribenos
Nacional Sucesos Variedades Deportes Opinion Departamentos
Clasificados online
$ Cambio  
del Dólar  $
Compra:
C$ 14.5244
Venta:    
C$ 14.5267

Rompiendo el tabú:
Desde el BARRO al SUR

Alberto Cortés Ramos *
Managua

En el mundo en que vivimos, en que el estado nacional sigue siendo la unidad de organización política básica y el nacionalismo una clave identitaria significativa, el grupo humano más expuesto a prácticas arbitrarias, xenofóbicas y de exclusión social, es el de los migrantes. Por ello, la decisión de migrar de manera forzada por causas económicas implica una alta cuota de dolor y violencia para quien se tiene que ir: Por un lado, por lo que significa dejar el lugar de origen, el desarraigo de su cultura y de sus tradiciones, así como el desgarramiento de los vínculos familiares y afectivos; por otro lado, por lo que implica ir a un mundo desconocido y generalmente hostil, en el que pronto será reconocido como el/la «otro/a», el chivo expiatorio causante de todos los problemas sociales y que, además será sobre-explotado, aprovechando su condición de no-pertenencia a la categoría de lo «nacional».

En términos generales, la migración es estudiada y analizada de manera más exhaustiva en el país receptor que en el expulsor, lo que está relacionado con la preocupación por controlar quiénes y cuántos son los migrantes, dónde están, qué hacen y cuál es su impacto económico, social y político. Con frecuencia esta política de control y «seguridad nacional» es reforzada por actitudes xenofóbicas de sectores sociales y de grupos de opinión pública, que perciben a la población migrante como una amenaza al orden establecido, generalmente una visión idealizada de su sociedad. Con distintos matices, esto ocurre en los países industrializados que atraen migración económica de países del Tercer Mundo (Estados Unidos, los países de la Unión Europea, Australia y Canadá). Este patrón se reitera en el caso de la migración económica de Nicaragua hacia Costa Rica: frente a una amplia elaboración bibliográfica y documental del más diverso signo sobre la migración nicaragüense en este último país, poco se dice al respecto en Nicaragua.

No es cualquier fenómeno social. Durante la última década más de un 10% de la población se ha ido del país hacia Costa Rica (más de 300 mil) y hacia los Estados Unidos (casi 200 mil). No deja de ser paradójico que emigre más población ahora, que cuando había dictadura y conflicto militar. Pese a su magnitud, hay un manto de silencio sobre quienes migran y, más aún, sobre sus causas. Una pregunta clave es ¿por qué semejante silencio? ¿por qué hemos hecho de nuestra emigración un tabú? ¿quién gana y quién pierde con la emigración?

El excelente documental «Desde el Barro al Sur», dirigido por las reconocidas cineastas nicaragüenses María José Alvarez y Martha Clarissa Hernández, se atreve a descorrer el velo y a romper el tabú, confrontándonos con el fenómeno de nuestra emigración hacia Costa Rica. Con un sentido crítico que posiblemente sacará roncha en los dos países. Técnicamente muy bien logrado, la trama responde a varias preguntas fundamentales: ¿por qué se van? ¿qué implica para las familias que alguno/s de sus miembros se vaya a un lugar lejano? ¿cómo viven los/as migrantes la experiencia de irse y qué hacen en Costa Rica? ¿qué ganan y qué pierden las familias y los migrantes? ¿cómo son tratados por la sociedad costarricense y qué sienten respecto a su experiencia como migrantes? Estas preguntas son respondidas por los migrantes mismos por medio del relato de sus historias de vida en Nicaragua y Costa Rica.

El documental le pone carne y hueso, sangre y lágrimas, a eso que, de manera abstracta e impersonal, llamamos migración o migrantes. Nos muestra distintas caras de las miles que tiene nuestra diáspora, que emigra desde todos los rincones del territorio nacional. Todas las historias entrelazadas por un hilo conductor común: En Nicaragua hay cada vez menos oportunidades ya no para un desarrollo pleno, sino para la simple subsistencia. Alma Nidia Ramírez de El Sauce, quien tiene una hija en Costa Rica desde hace cinco años, se pregunta en algún momento: «¿cómo sobrevive la gente que no tiene a nadie en Costa Rica?». El mensaje es claro y de ello deberían tomar nota políticos y gobernantes: ¿De qué sirve tener tierra si no hay crédito ni apoyo técnico para ponerla a producir? ¿De qué sirve tener calificación técnica si no hay donde trabajar? ¿De qué valen los equilibrios macroeconómicos, si la gente se está muriendo de hambre? Algo debería decirles a quienes toman decisiones que se gane más como empleada doméstica en Costa Rica, que como enfermera o maestra en Nicaragua.

Sin embargo, no todas las personas salen por razones económicas. Beverly Pacheco huyó de Jinotega por «razones familiares», que es traducible a violencia doméstica. Detrás quedaron dos hijos de los que no sabe nada desde hace siete años. Ella es víctima de la inacción del estado nicaragüense en el tutelaje de los derechos de las mujeres a vivir una vida sin violencia doméstica. Frente a ello, Beverly señala cómo en Costa Rica los hombres no pueden hacer lo que les dé la gana con las mujeres porque pueden enfrentar severas sanciones.

Un caso que merece un comentario especial es el de Alma Nubia Ramírez, quien llegó a Costa Rica cuando tenía quince años y tiene cinco años de vivir allí. En apariencia es el caso de la migrante que tiene éxito: Trabaja para una familia joven que tiene tres hijos, el menor con síndrome down, que le ha dado un excelente trato y muy buenas condiciones de trabajo (lo que no es la regla en Costa Rica, dicho sea de paso). Pese a su juventud y desconocimiento, aprendió rápidamente a manejar los electrodomésticos y se pudo hacer cargo del manejo doméstico; además, aprendió la rutina de ejercicios para el niño menor, lo que ha sido un extraordinario apoyo para la familia. Las remesas que ella envía han sido fundamentales para que su familia salga adelante y su trabajo ha permitido que sus dos hermanitas menores puedan estudiar.

Desde un punto de vista estrictamente material, éste podría ser visto como un caso exitoso, incluso como una invitación a migrar. Pero hay que tomar en serio todo el relato: Si bien en términos materiales no le ha ido mal, Alma relata con dolor y desgarramiento lo que ha significado para ella estar en Costa Rica: aislamiento afectivo, sacrificio de su proyecto personal y de sus sueños, pérdida de momentos muy importantes en la historia de su familia, momentos que no volverán. Con lágrimas en los ojos nos cuenta cómo muchas veces se ha preguntado qué está haciendo en Costa Rica y no con su familia. Su jefa nos relata cómo a veces Alma Nubia se ha quedado encerrada en la casa en su día libre para ahorrar y poder enviar el salario íntegro a su familia en Nicaragua. ¿Y por qué no retorna entonces? Alma aprendió a manejar máquinas de coser y se plantea que una opción podría ser regresar a trabajar en alguna fábrica de maquila, pero sabe de las condiciones de sobre-explotación y maltrato que se sufre en las mismas y, entonces, a pesar del dolor que le provoca, prefiere seguir en Costa Rica. Solo si se olvida este lado humano, que es fundamental, se podría pensar que este relato puede ser una invitación a migrar. Por el contrario, la mayoría de los/as entrevistados/as manifestó que volvería si tuviera oportunidades en Nicaragua.

A pesar de que está pensado en «clave nicaragüense», el documental también interpela a la sociedad costarricense. Las dinámicas migratorias son complejas y tienen luces y sombras. A veces en Nicaragua se olvida que en Costa Rica muchos migrantes tienen un mejor trato laboral, sobre todo si no están indocumentados, y mejores condiciones de vida (acceso a servicios de educación y salud gratuita, por ejemplo), que el que tienen muchos/as nicaragüenses en Nicaragua. Pero también es cierto que con frecuencia en Costa Rica se invisibilizan y minimizan las prácticas xenofóbicas y discriminatorias que sufre la población nicaragüense en ese país y que quedan muy bien reflejadas en el documental: desde las pintas contra los nicas en lugares públicos y las agresiones verbales, la sobre-explotación de la fuerza de trabajo migrante en las actividades agrícolas (denunciada por el Padre Gerardo Vargas), la discriminación laboral por razones étnicas (el caso de Beverly Pacheco) y la práctica sistemática de los patronos de llamar a las autoridades migratorias para expulsar a los trabajadores migrantes indocumentados cuando se acerca la fecha de pago (uno de los migrantes indicó haberlo sufrido cuatro veces). También se evidencian estrategias a las que tiene que recurrir la población migrante para insertarse en una situación menos vulnerable, entre otras, la de hablar con «acento tico» o la de tener hijos en Costa Rica, lo que les permite normalizar su situación en el país.

Mi reconocimiento y agradecimiento a María José Álvarez y Martha Clarissa Hernández por haberse atrevido a romper el silencio sobre la migración con este importante trabajo documental. Estoy seguro que contribuirá de manera significativa a abrir un debate tanto en Nicaragua como en Costa Rica sobre la situación de nuestros migrantes, que se traducirá en una mayor toma de conciencia sobre la dramática situación que vive esta población en ambos países y en una interpelación a quienes, en los gobiernos u otras instancias, pueden contribuir a mejorar las condiciones de vida de los migrantes.

* Nicaragüense, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica; candidato a PhD en Geografía Humana, Universidad de Loughborough, Inglaterra. a.cortes-ramos@lboro.ac.uk





  SuplementosSalud y SexualidadEl AlacranCulturalPlaneta CaricaturaEllas

Especiales


Anunciese
Directorio
Subscribase



 
Compartir:   delicious   digg   meneame


[ Portada | Archivo | Busqueda ]
[ Nacional | Sucesos | Variedades | Deportes | Opinion | Departamentos ]
El Nuevo Diario (c) 1998-2003
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web