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La hiporexia

Dr. Francisco A. Cañada

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Cuando un niño deja de comer

Cuando un niño deja de comer, aunque sólo sea un poco y por escasos días, los padres suelen preocuparse mucho. Mayor es la preocupación si no se lo ve enfermo, situación que siempre provoca una pérdida de apetito.

En otras oportunidades la supuesta disminución del apetito no es tal, sino que el niño no cumple en su alimentación con las pautas que sus padres tienen establecidas, es decir: come lo que necesita y no lo que los padres quieren que coma. Esta situación es un motivo de consulta frecuente al pediatra.

¿Qué es la hiporexia?

La hiporexia no es otra cosa que la pérdida parcial del apetito, diferenciándose de la anorexia que es la pérdida total. Cuando un niño o un adulto disminuyen la ingesta de alimentos por varios días, no uno o dos, decimos que tiene hiporexia. Esta puede estar determinada por una enfermedad que se encuentra en curso, o por alguna otra situación.

¿Por qué un niño disminuye su apetito?

Si bien durante los primeros meses de vida se suelen dar épocas en que los niños comen menos que en otras, es principalmente alrededor del año de vida cuando esta situación es más notoria.

La disminución del apetito asociada a la mayor actividad motora y el inicio de la marcha, suelen coincidir con un adelgazamiento del niño. Si ya por comer menos genera preocupación, ni qué pensar si además adelgaza.

DESCONOCIMIENTO GENERA ANGUSTIA

La realidad es que llegada esta edad, las necesidades calóricas por kg de peso son menores, porque también es menor el ritmo de crecimiento. En promedio, entre el año y los 2 años el niño aumenta 2 kg de peso.

Pongamos como ejemplo un recién nacido que pesa 3,500 kg: con un progreso de peso habitual llegará al año pesando unos 10 kg, con lo que habrá incrementado su peso en 6,500 kg en un año, esperando para el siguiente un incremento de 2 kg. Como vemos, las diferencias son notorias.

El desconocimiento por parte de los padres de esta situación genera preocupación y angustia. Es posible que en este momento se pongan en marcha mecanismos internos en ellos que suelen aflorar en situaciones conflictivas.

Por un lado tenemos lo que culturalmente les fue inculcado como modelo alimentario, más que nada en aquellas familias que son descendientes de inmigrantes europeos que por algún motivo han padecido hambre. Ellos han recibido en su educación las consignas de que "hay que terminar toda la comida", o que "la comida no se tira".

Esto genera una expectativa en la cantidad de alimento que debe ingerir el niño, y se olvidan de lo que quiere comer. Convengamos que un chico sano come lo que necesita (claves de la alimentación infantil), y eso no siempre coincide con lo que los padres quieren.

LUCHA "CONTRA LA BOCA"

El otro pensamiento que aparece es "los nenes gorditos son sanos", o si no "¿cómo no se va a enfermar?... mirá lo flaco que está", y un sinnúmero más de frases que se escuchan cuando no se cumplen las expectativas alimentarias y de aumento de peso.

Este es el punto de partida de una lucha que entabla la familia "contra la boca" del niño. Primero se los fuerza a comer, lo que puede dar resultado algunos pocos días; luego se intenta a través del juego, "abrí la boca que viene el avioncito", "esta cucharita es por mamá, esta otra es por papá, y la próxima por el abuelito", etc.

Salvo que la familia sea muy numerosa, la táctica se agota, por lo que se procede a incorporar juguetes, luego vienen las canciones, más luego la televisión, hasta que por último puede ser necesario recurrir a un circo completo para que el niño coma. Pero todo a la larga fracasa.

Esto lleva a demostrarle al niño el valor que tiene para la familia la comida, y el poder que para él tiene la boca como elemento para manejar la familia y llamar la atención.

Claro que no todo es sólo lo expuesto: se debe tener en cuenta la edad del niño, su grado de maduración, la actitud y expectativa de los padres frente a los alimentos y la posibilidad que ha tenido el niño de adquirir las pautas básicas del hábito de la alimentación.

NO OBLIGAR A COMER POR LA FUERZA

Existen múltiples recomendaciones al respecto, desde las abuelas pasando por las amigas hasta llegar a las madres y también las vecinas: cada una tiene su consejo y cuenta su experiencia. Pero claro, cada consejo está teñido por la educación recibida y la experiencia se limita a los hijos propios.

El médico pediatra debe buscar y ahondar en la dinámica del funcionamiento familiar las probables causas de la angustia familiar. Si el padre no almuerza en la casa porque trabaja y la madre come poco porque está haciendo dieta, el chico tiende a copiar el modelo materno de comer poco y selectivo. Además se deben recordar las variantes individuales del apetito.

Por otro lado, el niño está en pleno desarrollo de su personalidad y de sus gustos, desea independizarse, comienza a tener sus hábitos de vida propios, adquirir nuevas habilidades motrices, etc.

Nunca se lo debe obligar a comer por la fuerza. Esta actitud genera más rechazo. Nunca utilizar el castigo por no comer: tener siempre una actitud positiva respetando las decisiones del niño. El médico debe orientar a la familia y educarla sobre las variantes fisiológicas del apetito, y además llevar un adecuado control clínico evolutivo.

Por supuesto, todo lo referido es en un chico sano, que juega, corre, ríe, se relaciona con la gente y que comer poco es su único mal... para los padres (y a veces también para los médicos).

(Fuente: Salud Uno).




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