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Falta de recursos en Chacocente pone en peligro fauna de la reserva
Tortugas a punto de extinción
*Los grandes héroes son los guardaparques que sin los medios mínimos realizan su trabajo bajo sol o lluvia *Solo 27 tortugas Tora han arribado este año

María Haydée Brenes Flores
mANAGUA

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  La cabeza de una tortuga Tora, que está a un paso de la extinción. Si no las protegemos las veremos en un museo como un recuerdo más de lo que perdimos (Foto: Miguel Molina)  

Miss Junie, una gran tortuga verde que portaba en su caparazón un transmisor, fue devorada por un isleño en la Costa Atlántica de nuestro país. Ella tenía nombre, pero cada año miles de tortugas anónimas mueren antes de nacer y otras lo hacen antes de poder reproducirse. La respuesta a este ataque del que son víctimas es lenta como su andar, no hay suficiente presupuesto y las personas que están cercanas a los lugares donde arriban tienen que comer.

Ese es el caso de las playas de la reserva natural Chacocente en Carazo, una de las cinco playas en el mundo donde desovan. Las cuatro mil 800 hectáreas de Chacocente son vigiladas a penas por 6 guardaparques que para cumplir su vigilancia sólo cuentan con sus piernas y sus brazos.

Según el encargado departamental del Ministerio de Recursos Naturales (MARENA), Silvio Echaverry, es muy poco lo que los guardaparques, el Ministerio y la misma población del lugar puede hacer para evitar la extinción de estas especies.

«No podés decirle a la gente que deje de comercializar porque no tienen para comer; es una cuestión de sobrevivencia de las especies, pero estamos tratando a través de proyectos de darle a las personas otras opciones de trabajo», comentó Echaverry.

ZAPE, ZAPE

Y es que son los guardaparques quienes conocen mejor las dificultades del lugar, no tienen ningún medio de transporte terrestre para vigilar el bosque tropical seco más extenso del área centroamericana de donde la gente saca de forma ilegal madera, pequeños monos, garrobos y aves que lo habitan, tampoco cuentan con una lancha que les permita realizar vigilancia acuática.

«Aquí lo único que podemos hacer cuando vemos que una lancha está frente a la reserva tirando sus redes a menos de tres millas náuticas es extenderles los brazos en forma de reclamo y zape, zape, para que se vayan, a veces son tan descarados que por cuenta creen que uno los está saludando y te devuelven el saludo», dijo Echaverry.

Según Bayardo Quintero Guatemala, del Programa Socio Ambiental y Desarrollo Forestal (POSAF) del MARENA, la reserva natural de Chacocente es la única área en esa zona del Pacífico que pertenece al Estado de Nicaragua y está rodeada por 17 comunidades; es por esa razón que se está dando un cambio de enfoque respecto a la conservación ligada a las necesidades humanas.

«Las áreas protegidas deben darle opciones a la gente para vivir y en esta zona estamos hablando de alrededor de tres mil novecientas personas; por esa razón nosotros tenemos un programa de aprovechamiento», dijo Quintero.

El programa de aprovechamiento consiste en la extracción de huevos que una tortuga pone en un nido, posteriormente es ocupado por otra tortuga.

Quintero agregó que cuando esto ocurre los huevos que fueron puestos primero se dañan porque al caerles el peso de los otros se desprenden los embriones y nunca nacerá un sólo tortuguillo, es por esa razón que se permite que éstos sean comercializados y así aportar en algo con la comunidad que se encuentra más organizada dentro de los programas del POSAF.

LA TORAS

La tortuga Tora es la más grande del mundo, puede llegar a medir hasta un metro 78 centímetros y pesar alrededor de mil y mil 200 libras, lamentablemente hasta hoy las restricciones y sanciones respecto a su caza han sido en vano. Sólo han arribado a la playa de Chacocente 27 de estos gigantescos mamíferos a depositar sus huevos.

La codiciada carne de la Tora y su gran caparazón han hecho que esta especie se encuentre a un paso de la extinción total, aunque viva entre 30 y 40 años, tenga una edad fértil desde los 8 y desove tres veces al año.

A pesar de la veda que se impone desde julio a enero, la cual prohíbe la extracción y comercialización de sus huevos y carne, siguen siendo uno de los platillos más deseados por los nicaragüenses y es considerado por algunos como un afrodisíaco.

¿CHOCOCENTE O CHACOCENTE?

Chococente es el nombre original de este lugar y se lo debe a los huevos de las tortugas que no nacían y se quedaban enterrados, lo que producía un fuerte mal olor a «choco» (podrido) y «cente» es porque está ubicado en la zona central de la bocana.

«La gente le ha cambiado el nombre a Chacocente, tal vez porque es más decente», agregó el señor Ronald Vega, director de guardaparques.

En la actualidad Chacocente, que fue decretada área protegida en 1983 por medio del decreto 12-94, acaba de concluir con la primera parte del Programa Socio Ambiental y Desarrollo Forestal (POSAF) que, a través de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo, ejecuta acciones en las 27 áreas protegidas del país.

Por su parte Mauricio Rodríguez, director técnico del POSAF, explicó que en esta primera etapa de ejecución del programa se dio asistencia para el plan de manejo que sobre la base de estudios da a conocer el estado de los ecosistemas y las necesidades de la población; ahora en esta segunda etapa se planificaron acciones en función de ejecutar un proyecto de habilitación de obras de infraestructura operativa.

La infraestructura contará con un centro de visitantes, tres albergues para investigadores, técnicos y guardaparques, una oficina para la administración del lugar con presencia del MARENA, la Alcaldía y líderes comunitarios, dos casetas de control y vigilancia, dos torres de observación.

Estas construcciones serán erigidas en un área de cinco manzanas que fueron donadas por la Organización Flora y Fauna Internacional (FFI) que también a través de fondos GEF dará inicio en el segundo semestre del año un proyecto para la conservación de la biodiversidad marina costera del Pacífico sur de Nicaragua, para lo cual se habilitaran con medios de transporte acuáticos y terrestres a los guardaparques.

Este proyecto será ejecutado a través de un fondo no reembolsable de 1 millón de dólares por dos años, que serán divididos un 60 por ciento para Chacocente y un 40 por ciento para la playa La Flor.

Para el arquitecto Eduardo Ozuna, la obra será concluida en 120 días hábiles, la construcción estará alejada 150 metros de la playa para evitar que las tortugas cambien su rumbo.

«El terreno presenta honduras que estamos aprovechando para que no se vea desde la playa, a la vez los materiales que se utilizarán serán madera de pino curado y piedra en colores que se conjuguen en armonía con el entorno natural», afirmó Ozuna.

SACRIFICIOS

«Para poder conservar mejor el área, el ecosistema debe someterse a pequeños sacrificios como es abrir caminos de penetración y construir infraestructura, consideramos que esto redundará en beneficio del lugar, pues nos permitirá ejercer un mayor control», agregó Echaverry, delegado departamental de MARENA.

Otros que tendrán que poner una cuota de sacrificio para conservar la zona serán los pescadores del área que, aunque expresan que jamás en sus redes se ha quedado una sola tortuga, en varias ocasiones se les ha decomisado carne de tortuga en sus lanchas, a veces golpean a las tortugas y éstas sólo llegan a morir a la orilla de la playa.

MARTIRES
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  Más que una reserva, Chacocente es el cementerio de tortugas que cuando se dirigen a anidar mueren producto de las redes y lanchas que las rodean sin que los guardaparques puedan hacer nada (Foto: Miguel Molina)  

Pero sin lugar a dudas los «mártires» de la conservación son los guardaparques que, aunque no quisieron decir cuánto ganaban, hacen mucho más de lo que se les podría pagar.

Trabajan sin horario en cada arribada de tortugas, bajo sol o lluvia, recorren los mil seiscientos metros de playa exclusivos para anidación; cuando se dan las arribadas, las tortugas suavizan la arena, lo cual hace más pesado caminar en ella.

Pero eso no es todo, dos veces a la semana deben recorrer las cuatro mil 800 hectáreas de la reserva a pie y por lo menos una vez cada 15 días recorrerse toda la playa de la reserva que va desde el Mojote hasta la desembocadura del río Escalante, aproximadamente 20 kilómetros.

Cinco de ellos están casados y tienen familias, únicamente el menor está soltero, pero casi son célibes, pues pasan en la reserva 22 días y con sus familias 8 días libres, pero eso depende si la arribada no es alta. Cada año en Chacocente anidan 30 mil tortugas paslamas.

«Yo estoy casado, tengo una hija de 10 años y mi esposa vive en Rivas, hace casi tres años que trabajo aquí y como todo el mundo extraño a mi familia, pero uno debe trabajar, lo más duro es la comida porque para que nos ajuste debemos comer lo indispensable», dijo el señor Ronald Vega, director de guardaparques.

En la reserva no hay electricidad ni agua potable, mantienen contacto con la delegación del MARENA a través de un radio comunicador, poseen un botiquín con medicinas genéricas para resfriados y fiebres que les dan en algunas ocasiones por la exposición al sol y después cuando les cae lluvia.

«Hemos hecho contacto con los centros de salud en el caso que nos pase algo grave», dijo Vega.

SANCIONES

En noviembre del año pasado se capturó a una persona que tenía en su poder 200 docenas de huevos de paslama que le fueron decomisados, la multa que se le impuso fue de cinco mil córdobas, pero hizo arreglo de pago con la judicial y según los lugareños sólo pago la primera cuota. Para el delegado departamental, Silvio Echaverry, la falta de una ley que tipifique la penalidad ambiental como se da en las penalidades civiles hace que no se pueda apresar a nadie más que los tres días de la investigación del caso.

Mauricio Rodríguez, director técnico del POSAF, por su parte expresó que lo que se busca a través del programa es concientizar a las personas para que haya menos necesidad de recurrir a la depredación de la tortuga.

«El establecimiento del programa permitirá que las personas vean beneficios en sus vidas porque se facilitará el ingreso de la electricidad, el agua potable, caminos de penetración, uno de nuestros indicadores para medir qué tanto estamos llegando a la gente será ver mermado el uso de las tortugas como medio de sobrevivencia», concluyó Rodríguez.





 

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