La obra literaria y la actividad intelectual de Elio Vittorini constituye una de las experiencias más significativas de la cultura italiana de entreguerras hasta los años sesenta. Vittorini ha mostrado ser un gran escritor y un lúcido intelectual siempre en posición de protagonista de primer plano en el panorama italiano y europeo de esos años.
Su enorme trabajo de traductor y de promotor cultural, además de su propia producción, lo demuestran. Sus múltiples actividades, desde el periodismo al de organizador editorial, revelan un hombre con un espíritu crítico incansable y siempre dispuesto a escribir «porque creo que tengo «una» verdad que decir, y si vuelvo a escribir, no es porque me doy cuenta de «otras» verdades que se pueden agregar, es decir como algo «de más». Es un compromiso que vuelve terrible nuestra vocación de escritor, este continuo ejercicio de recomenzar a decir la verdad con cada libro, con cada escrito».
Elio Vittorini nació en Siracusa, Italia, el 23 de julio de 1908. Ahí pasó su infancia detrás de los continuos traslados de su papá que trabajaba en el ferrocarril. Sus primeros libros leídos, aún niño, y que lo impresionaron mucho, fueron Las Mil y una noche y Robinson Crusoe.
En 1921, aprovechando los boletos de los trenes gratis de su papá, se fuga de la casa en Sicilia, para ir hasta el norte de Italia. No es un caso que «el viaje» siempre recurre y es determinante en todas sus producciones literarias.
En 1924 ya tenía contactos con grupos anárquicos de Siracusa. Interrumpe los estudios de contador que su papá le imponía y se traslada en Friuli, en el norte de Italia donde encuentra trabajo como contador y luego asistente de una empresa constructora. Inicia entonces colaboraciones con varios periódicos y revistas literarias.
En 1929 publica un descargo de conciencia en el que sostiene la necesidad de una apertura europea por la literatura italiana. En 1930 se traslada a Florencia donde trabaja de lleno en la editorial «Solaria» y el periódico «Nación», donde aprende el inglés con la ayuda de un tipógrafo. Traduce el Robinson Crusoe. En 1931 publica el libro de cuentos Pequeña burguesía. Inicia un inmenso trabajo de traductor. Publican sus traducciones de D.H. Lawrence: La pura sangre, La virgen y otros cuentos.
En 1936 estalla la guerra de España, un acontecimiento que influirá mucho en sus reflexiones sobre literatura y compromiso y sobre el rol del escritor e intelectual que será su mayor preocupación y contribución hasta los últimos años de su vida.
En 1937 se publica Gordon Pym de E.A. Poe y su libro Juegos de muchachos y en septiembre inicia lo que será su obra mayor Conversaciones en Sicilia. De 1938 en adelante, salen su traducción de los cuentos de Sorayan, Luz de agosto de Faulkner, El cosechador de Dodder de T.F. Powys, Plan de tortillas y Los pastos del cielo de Steinbeck, La peste de Londres de De Foe, El pequeño campo de Caldwell, Camino en el polvo de John Fanta, Página de viaje de D. H. Lawrence y una antología sobre el Teatro Español.
En 1941 sale su Conversaciones en Sicilia y la primera edición de su antología sobre los nuevos escritores estadounidenses, Americana, que no podrá salir a la venta por la pronta intervención de la censura fascista. Durante la guerra partisana trabaja en la prensa clandestina como miembro del Partido Comunista Italiano (PCI).
En 1945 publica su novela Hombre, sobre la resistencia, y dirige el periódico del «I’Unita». En septiembre sale el primer número del Il Politécnico», revista semanal de cultura contemporánea, de la que es director. En 1946 en la revista del debate y cultura del Partido Comunista «Rinascita», sale un artículo donde se critica la impostación ideológica de la revista «Il Politécnico» y esto dará inicio a la famosa polémica con el PCI de parte de Vittorini que culminará con la más famosa Carta a Togliatti (Secretario General del PCI), en la cual Vittorini sostiene la autonomía del trabajo cultural en relación a la práctica política.
En 1947 se publica otro libro del incansable Vittorini, Il Sempione. También aprieta el ojo al Frejus y al final del año cierra la revista «El Politécnico».
En 1948 publica su vieja novela El clavel rojo y en su presentación desata toda una polémica en términos de crítica y autocrítica sobre el lenguaje, las técnicas, formas, estilo y contenidos del escribir.
En 1949 publica Las mujeres de Messina y Hemingway escribe el prefacio a la traducción estadounidense de Conversaciones en Sicilia; escribe ensayos sobre Faulkner, Steinbeck, Penn Warren y West.
En 1951 sale su intervención «Las vías de los ex-comunistas» en donde explica las razones del alejamiento suyo y de muchos intelectuales de la esfera del PCI, reconfirmando una vez más la necesidad de autonomía del trabajo cultural. Togliatti le contesta polémicamente en la revista del partido «Rinascita»: «Vittorini se ha ido y nos ha dejado solos».
En 1954 publica otra importante novela, Erica y sus hermanos (escrita en 1936). En 1955 muere su hijo Giusto.
En 1957 publica Diario en público que reúne casi todos sus escritos críticos y reflexiones sobre el trabajo de ensayo.
En 1959, junto a Italo Calvino saca la revista literarai «Il Menabo».
En 1965 trabaja en el levantamiento de la revista «Il Nuovo Politécnico».
El 12 de febrero de 1966 muere a causa de una enfermedad surgida unos años atrás mientras está trabajando a su libro Las dos tensiones, en el cual analiza la situación de la literatura en la sociedad capitalista y sobre su propia relación con el progreso científico y tecnológico.
A continuación unos célebres pensamientos expresados por Vitorrini en conferencias, entrevistas o en sus novelas, para acercanos a las ideas más importantes del escritor siciliano.
El escritor y la literatura
* Yo pienso que es mucha humildad ser escritor. (Hombres y no).
* Yo nunca he aspirado «a los» libros; aspiro «al» libro, escribo porque creo en «una» verdad que decir, y si vuelvo a escribir no es porque me doy cuenta de «otras» verdades que se pueden agregar, es decir como algo «de más», sino porque es algo que continúa. Me parece que no se termina nunca de recomenzar a decirla. (Prefacio a Clavel rojo).
* La importancia de un libro no puede ser suplantada con la importancia de otro libro o de algo equivalente. Los libros se matan con los libros o con libros equivalentes. Es decir: una palabra superficial no basta para matar una palabra profunda. (Diario en público).
* Uno de los esfuerzos mayores que debe tener un escritor hoy, es en efecto lo de no producir unos personajes «privados» como se acostumbraba desde Balzac en adelante, sino tratar de proyectarlos más allá de lo verosímil, dotarlos es decir, de un significado cultural: volverlos «figuras de función» como el Don Quijote o Sancho Panza. (La razón conocitiva).
* A nosotros interesa desalojar la actual buena conciencia literaria ingenua y separada del mundo, para sustituir en el literato una mala conciencia frente al mundo y frente a la vil condición de ignorancia presuntuosa que es como ha sido reducida la literatura, ligada aún a lo que era el mundo (hasta en sus metáforas) en la época pre-copernicana. (Las dos tensiones).
* La literatura debe aspirar, a mi parecer, a romper su estructura autoritaria que, especialmente en el siglo pasado, se había vuelto sofocante. Entonces, los escritores naturalistas contaban la realidad como si cada uno de ellos fuese Dios, y el lector estaba obligado a identificarse en esa realidad sin poderla discutir o negar; el placer estético se volvía así placer místico. La novela moderna, en cambio, debe despertar el sentido crítico del lector, darle la sensación que lo que él lee ya no es la Biblia, dejarle la posibilidad de escoger entre las distintas conjeturas de la realidad, que él pueda completar a su juicio. (La razón conocitiva).
* La novela de hoy, salvo algunas excepciones, es aún aquella tradicional. Es una novela que hace énfasis, por ejemplo, sobre los conflictos de los que el hombre ya se ha liberado, y que nosotros todavía continuamos dramatizando. La de hoy es toda literatura de consolación, literatura de consumo. (Entrevista, 3.4. 1962).
* Un escritor «debe» complicar la vida de los demás, ser un obstáculo, un fastidador. (Entrevista 28.10.64).