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Sábado 15 de Septiembre de 2001 | Managua, Nicaragua
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Independencia de España: 15 de septiembre de 1821
Breve biografía del prócer Licenciado Miguel Larreynaga

Carlos Tünnermann Bernheim.

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En su obra favorita “Memoria sobre el fuego de los Volcanes”, Don Miguel Larreynaga afirma que nació en la ciudad de León, con lo cual se superan definitivamente las dudas acerca de un posible nacimiento del prócer en la villa de Telica, del Departamento de León. Además, las dudas nunca tuvieron fundamento alguno, pues en la “Relación de méritos y servicios del Licenciado Don Miguel Larreynaga”, seguramente elaborado con datos que él mismo proporcionó, dice “consta ser natural de la ciudad de León de Nicaragua, hijo legítimo de don Joaquín de Larreynaga y de doña Manuela Silva”. Esta Relación está suscrita en Madrid, el 26 de Abril de 1819, y basada en anteriores relaciones de méritos formadas en la Secretaría General del Consejo y Cámara de España e Indias en 1810 y 1818.

Su primer biógrafo, su discípulo y amigo Lic. Don Ignacio Gómez, dice lo siguiente: “Don Miguel Larreynaga nació en la ciudad de León de Nicaragua, el día 29 de septiembre de 1771. Hijo único y legítimo de don Joaquín Larreynaga y de doña Manuela de Balmaceda y Silva, su nacimiento costó la vida a su madre, y antes de ver la luz, había perdido a su padre; de modo que fue hijo póstumo. Su abuelo paterno le recogió y educó”.

Muchas confusiones se han dado en torno a si fue el abuelo paterno o el materno quien educó a Larreynaga. Algunos de nuestros historiadores (Arturo Aguilar, Julián N. Guerrero y Ricardo Páiz Castillo) sostienen que nació en 1772 y no en 1771. Hasta se discute si el apellido de don Miguel se escribe con i latina o con y griega. El abuelo del prócer, según documentos que tuvo en sus manos don Luis Cuadra Cea, hacia 1753 se firmaba Manuel Arreynaga. Sin embargo, el padre de don Miguel, José Joaquín, de oficio joyero, firmó siempre Larreynaga. El prócer siempre firmó Larreynaga, con y. El gentilicio “de”, precediendo el apellido, si bien fue usado algunas veces por el padre de don Miguel, el prócer nunca lo utilizó en ninguno de sus autógrafos, posiblemente por las ideas democráticas que sustentaba, contrarias a cualquier posible pretención aristocrática. Según Cuadra Cea, el apellido Larreynaga “acusa ascendencia vasca, y es indudable que en tal caso se trata de alteración españolizada de uno de estos dos nombres vascuences: “Larraiñaga”, o bien “Larriñaga”, que los llevan algunos poblados de las Provincias de Alava y de Vizcaya” 1 .

El más autorizado biógrafo de Larreynaga, don Eduardo Pérez Valle, en su libro: “Larreynaga: su tiempo y su obra” 2 da como fecha de nacimiento de don Miguel el 29 de Septiembre de 1771, siguiendo a sus primeros biógrafos, aunque menciona que don Luis Cuadra Cea, que conoció en 1937 el archivo familiar en poder de los descendientes guatemaltecos de Larreynaga, fija 1772 como el año de su nacimiento. Aparentemente, por ser huérfano fueron unas tías solteronas quienes llevaron al niño Miguel a vivir a Telica durante los primeros cuatro años de su vida, de donde proviene el error que atribuye a Telica la cuna de Larreynaga.

De regreso a León, su ciudad natal, su abuelo materno, Capitán don Baltasar de Silva, se encargó de su educación. Con un religioso del convento de La Merced aprende a leer y escribir a la edad de cinco años. En ese mismo convento concluye sus estudios de primaria y, a los diez años de edad (1781), ingresa en el Seminario Conciliar de San Ramón, la institución educativa de mayor prestigio en su época, donde estudia Gramática Latina y Filosofía. El otro prócer nicaragüense de la Independencia, el “Padre indio” Dr. Tomás Ruiz ingresó a este mismo Seminario hasta el año de 1792. Como Larreynaga estudió en el Seminario durante ocho años, es decir hasta 1789, no fueron condiscípulos. Cierto que ese mismo año Larreynaga, a los 18 años de edad, inicia su brillante carrera docente en el propio Seminario, al asumir las cátedras de Filosofía y Geometría, pero al poco tiempo pasó a Guatemala para continuar sus estudios. De ahí que sea poco probable que haya sido profesor del Padre Ruiz, al menos en esos años; pero posiblemente coincidieron como Catedráticos del Seminario en 1799.

En la Universidad de San Carlos de Guatemala Larreynaga se destacó como brillante estudiante. En 1798 obtuvo el bachillerato en ambos derechos, civil y eclesiástico, a los 27 años de edad. Inmediatamente, la famosa “Sociedad Económica de Amigos del País” le nombró Catedrático de Matemáticas en la Escuela Popular de Matemáticas, que la benemérita corporación auspiciaba. En 1801, a los 30 años, se graduó de abogado en la misma Universidad de San Carlos. Desde el año 1800 fue nombrado Relator interino de la Real Audiencia Territorial, pese a que entonces aún no se había graduado, por lo cual fue necesario, dice su biógrafo Ignacio Gómez, permiso especial del Rey de España. Con este nombramiento se inicia la larga carrera de don Miguel como funcionario público. Antes, había hecho un viaje a Nicaragua en 1799 y el Obispo de León, Fray Antonio de la Huerta y Caso le nombró, ese mismo año, catedrático de Retórica y luego de Filosofía en el Seminario Conciliar. El documento original de este nombramiento, que lleva las firmas del Obispo y de su Secretario, el Padre Rafael Agustín Ayesta, quien también era entonces Rector del Seminario, me fue donado en la ciudad de Guatemala por la bisnieta del prócer, doña Esperanza Larreynaga de Zeceña, en 1968. A principios de los años noventa lo doné a la Biblioteca Nacional, junto con una carta del prócer hondureño don José Cecilio del Valle, fechada en Guatemala en el mes de mayo de 1821.

Uno de los cargos que Larreynaga desempeñó por más tiempo, y en el cual lució sus talentos jurídicos, fue el de Relator de la Audiencia, que asumió, como vimos, interinamente en 1800, siéndole conferido en propiedad por el Rey en 1807. Dice al respecto el profesor Eduardo Pérez Valle: “Su vasta inteligencia parecía haber sido específicamente organizada para las funciones de la relatoría, que comprendían primariamente el hacer relación de los autos o expedientes en el tribunal, extractando y reduciendo a sus líneas esenciales el complicado edificio de los procesos. Allí brillaron su inteligencia y probidad, la Audiencia depositó en él toda su confianza “y desde entonces su opinión era la regla de las sentencias y acuerdos”, dicen los abogados guatemaltecos en su “Noticia Biográfica”, que se reproduce en este libro.

El Lic. Miguel Larreynaga fue un servidor público que ocupó posiciones oficiales durante la colonia, en el gobierno de la República Federal de Centroamérica, en el Imperio Mexicano, a raíz de la Anexión de Centroamérica al Imperio de Iturbide, en el Estado de Guatemala y en el llamado “Sexto Estado”, es decir el “Estado de Los Altos”, de efímera existencia.

Desde 1809 y gracias a sus méritos, fue propuesto para una plaza togada en la Real Audiencia, cargo que Larreynaga ambicionaba y por el cual hizo múltiples gestiones, que fueron apoyadas por la propia Audiencia, que conocía perfectamente sus capacidades, por el Obispo de Nicaragua, Fray Nicolás García y Jerez, y por el Ayuntamiento de Guatemala. La toga le fue conferida hasta el 29 de marzo de 1814 por las Cortes de Cádiz.

Larreynaga regresó a Guatemala el 15 de agosto de 1821, un mes antes de la proclamación de la Independencia y logró plenamente su objetivo: obtuvo del Rey el nombramiento de Oidor tercero de la Real Audiencia de Guatemala. Además, el Rey Fernando VII le hizo un nombramiento honorífico: le confirió el título de Intendente Honorario de Provincia, en atención a sus méritos y servicios. El 16 de agosto de 1821 tomó posesión de su tan ambicionada magistratura ocupando, según quedó registrado en la edición del 3 de septiembre de 1821 de “El Genio de la Libertad”, “el tercer lugar en el orden de antigüedad”. Fue en este carácter que Larreynaga asistió, el 15 de septiembre, a la reunión convocada, precipitadamente, por el Capitán General Gabino Gaínza. En noviembre de 1835 regresa a la ciudad de Guatemala e “inmediatamente, dicen sus biógrafos, fue visitado, buscado y consultado por los gobernantes y literatos, y por los que no lo eran, pues en él hallaban siempre abierta una biblioteca viviente”. La Universidad de San Carlos le nombra Catedrático de Derecho Civil y después de Retórica y de Economía Política.

Cabe anotar aquí que Larreynaga, además del latín, sabía griego, inglés y francés.

Al morir, el 28 de abril de 1847, aun se desempeñaba como Juez de Alzadas del Consulado de Comercio. Murió como consecuencia de un fuerte resfriado a los setenta y cinco años de edad, gozando de justa fama de hombre probo y sabio, al extremo que a Larreynaga, junto con José Cecilio del Valle, se les considera como los intelectuales más ilustrados de su tiempo en Centroamérica y prototipos del universitario de la colonia, del hombre de letras de la Centroamérica del siglo XVIII y principios del XIX. ¿Cómo fue la participación del Lic. Miguel Larreynaga en el proceso independentista? Larreynaga era, como dijimos antes, un clásico criollo y su intervención se produjo desde la perspectiva criolla, es decir, en la forma y propósitos a como los criollos, de manera especial las capas medias altas de la ciudad de Guatemala, concebían la Independencia. Esto no significa que don Miguel haya sido un hombre de ideas conservadoras. Recordemos que Larreynaga perteneció a los sectores ilustrados que se formaron tanto en la Universidad de San Carlos de Guatemala como en la benemérita “Sociedad Económica de Amigos del País”. En ambas sentó plaza el Lic. Larreynaga. Como discípulo del célebre reformador universitario y esclarecido promotor de la Ilustración, Fray Antonio de Liendo y Goicoechea, Larreynaga pertenecía a los grupos liberales que colaboraron con “La Gaceta de Guatemala” y que, apoyados en Feijóo y Cadalso, hacían mofa del escolasticismo, siendo don Miguel del grupo más ecuánime y ponderado.

Frente a la inminencia de la Independencia, don Miguel Larreynaga optó por la línea criolla, que más se avenía a su carácter y personalidad. Esta línea se impuso y fue la responsable de la proclamación de la Independencia, el 15 de Septiembre de 1821.

A menos de un mes de haber tomado posesión de su cargo como Oídor tercero de la Audiencia de Guatemala, don Miguel es invitado, en tal calidad, y junto a otras autoridades civiles y eclesiásticas, el 14 de septiembre de 1821 por el Capitán General Gabino Gaínza para asistir a una reunión el día siguiente a las ocho de la mañana en el Salón del Palacio de los Capitanes Generales, a fin de que “auxilien con sus luces” a la Superioridad sobre “asuntos del mayor interés que pueden ocurrir a la felicidad y tranquilidad pública”, según reza la misiva del Capitán General.

La leyenda que creó José Dolores Gámez en su “Historia de Nicaragua” (1889), acerca de una elocuente y brillante participación del Lic. Larreynaga en la asamblea del 15 de septiembre, refutando con “palabra de fuego” los argumentos de José Cecilio del Valle en favor del aplazamiento de la Independencia, no es cierta. “El discurso ponderado y elocuente de don José Cecilio, en todo de acuerdo con el sentimiento general del momento, nos dice Pérez Valle, fue la señal para que se desatara la formidable batalla verbal presentada por los independentistas”, encabezados por el padre Castilla. Entre éstos se encontraba Larreynaga, quien se pronunció en apoyo de la tesis del canónigo Castilla y en contra de los argumentos del Lic. José Cecilio del Valle. Esta es también la versión de Tomás Ayón. Larreynaga no fue un orador elocuente, sino más bien un atildado escritor, aunque no cabe duda que, por su enorme prestigio, la posición de Larreynaga en favor de la proclamación inmediata de la Independenica debe haber pesado mucho en el ánimo de un buen número de los asambleístas, que tenían en gran estima su criterio y sabiduría.

Esta fue la participación del Lic. don Miguel Larreynaga en la proclamación de la Independencia. Pero su título de “Prócer de la Independencia” no lo debe únicamente a esta actuación, sino a las ejecutorias de su prolongada y fecunda actuación pública, habiendo sido uno de los arquitectos de la nueva nación. Pese a su dilatada vida pública, Larrreynaga no fue un político de militancia partidarista sino un político, en el más elevado concepto de la palabra: un ideólogo, un Maestro de civismo, un patriota, un verdadero mentor de su generación. Larreynaga es, sin duda, uno de los “Padres de la Patria Centroamericana”.

1 “Ortografía y significado del apellido del Prócer Larreynaga” por Luis Cuadra Cea, en anexos a la edición publicada en 1971 de la “Memoria sobre el fuego de los Volcanes y otros escritos” de Miguel Larreynaga. 2 Eduardo Pérez Valle: “Larreynaga: su tiempo y su obra”. Colección Cultural del Banco de América, Serie Biografías No. 1, Managua, 1978, p.3




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