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Pasado un tiempo no recuerdo cuánto, caminando una tarde por el parque «La Menen» de Monseñor Lezcano, conocí una joven interesante, no sé si ella lo recordará, le dije que yo escribía y le comenté del fracasito de mi esperada publicación. (Mi vocación necesitaba ese estímulo). Me contó sobre su trabajo en el Diario BARRICADA responsable de una de sus páginas, y me dijo su nombre: BRENDA TREJOS, y para bien la hija de TREJOS, «el hombre que había engavetado mi artículo». Ella me dijo de una enfermedad de su padre en los días de Diciembre y me animé de nuevo. El artículo se publicó gracias al profesor.
Mucho tiempo después a finales de los años 90, en los eventos de escritores, vuelvo a reencontrarme con el profesor TREJOS: más macizo, con una pancita elegante, yo no recordaba su figura, pero por los saludos de los demás y su altura lo reconocí y saludé, y yo asombrado recibo hasta la fecha los saludos efusivos de su parte, a veces pienso que debido a mí vínculo con una amiga de él.
Pero a como sea me siento honrado cuando estrecha mi mano con sinceridad y potencia.
Hace unos meses en el Centro Nicaragüense de Escritores, charlando él, con nosotros los chavalos, ERICK, CARLOS NAVARRO y otros, no sé que inquietudes expresé, y él tuvo en sus labios una frase quién sabe de quién, pero para mí decisiva: «no hay tema malo». El brillo que dio a esa frase me animó, pese a no creer en los concursos literarios, a participar en la Convocatoria reciente del C.N.E. con un jurado exigente y salió favorecido mi testimonio sobre los cortes de café escrito en 1987, cuando tenía 20 años. Creí que el tema no era bueno por la situación actual. Pero la cita del maestro RICARDO TREJOS, tiene, sin él saberlo, ese libro premiado próximo a publicarse por el C.N.E.
Felicidades, Doctor TREJOS, no por su Doctorado, sino por ser como es. |
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