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Jueves 23 de Mayo de 2002 | Managua, Nicaragua
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Etica de la amistad

Nasere Habed López

La palabra amistad se emplea a menudo con mucha ligereza para referirse incorrectamente, a todo tipo de relación humana, incluyendo las más superficiales y las más dañinas. Así ocurre en el trabajo, en la vida social y en la política.

En el trabajo se dice amigo al compañero de labores, al compañero de equipo, confundiendo así amistad con compañerismo.

En la vida social se llama amigo al vecino, al conocido, al «amigo de tragos»; que sólo se junta con uno para gozar y divertirse.

En la política se llama amigo al correligionario y se considera una prueba de amistad el sometimiento incondicional al caudillo, confundiendo así amistad con servilismo.

Más grave aún es la confusión de amistad con complicidad, relación malsana que se establece entre quienes se juntan y asocian para cometer fechorías. Mal pueden demandar amistad quienes buscan encubrir delitos. La lealtad termina donde empieza la maldad.

Por la misma razón no son amigos quienes nos inducen al vicio, la vagancia, la corrupción, la destrucción de nosotros mismos.

La amistad tiene un alto contenido ético. Presupone honestidad, sinceridad, lealtad, desinterés, bondad, respeto al amigo y procurar su bien, como si de nosotros mismos se tratara (Laín Entralgo).

Acertadamente el Diccionario de la Real Académica define la amistad como un «afecto puro y desinteresado, ordinariamente recíproco que nace y fortalece con el trato», de modo que una relación cimentada sobre el egoísmo, la simulación, el engaño, no es amistad.

Debemos también diferenciar la amistad auténtica de la llamada amistad interesada o falsa amistad, basada en un interés o conveniencia de carácter económico, político o social. Los falsos amigos comparten tu mesa, pero no perseveran el día de tu angustia. «Mientras te vaya bien, serán uña y carne contigo; pero cuando te vaya mal, te abandonarán». (Eclesiástico 6-10 y 11).

Los verdaderos amigos son muy pocos y sólo perduran cuando hay rectitud en los sentimientos y nobleza en el corazón. Es en ese afecto generoso y recíproco que caracteriza a la amistad, donde encontramos refugio y apoyo en nuestros momentos de infortunio.

La amistad nos ayuda a vencer el desaliento, nos da fe y esperanza. Es una luz brillando en la oscuridad. «Un amigo fiel es una protección segura; y el que lo encuentra ha encontrado un tesoro». (Eclesiástico 6-14).





 

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