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Jueves 7 de Junio de 2001 | Managua, Nicaragua
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Más que un injerencismo

Saúl Lewites R.

No es el ánimo del conflicto el que nos impele, pero lo insólito y la mezcla de anacronismo y de intolerante cinismo que el Embajador Lino Gutiérrez lució en su intervención ante empresarios y políticos la otra noche, me obliga a hacer la siguiente reflexión.

El Embajador Gutiérrez, en ningún momento está demostrando ser el emisario de la verdadera democracia, por el contrario, su posición es antidemocrática, absolutista, injerencista e irrespetuosa de valores básicos que sustentan los principios de independencia, autodeterminación, libertad y dignidad del pueblo nicaragüense. El señor Embajador es un injerencista porque la democracia empieza por el respeto entre los hombres y entre las naciones. El señor embajador irrespeta a Nicaragua con su intervención, pues viene a dictarnos con carácter de profesor y aires de infalibilidad, las normas o prácticas que como sociedad y gobierno se tienen que aplicar.

El señor Embajador nos dicta los países o los Estados con los cuales no debemos tener relaciones, como es el caso de Libia y de Cuba. No obstante, como todos sabemos, Libia forma parte de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en cambio también sabemos lo que pasó con Estados Unidos recientemente en la misma.

Y si la ONU no reeligió a los Estados Unidos en dicha Comisión, fue precisamente porque sus miembros observaron que las prácticas de este país no convenían a la estructura y objetivos del mismo organismo, sobre todo por las posiciones hegemonistas y fundamentalmente belicistas de la actual Administración.

Es necesario comenzar enjuagándose la boca o lavarse el cuerpo para borrarse los estigmas, que parecen ser más bien perpetuos e imborrables porque a fin de cuentas, lo que en Estados Unidos se ha dado con el nuevo gobierno de Bush y todo el séquito de las petroleras texanas que no han tenido el menor asomo de rubor, de vergüenza o de respeto para honrar no solo lo que fue el compromiso de la anterior Administración, sino también todo el arduo trabajo de la comunidad internacional, encabezada por el mismo Clinton, y que hoy se expresa en un insulto a esa misma comunidad y a la misma vida del planeta en el desprecio y rechazo a los compromisos del Tratado de Kyoto.

Eso, señor Embajador, es un desprecio a la democracia. Es un insulto y un ataque a la democracia. Y aquí estamos hablando no de la "democracia" de mercado que es a la que está usted habituado, sino a la democracia que tiene que ver con el devenir o el futuro de la propia humanidad. Y a ésa, señor Embajador, su gobierno le ha asestado una puñalada.

Estoy de acuerdo que el mundo está cambiando, pero el cambio debe tener una orientación, mas no el de la imposición para que nada cambie y así mantener el curso de la continuidad del determinismo que históricamente nos han impuesto y que a fin de cuentas sería la condena irremediable de nuestras sociedades periféricas.

Podríamos abordar la exigencia del cambio desde la perspectiva epistemológica, y llegaríamos a concluir que el cambio que no une, acerque o integre a los hombres como parte de toda una humanidad, sería a fin de cuentas, un falso e ilusorio cambio. En otras palabras, el cambio tiene que ser ante todo humanista. Y no existe algo que hoy conspire contra el verdadero humanismo que las posiciones absolutas del mercado, del cual parece ser usted un digno y fiel emisario.

Los hechos históricos nos están demostrando que el gran Calibán no ha cambiado, por el contrario, a su gran disposición o voluntad utilitarista hoy se refuerza en una simbiosis de absolutismo y hegemonismo, que se patenta de manera clara en las leyes del mercado absoluto, el nuevo Becerro de Oro que estamos siendo obligados a adorar.

Incondicionalidad, sumisión, creencia, apostolado y devoción hacia un paradigma que impone un determinismo, es lo que el señor embajador Lino Gutiérrez pregona y reclama de los nicaragüenses y sobre todo del futuro gobierno. Es lógico que siendo Daniel Ortega el dirigente de un Movimiento que cuestionó y luchó en contra de esa imposición histórica, señores como el embajador Gutiérrez parecen ser parte de la jauría que hoy se abalanzan en contra del dirigente sandinista.

Y no es que estemos personalizando la situación, pero el hecho concreto es que siendo el jefe máximo del embajador Gutiérrez el señor George W. Bush, del cual no hace mucho el escritor mexicano Carlos Fuentes lo consideró como el peor presidente de los Estados Unidos por su alta dosis de perversidad, por lo que no nos debe extrañar la actuación del Subsecretario.

El presidente Bush, dice Fuentes, aumenta la lista de sus perversidades cada día, internacionalmente ha resucitado la guerra fría con China y Rusia, a China le manda aviones-espías, a Rusia le expulsa 50 supuestos espías.

Pero Bush va más allá -continúa Fuentes-, torpedea la reconciliación de las dos Coreas, cancelando políticas con el Norte mientras lo visita el presidente del Sur y principal arquitecto de la paz coreana, Kim Dae-Jung. Y reanuda, escalando la venta de armas a Taiwan.

Desde esta perspectiva, hay razones que nos obligan a pensar que la práctica de este gobierno Republicano parece estar inspirada en una especie de visión anacrónica y regresiva de la historia. Es algo sumamente delicado, no solo para lo que concierne al futuro de Nicaragua, sino por el peligro mismo que encierra para el resto del mundo.

De cuál democracia está pues hablando el nuevo Subsecretario?.





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