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La historia de los países que más se han empobrecido en los últimos 15 años ha sido a la inversa de los países que más se han desarrollado y que, sólo entre 1980 y 1992, recibieron en pagos de deudas externas más de 400 billones de dólares. Así Nicaragua, los datos de Organismos No Gubernamentales (ONGs) reflejan que tiene un 43 por ciento de su población de 5.2 millones de habitantes viviendo en la pobreza y un 17 por ciento más en la extrema pobreza.
Nicaragua, además, puntea en las estadísticas del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como un país donde la tasa de desnutrición es peor, con un 31 por ciento de personas desnutridas (sobre todo en la zona rural) del total de su población. La desnutrición es un mal que afecta a más de 800 millones de personas en el mundo y, de esa cantidad, 60 millones viven en América Latina.
Ese panorama es el que nos ha acompañado en los últimos años y el que sirvió de base a un reciente panel sobre Seguridad Alimentaria y Crédito Rural, que se realizó en un hotel capitalino organizado por la Fundación Konrad Adenauer y la Asociación de Profesionales de Nicaragua (CONAPRO); un panel que contó, entre otros, con las ponencias de líderes campesinos como Daniel Núñez y comentarios de expertos como el señor Jorge Eduardo Coto, asesor de la Presidencia del Consejo Nacional de Producción de Costa Rica.
LA COMPLICIDAD DEL FMI
Para Daniel Núñez, presidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos (UNAG), no hay duda que el asunto de la pobreza no es sólo un asunto de los gobiernos como el que actualmente tiene Nicaragua que, según él, ya tiene 7 meses de mandato y no se ha reunido con los gremios de productores, y mucho menos que tenga una estrategia de desarrollo del sector agrícola.
«Aquí también es un asunto de los organismos multilaterales como el FMI, que en cierta medida han sido cómplices de los gobiernos como el de Arnoldo Alemán, que le pagaba a un consultor más de 23 mil dólares mensuales dizque para que redujera la pobreza, pero que, al contrario, la elevó más con su megasalario», dijo Núñez.
Ese tipo de políticas serviles y las exigencias del FMI, dijo Núñez, son las que tienen a los ganaderos de Matagalpa vendiendo su leche a 2.80 córdobas el galón. Y estas mismas políticas son las que han puesto a los préstamos bancarios tasas de interés hasta de 18 por ciento anual. «Cómo vamos a competir con esos intereses y con trabajadores ganando un dólar al día sin seguro de vida y sin comida», se preguntó Núñez.
«PARECE QUE LES DROGARON LA CONCIENCIA»
Esa frase la usa Núñez para aludir a la falta de sensibilidad que, según él, tiene el gobierno. «No ha hecho nada para que en Nicaragua se deje de comprar los insumos agrícolas más caros de Centroamérica, ni para reunirse con los productores en los 7 meses que tiene ni para detener a los elefantes que han despalado toda la reserva forestal de Bosawás», dice.
Y más aún, según Núñez, con la entrada en vigencia de los acuerdos de libre comercio, los productores quedarán mucho más desprotegidos porque no podrán competir con los millonarios subsidios que otorga Estados Unidos a sus productores, cuya cifra anual supera los 18 mil millones de dólares.
«Estamos condenados a ser un país que sólo brindará servicios; por eso nuestro llamado para que el gobierno se interese en ayudarnos y reclame precios justos para nuestros productos. De lo contrario seguiremos bajo las botas de las dictaduras económicas, viendo cómo se nos llevan el país», dijo Núñez.
GLOBALIZAR LA SOLIDARIDAD
Darle forma a la idea de un Fondo Mundial de Alimentos, iniciar un movimiento por una vida más armónica, instaurar una concepción humanista de desarrollo, hacer al campesino sujeto de su desarrollo para cambiar ese panorama nefasto de pobreza que hunde a Nicaragua y al resto de países pobres. Esa fue la propuesta que hizo en el panel Jorge Eduardo Coto, asesor del Consejo Nacional de Producción de Costa Rica, quien asistió al panel invitado por la Fundación Konrad Adenauer.
«El gobierno debería estar al frente de esa lucha. El problema de erradicar la pobreza no sólo debe quedar en manos de los ONG; eso es una utopía, como utopía es pensar en una solución para Nicaragua. El lío de la pobreza es de toda la humanidad, y los organismos como el FMI están obligados a colaborar en su solución. Así como han globalizado el comercio, se debe globalizar la solidaridad con los más pobres», dice Coto.
Estas medidas de ayuda, que no significan que deben ser medidas asistencialistas temporales, deben ser una prioridad -según Coto-, porque el panorama internacional vislumbra que la crisis del café, otrora principal motor de las exportaciones de Nicaragua, llegó para quedarse.
«El problema de la pobreza en Nicaragua es no sólo por la caída del café, sino que es asunto histórico por las guerras y los desastres naturales. Por eso pienso que el gobierno debería pensar en un acuerdo nacional, una alianza con los ONGs y con las organizaciones campesinas que deben tener un papel más relevante; hacerlos sujetos de su desarrollo», dice Coto.
Al final -dice el señor Coto-, la experiencia nos dice que no se trata de oponerse a la globalización ni al pensamiento que venga de fuera, sino de comprender al campesino y, está bien, pensar en lo global, pero actuar en lo local. Con medidas propias. Y pensando en la gente. |
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