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Lunes 11 de Marzo de 2002 | Managua, Nicaragua
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Parte del pulmón verde de Managua
Montibelli, una preciosa reserva cerca de Managua

ERVING SANCHEZ RIZO
Managua

Foto
  Claudia Belli está orgullosa del esfuerzo familiar con la nueva reserva Montibelli. (MIGUEL MOLINA).  

En una zona de gran belleza escénica y a pocos kilómetros de la capital, se levanta Montibelli, una nueva reserva silvestre privada que, pretendiendo ser parte del pulmón de la capital, va escalando casi en forma abrupta las Sierras de Managua a partir de la fresca planicie de Ticuantepe.

No es difícil llegar a Montibelli, nombre conformado por la unión de la palabra monte y Belli, el apellido de la familia dueña de la nueva reserva.

Partiendo del kilómetro 19 de la carretera Ticuantepe-La Concha, el visitante se interna a la derecha dos kilómetros y medio en un camino polvoriento que va pasando muy cerca de extensos campos sembrados de piñas hasta llegar a la vieja casona de la finca.

La zona más degradada y caliente quedó atrás, ante lo ojos del visitante se abren de repente colinas en las que una nueva vegetación pugna por vencer la depredación a que fueron sometidas las laderas del este del llano de Pacaya.

Claudia Belli, administradora y codueña de la reserva silvestre, se extiende hablando emocionada del proyecto que inició con su padre Carlos Belli y con otros miembros de la familia después que la crisis de la caficultura los convenció de darle otro giro a la actividad a la que habían dedicado la propiedad.

PARTE DE LA RED DE RESERVAS SILVESTRES DE NICARAGUA

Montibelli ya forma parte de una red de reservas silvestres privadas que no solo tratan de preservar o rescatar el antiguo encanto de los campos y montañas de Nicaragua, sino también atraer visitantes interesados en conocer las bellezas del país o estudiar la flora y fauna que habitan en el sitio.

La vieja casona, típica de finca cafetalera, está siendo remodelada para recibir visitantes y darles comodidades, mientras el lado sur del inmueble sirve de un improvisado auditorio que se extiende bajo un juego de luces y sombras proyectada por la luz del sol atravesando el follaje de los árboles que rodean la casa.

Desde el lado sur de la casona, bajando unos cuantos metros a una especie de vallecito, parten dos senderos, uno a la izquierda que tras caminar casi dos cuadras, gira hacia la derecha, subiendo por una loma de vegetación joven que se entremezcla con una producción de papayas y pitahayas.

UN EXTENSO PANORAMA BAJO SUS PIES

Poco a poco el camino se vuelve más abrupto, las papayas quedaron en la parte más baja del lugar y mezclada con la vegetación solo queda la pitahaya, que resiente mucho menos el ácido de los gases del complejo volcánico del Masaya, distante a un par de decenas de kilómetros hacia el sur este.

Mientras más se sube por la loma, el caminito que se vuelve más estrecho y empinado, algún material de arena volcánica dificulta el paso, pero el esfuerzo físico se ve compensado con el paisaje escénico que brinda el valle de Ticuantepe con sus extensos campos cultivados de piña.

Hacia donde alcanza la vista, oteando el horizonte por el este, se ve el Parque Nacional del Volcán Masaya, casi siempre humeante, también se observa la planicie de Cofradías y Sabana Grande y la parte oriental de Managua hasta mirar a lo lejos el lago Xolotlán.

AMBIENTE NATURAL EN RECUPERACION
Foto
  Mariposas de bellos colores revolotean por el sendero de La Quebrada. (MIGUEL MOLINA).  

En la parte más alta de las lomas el clima se vuelve más fresco, pero el sendero es más incómodo, una empecinada vegetación de arbustos, árboles y maleza típica del clima tropical seco se cierra casi sobre el cada vez más empinado caminito, que en la altura comienza ya a suavizar.

La vegetación del lado este de la reserva parece estar signada por los vientos y por la lluvia ácida que de vez en cuando les llega desde el no muy lejano volcán Masaya, follaje algo distinto al que impera en las lomas y hondonadas del oeste de Montibelli.

El segundo sendero parte de la casona hacia el oeste y se va extendiendo en medio de un diminuto valle que se alarga hacia el oeste entre enredaderas de granadillas, papayas, plátanos y árboles de distintas especies que trepan por las lomas.

El camino va lentamente subiendo, aproximadamente un kilómetro más hacia el oeste, a la izquierda surge un senderito que se mete reptando entre árboles y maleza hacia el sur, subiendo más rápidamente por una hondonada donde abundan mariposas multicolores, donde se oye claro el canto de diversas especies de pájaros y el rugido de algunos monos congos.

UN LUGAR DE ESTUDIO NATURAL

En la zona subsisten 93 especies de árboles y arbustos, entre los que se identifican ceibos, guanacastes, chilamates, jiñocuaos y guarumos que se aprecian fácilmente desde el sendero de Los Balcones o por el caminito de La Quebrada, donde además es fácil identificar helechos, musgos y vegetación baja.

En la reserva se encuentran 85 especies de aves, entre las que con paciencia se pueden observar guardabarrancos, oropéndolas, trogón, violáceos, urracas y colibríes.

Temprano en la mañana o por la tarde, a eso de las tres, se pueden ver en el sendero de La Quebrada hasta 40 especies de mariposas, como la azul, la búho, la verde, amarillas y otras multicolores con alas de caprichosos dibujos.

La propiedad se encuentra precisamente comenzando en la falda de las lomas de El Crucero y por lo tanto sus altitudes varían entre los 400 metros sobre el nivel del mar y los 700, en tanto que la temperatura oscila entre los 18 y 26 grados centígrados, por lo que normalmente permanece un clima agradable.





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