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El señor Juan Carlos Sánchez, originario de Wiwilí, quien laboraba en una hacienda agrícola de «Cuatro Bocas», propiedad de don Alejandro Baltodano, relató a EL NUEVO DIARIO que las personas fueron obligadas a regresar a pie a Nicaragua, y sin que los patrones les pagaran sus respectivos salarios y ahorros que tenían.
«La mayor parte de la gente fuimos agarrados por los guardias ticos entre las comunidades de Upala y «Cuatro Bocas». A todos nos llevaron amarrados», recuerda acongojado el compatriota.
LOS CAZAN CON PERROS
Un muchacho de 17 años se corrió, pero los guardias soltaron a varios perros de raza pastor alemán y lo alcanzaron y por poco lo despedazan. El muchacho intentó cruzar una alambrada, pero los canes lo mordieron y los guardias lo prensaron contra ocho filas de alambre con púas.
Luego le colocaron las esposas y más tarde lo ataron a un cilindro de cien libras de gas butano, y lo amenazaban que le dispararían al cilindro para que su cuerpo volara en mil pedazos.
Nuestros coterráneos fueron sometidos durante cinco días a torturas en las celdas de Upala y luego en las cárceles de Peñas Blancas, donde permanecieron dos días más, hasta que al séptimo día fueron expulsados. diciéndoles que no regresaran, porque la próxima vez no llegarían vivos a su tierra.
«SON GUARDIAS CRUELES»
Manifestó Juan Carlos Sánchez que la guardia tica es cruel, «son uniformados déspotas que tratan muy mal a los nicaragüenses, mientras en Nicaragua existen muchos ticos que son tratados muy bien y son respetados sus derechos humanos», precisó.
Relató que la Policía tica «nos encontró trabajando, yo estaba con la motosierra en «Cuatro Bocas», en la propiedad de Alejandro Baltodano y de pronto llegaron y me gritaron: ¡Deje esa máquina, deje de trabajar y pare esa máquina!.
«Entonces yo apagué la motosierra y pregunté: ¿qué hice?, y me ordenaron mostrar mis papeles. Yo les dije que no los tenía, que apenas llevaba cuatro meses de estar trabajando. ¡A quien le pidieron permiso ustedes para entrar a este país!, vociferó uno de los uniformados.
LOS EXHIBEN COMO PRESAS
«Yo les dije que nos habíamos metido por Los Chiles. Entonces nos amarraron y nos sacaron por Peñas Blancas». Entonces los montaron en una camioneta de tina y los policías ticos le decían a la gente de algunos poblados: «Pregúntenle a estos que porqué van amarrados», y se lanzaban grandes carcajadas.
«Eramos muchas personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños, todos estábamos trabajando en diferentes partes, durante siete días los guardias ticos nos mantuvieron amarrados y encerrados en una celda, nadie podía respirar bien y para remate, por las noches nos decían: Mañana los vamos a matar a todos, nadie saldrá vivo de aquí».
Las mujeres con sus niños fueron encerradas en una caseta, los ancianos en otra caseta y los hombres jóvenes fueron ubicados en una celda.
El hombre originario de Wiwilí dijo que su patrón le debía más de 400 mil colones, pero que los guardias ticos no le permitieron que sacara ni su ropa, muchos menos que le pagaran.
EL EXODO
«Después que nos sacaron llegamos a las ocho y treinta de la noche a la gasolinera de Nandaime, y una señora nos regaló una lechuga a cada uno de nosotros, y fue así que comimos después de varios días de caminar desde la frontera de Costa Rica a territorio nicaragüense», expresó Sánchez.
«Algunos pobladores del río Ochomogo y Paso Real me indicaron que buscara al padre Santiago, fundador del Centro Comunitario «Oscar Arnulfo Romero» y que pidiera la ayuda necesaria. En efecto, ahí fueron atendidos todos.
La Cruz Roja de Rivas, al darse cuenta de la situación, auxilió a los deportados, provenientes de departamentos como Masaya, Matagalpa, Estelí, Jinotega, Rama, León y Nueva Guinea, entre otros. |
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