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Michael Porter y la ventaja competitiva de las naciones

Gustavo-Adolfo Vargas *

La obra de Michael Porter «The competitve advantage of nations» constituye un excelente relato del porqué surgieron «agrupamientos sectoriales» específicos en algunos países y en otros no. Pero no explica el rol fundamental del Estado para la creación de dichos conglomerados, que no fueron dejados al arbitrio de la mano invisible del mercado. El libro surgió a partir del trabajo de Porter en la Comisión sobre Competitividad Industrial, durante el gobierno de Ronald Reagan. Su enfoque es esencialmente retrospectivo. La investigación abarca a diez países ricos e industrializados: Alemania, Corea, Dinamarca, Estados Unidos, Italia, Japón, Reino Unido, Singapur, Suecia y Suiza.

A partir de allí, Porter desarrolla las ideas de sus libros anteriores para examinar qué hace que las empresas y sectores de una nación sean «competitivos» en mercados internacionales y qué impulsa el avance de la economía de toda una nación.

«The competitive adventage of nations» fue un estudio histórico excelente y ciertamente resultó muy útil para que los gobiernos, que tenían capacidad de hacerlo, crearan la política que promovió la competitividad de empresas indígenas, pero no dijo casi nada acerca del futuro de la competitividad, un futuro en el que compañías de una parte del mundo pueden acceder e internalizar la ventaja competitiva de geografías muy distantes.

Porter considera que «la principal meta económica de una nación es crear un nivel de vida elevado y creciente para sus ciudadanos». Empero, la capacidad de hacerlo no depende de la noción amorfa de «competitividad», sino de la «productividad» con que se emplean los recursos (capital y trabajo) de la nación, señalando que: «la productividad es el primer determinante a largo plazo del nivel de vida de una nación».

Su libro ha sido especialmente leído, por políticos desesperados que buscan la solución a los numerosos y ambiguos problemas de las naciones en una fórmula mágica para el desarrollo. Por todos aquellos que buscan una respuesta única. Igualmente, por consejero de los gobernantes y aspirantes a intelectuales.

Está claro que el desarrollo y la industrialización de las nuevas tecnologías se han convertido en el centro de las transformaciones económicas y en la piedra angular del crecimiento de los países. Su uso ha permitido el incremento de la productividad y la competitividad, los factores más críticos de la economía global.

Así, los cambios tecnológicos determinan en mayor medida las ventajas competitivas y superan las restricciones derivadas de la escasez de recursos naturales. En un mundo de mercados abiertos de capital, tecnología y conocimientos móviles, ninguna Nación necesitaría ser producto de su geografía. La geografía guardaría cada vez menos relación con el grado de competitividad de las empresas.

El mundo que hemos visto surgir rápidamente en los últimos años, es una colisión de nuevos valores y nuevas tecnologías, nuevas relaciones geopolíticas, nuevos estilos de vida y modos de comunicación, exige ideas y analogías, conceptos y clasificaciones completamente nuevos.

¿Como podemos insertarnos en ese nuevo mundo que se está creando alrededor de nosotros? ¿Como crear y mantener ventaja competitiva frente a los mejores competidores mundiales en un terreno concreto?

Nicaragua no es fuente de habilidades y tecnología que puedan constituir la base de la ventaja competitiva. No tenemos investigación universitaria y disponibilidad de científicos, ingenieros o expertos en un campo concreto. Tampoco hay una fuerte demanda nacional de un producto o servicio que pueda dar a un sector un magnífico arranque en la competencia a escala mundial o regional.

No tenemos sectores fuertes que estén rodeados otros sectores de éxitos relacionados, ni nivel nacional ni centroamericano. No tenemos una competencia interna que fomente el crecimiento y la fuerza competitiva. Por el contrario, tenemos a empresas y sectores nacionales no competitivos protegidos por el Estado.

La conclusión de Porter, que la intensidad de la competencia interna que suele ser frecuentemente la que alimenta el éxito en un escenario mundial, no es válida en el caso nicaragüense. ¿Entonces, de qué manera aplicará el Gobierno la receta de Porter por la que tanto entusiasmo ha demostrado?

* Jurista, Politólogo y Diplomático.





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