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Jueves 7 de Junio de 2001 | Managua, Nicaragua
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Tráfico criminal de indocumentados

Francisco Bravo Lacayo

El esclavismo no ha muerto. Está vivo y más fuerte que nunca. Es una paradoja... y una vergüenza para la humanidad. Para quienes leíamos las historias de bucaneros, piratas y traficantes de esclavos de siglos pasados, era común la estampa de estos últimos echando al mar, amarrados, a centenares de hombres, mujeres y niños, capturados en países africanos, para ser vendidos como esclavos en la recién descubierta América.

Pues bien, esa estampa terrible que conmovía nuestros jóvenes corazones, no es cosa del pasado. Hace pocas semanas salió en los periódicos la noticia de que el capitán de un barco podría lanzar su carga humana al mar para que las autoridades no descubrieran su criminal negocio y así salvarse de ir a la cárcel. El desenlace de esta noticia no se aclaró porque después los interesados hicieron circular noticias contradictorias.

Sabemos que en los países desarrollados de Europa, de Asia y Estados Unidos realizan trabajo esclavo miles de personas procedentes no solo de Africa, sino también de los que conformaron el campo socialista, pueblo antes llenos de orgullo y que hoy sufren las consecuencias de haber ingresado al «mundo democrático». De nuestra América, partiendo del Río Bravo, emigran miles para morir en la travesía, víctimas de la inhumanidad de los traficantes que, en muchos casos, les abandonan en el mar o en el desierto donde mueren de hambre e insolación, las que se salvan terminan siendo explotados por los granjeros gringos o ingresan a hogares donde se les trata como auténticos esclavos.

Según funcionarios de organismos de las Naciones Unidas, la industria del tráfico de indocumentados es tan lucrativa o más que la del narcotráfico, lo que da una idea del mal estado de la salud de este mundo globalizado, que globaliza los anacronismos sociales y restringe hasta el máximo los índices de calidad humana de la mayoría de la población de globo terráqueo.

Es por esto que existen individuos como Bill Gates, dueños de fortunas colosales. Hace poco se habló de otro que tenía acumulado un capital de 50.000 millones de dólares, lo que le hacía el segundo en tener tanto dinero, ¿Se imagina, querido lector, cuánto tienen acumulado los grandes consorcios internacionales, los dueños de la técnica, de la ciencia y de todo lo que ha producido la humanidad a lo largo de los siglos? Ellos se lo han apropiado para tener de rodillas a todo el género humano.

¿Cómo calificar esto?

Los avances científicos son patrimonio de la humanidad y ellos deberían garantizar una vida feliz para toda la gente. Pero no, ellos son verdaderos usurpadores que no tienen el perdón de Dios ni del Diablo.

Es curioso observar el desarrollo de la llamada civilización. Lo hace en dos sentidos, para adelante y para atrás. Adelante para los privilegiados y para atrás para los pueblos del llamado Tercer Mundo, recipiendarios del atraso y la miseria y dueños de la desesperanza.

El esclavismo está vivito y coleando. ¿Avanzamos? Sepa Judas.





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