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Lunes 5 de Marzo de 2001 | Managua, Nicaragua
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La crisis del café afecta a la economía nacional

Damaris Cortés Pereira*

A propósito de la profunda crisis actual del mercado mundial del café, que afecta a Nicaragua, anotamos:

La economía de Nicaragua se caracteriza por el monocultivo (en términos relativos, en cuanto a la generación de ingresos). La línea productiva en Nicaragua, marca tres grandes momentos, respecto a la dependencia de los ingresos generados por la actividad exportadora:

1) dependencia del cultivo del café,

2) dependencia del cultivo del algodón,

3) retorno a la dependencia del café.

El algodón desplaza al café, en la década del cincuenta (S.XX) y se constituye en impulsador de la etapa industrial; con un auge mantenido desde 1953, se alcanza la mayor producción (de cada uno de los años del decenio 1958-1968), en el período 1964-1965. En 1967-1968 se inicia la estrepitosa caída en la producción algodonera.

Entre 1958-1968, la producción de café se mantuvo estacionaria, sin cambios significativos en el rendimiento por hectárea, ni incrementos en el número de cafetos en producción. La causa de su pérdida de importancia en la economía nacional, se debieron fundamentalmente a problemas de Demanda Internacional, que afectaron los precios y los niveles de producción mundial. Por otra parte, debido al énfasis a la producción algodonera, la producción interna (del café), se mantuvo estacionaria y los rendimientos por hectárea no eran adecuados para una producción moderna de tipo capitalista (en ese período se elevó exageradamente la inversión en capital fijo para el cultivo del algodón (tractores, aviones, equipos de fumigación...).

El algodón cede su puesto al Café, como generador histórico de divisas del país, iniciándose un intensivo y extensivo proceso de capitalización, ampliación del área cultivada, variedades de café. El pico más alto de la posición de liderazgo del café, en los tiempos actuales, se acompaña con su tarjeta de presentación: 140.000 manzanas dispuestas para su cultivo, 30.000 productores, producción en los últimos seis años, por encima del millón de quintales (alcanzando el récord de 2.0 millones en la cosecha 1999-2000).

Hoy, como parte del mercado mundial del café, Nicaragua atraviesa una de las mayores crisis en este rubro. Hay un inminente peligro de sufrir una pérdida de 100 millones de dólares aproximadamente, la cual se extendería a toda la economía nacional, con un efecto estructural desastroso, como sería:

* mayor desempleo, * mayores desajustes en la Balanza de Pagos, con una ampliación de la brecha entre ingresos y egresos, * agravamiento de la adversa relación de intercambio (precios a como nos pagan las exportaciones y los precios a como pagamos las importaciones), * cambios en la política monetaria y fiscal, * condiciones para incrementar la canasta del endeudamiento interno y externo e insolvencia generalizada para cumplir con los compromisos de deudas a nivel micro y macro y finalmente * un fuerte shock en el Sistema Financiero Nacional.

El problema focal de la actual crisis cafetalera, lo constituye «la caída de los precios internacionales», ante lo cual, a corto plazo no puede hacerse nada (en relación a la oferta), dado que el café es un cultivo perenne; del mismo modo no puede haber reacción inmediata cuando los precios mundiales están altos, aunque esto produce una tendencia a incrementar el área cultivada (llevando a la sobreinversión), sin embargo, como las nuevas plantaciones se demoran varios años en producir frutos cosechables, existe un «rezago» entre los períodos de precios altos y los aumentos en la producción.

La crisis por la cual se atraviesa en estos momentos se ha producido ante la aparición del binomio: sobreoferta internacional-precios deprimidos.

En Nicaragua, el perfil del sector cafetalero presenta las características de elevada heterogeneidad (grandes, medianos y pequeños agricultores), y sin actividades alternativas a las cuales dedicarse, iliquidez, alta dependencia de préstamos bancarios para capital de trabajo, deudas contraídas ya vencidas, avaladas por las fincas, con riesgo amenazante de perder las mismas y quedar sin el medio de trabajo (cifras extraoficiales indican que unos 30,000 productores de café adeudan a cuatro bancos nacionales, la suma de 150 millones de dólares).

El cultivo del café y su comparsa la Comercialización Internacional, a la luz de las cifras históricas, responde a un «Patrón Cíclico de Producción y Precios», en que el ciclo completo, desde un período pico de producción hasta el próximo período pico, puede durar hasta 25 años. Desde este turbulento escenario, es responsabilidad de los Gobiernos, particularmente en países pobres como el nuestro, el establecer un marco preventivo que proteja a los caficultores y de hecho a la economía nacional.

El establecimiento de un BANCO DE FOMENTO, daría un menú de alternativas al caficultor y al menos lo aliviaría de la situación, como la actual, de encontrarse: ATRAPADO SIN SALIDA.

* Economista-Socióloga.





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